En Durango, la claudicación

Los duranguenses están disgustados con su gobernador, Jorge Herrera Caldera. El mes pasado admitió en entrevista con Proceso que los narcos se disputan la hegemonía en varios municipios, pero no en la ciudad de Durango, que está bajo control del cártel de Sinaloa. Después, las balaceras, levantones y ejecuciones en la capital del estado lo paralizaron y el miércoles 2 sólo atinó a pedir a la población que no saliera de sus casas. Empresarios y partidos políticos consideran que el llamado de Herrera Caldera no sólo es desatinado, sino que evidencia su claudicación ante el crimen. MÉXICO, D.F., 5 de marzo (Proceso).- La mañana del miércoles 2 el gobernador del Durango, Jorge Herrera Caldera, convocó a la ciudadanía a quedarse en su casa. Ese día parte de la capital permaneció en virtual toque de queda. Representantes de partidos políticos y de sectores productivos locales consultados por ese semanario que, además de desafortunado, el mensaje desnudó la incapacidad del mandatario para enfrentar y contener la violencia provocada por el crimen organizado. Según ellos, Herrera Caldera se mostró débil y derrotado, lo que provocó miedo entre los duranguenses. Pese a ello, aseguran que no se rendirán ante la delincuencia, aun cuando la última semana el sonido de las balas silenció las calles de la entidad. Dicen que desde el 24 de febrero las poblaciones cercanas a la capital han perdido la calma a causa de los levantones, ejecuciones y desaparición de varios agentes de la Fiscalía General del Estado (FGE). Hoy, sus habitantes se quejan porque se perdió la tranquilidad debido a los enfrentamientos entre grupos antagónicos que pugnan por el control de la plaza. Dicen que el jueves 3 se vivió el día más crítico en Durango. Las balaceras comenzaron a las seis de la mañana y se multiplicaron durante todo el día en diferentes partes de la capital del estado. Los padres de familia que habían llevado a sus hijos a la escuela temprano corrieron aterrados a sacarlos de las aulas. El viernes 4 optaron por no llevarlos. La Universidad Juárez del Estado de Durango canceló sus actividades. Y mientras la Iglesia católica convocó a orar por la paz dos veces al día, los ciudadanos se esfuerzan por aparentar indiferencia, pero en realidad esconden el miedo que los envuelve. La violencia agudiza cada día en Durango. Extracto del reportaje que se publica en la edición 1792 de la revista Proceso, ya en circulación.

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