"Terrorismo poético" en París

lunes, 11 de abril de 2011
También la manifestación en contra de la violencia en México, a raíz del asesinato de los jóvenes en Cuernavaca, alcanzó varias ciudades del mundo. Una de ellas fue París, donde escritores mexicanos se unieron a combatientes anti-mafia y organizaciones no gubernamentales extranjeras. En la Plaza de los Derechos Humanos, frente a la emblemática Torre Eiffel, acordaron fundar, en solidaridad con el poeta Javier Sicilia, una célula de “terrorismo poético”. Es la movilización de la palabra contra la violencia. PARÍS, 11 de abril (Proceso).- Llegaron al final de la tarde del miércoles 6 a la Explanada del Trocadero, frente a la Torre Eiffel. Cargaban bolsas de plástico. Las abrieron. Sacaron una tierra oscura, casi negra, y con ella empezaron a dibujar grandes letras que se convirtieron en palabras: México 35 000 muertos. “Nos enteramos del asesinato del hijo de Javier Sicilia mientras trabajábamos en nuestro taller de literatura. Nos sacudió la noticia. Nos trastornó enterarnos de que el poeta dijera que la violencia lo había dejado sin palabras y que renunciaba a escribir poemas. De inmediato decidimos hacer algo”, explica el escritor mexicano Jorge Harmodio. Autor de Musofobia, novela inovadora escrita en un lenguaje que juega con la tecnología, y doctor en informática lingüística de La Sorbona, Harmodio, quien lleva nueve años radicado en París, es uno de los responsables de un excelente taller literario creado por Martín Solares hace 10 años y albergado por el Instituto Cervantes. Precisa: “Cada año invitamos a un escritor mexicano para que nos dé un taller intensivo. Este año le pedimos a Vivian Abenshushan una iniciación a la poesía concreta y a la acción poética. La muerte de Juan Francisco Sicilia y de sus compañeros nos golpeó cuando estábamos en plenos ejercicios creativos. No lo pensamos dos veces: nos pareció obvio que teníamos que aplicar las técnicas literarias que estábamos practicando para unirnos a la protesta de todos los mexicanos.” Y enfatiza: “La tierra es un símbolo fuerte. Es lo último que tenemos en común con los criminales. La tierra nos confina a todos: vivos y muertos, criminales y víctimas. Por eso escribimos con tierra el nombre de nuestro país, su dolor y su valor.” Jorge Harmodio, Abenshushan y su grupo literario enviaron muchos mails, mensajes de texto y llamados por Facebook y Twitter para invitar a la comunidad mexicana en París a reunirse con ellos en la Explanada del Trocadero, rebautizada Plaza de los Derechos Humanos en 1985 durante la presidencia de François Mitterrand. “No podíamos soñar con un lugar más simbólico –comenta el autor de Musofobia–, además de que teníamos a la Torre Eiffel iluminada en tela de fondo.” Los organizadores del evento tuvieron muy poco tiempo para convocar a la gente, pero el día 6, a lo largo de tres horas, de las ocho a las 11 de la noche, se calcula que unas 200 personas, en su amplia mayoría mexicanas, estuvieron presentes. El acto fue muy sobrio. No hubo discursos. Jorge Harmodio, quien asegura que no lideró el evento y que sólo tomó la palabra porque tiene voz fuerte, leyó la carta de Javier Sicilia traducida al francés. Se hizo un gran silencio. Luego se gritó una que otra vez no más violencia, ni un muerto más. Fue todo. La gente se quedó de pie o sentada y empezó a hablar entre sí. No se conocían. Pero sentían necesidad de platicar. Llegaron más mexicanos con flores y veladoras. Conforme caía la noche, el sit in pacífico de protesta contra la violencia que enluta a Mexico se fue transformando en un acto conmovedor de convivencia, y la instalacion poética de letras de tierra se convirtió en un insólito altar de muertos iluminado por las llamas vacilantes de las velitas, adornado por tulipanes amarillos. “La gente necesitaba eso: juntarse, conocerse, compartir. Sentimos un gran deseo de no dejar las cosas así, de seguir actuando juntos”, confía Harmodio. Entre las ideas que surgieron durante esa velada en la Plaza de los Derechos Humanos, destaca una que toca muy de cerca al escritor: crear una célula de “terrorismo poético” contra la violencia. Resalta: “Con el asesinato de Juan Francisco Sicilia y de sus compañeros queda claro una vez más que la poesía no es indiferente al horror, que puede ser un arma contra el horror siempre y cuando se saque de los libros, que se la aligere del confín del papel y que no se le malverse de otras formas. Queremos oponernos por medio de la belleza en ese contexto del horror.” –¿Piensan pedir a Javier Sicilia que vuelva a escribir poemas? –Su decisión ya está tomada. Quizá Javier se silenció para que nosotros habláramos, quizá renunció a la poesía para que esa poesía reventara en forma de acción en todos nosotros. Así haya sido en lugares donde hubo poca gente, como Guadalajara o Ensenada, la llama allí está. Es una manera muy peculiar de protesta esa de que nuestra gota que derramó el vaso haya sido un poeta, alguien que con sus palabras nos alienta y con su silencio nos moviliza. –¿En qué tipo de “terrorismo poético” está pensando? –Necesitamos inventarlo. Una de mis referencias es el grupo Casagrande de Chile, que realiza “bombardeos poéticos”. En 2001 alquilaron un helicóptero y “bombardearon”  el Palacio de La Moneda, en Santiago, con 100 mil poemas. Reiteraron esa experiencia en Dubrovnik (Croacia) y Varsovia (Polonia), dos ciudades víctimas de bombardeos tremendos, uno en la década de los noventa, durante la guerra de desintegración de Yugoslavia, y el otro durante la Segunda Guerra Mundial. También junto con la red Nuestra Aparente Rendición reflexionamos en formas de acción quizás inspiradas por las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, que combinan protestas contra la impunidad y trabajo de memoria para que no se olvide a las víctimas. Maria Chiara Prodi se quedó más de una hora en Trocadero. Representante de la organizacion italiana Libera en París, Maria Chiara conoció a Javier Sicilia en Cuernavaca hace cinco años. Se hicieron amigos. Ahora comparte su luto y su grito “estamos hasta la madre”. “También estoy aquí para manifestar a la sociedad civil mexicana la solidaridad de las organizaciones de la sociedad civil europea que llevan años luchando contra el crimen organizado. Siempre llega un momento en que se vence el miedo y se enfrenta al mal”, enfatiza. Fundada en 1995 por un sacerdote, Don Luigi Ciotti, Libera es la ONG antimafia más importante y activa de Italia. Ademas de tener programas de educación cívica para sensibilizar a la juventud sobre los estragos causados por el crimen organizado, Libera logró que se modificara sustancialmente la legislación italiana sobre el destino de los bienes confiscados a los mafiosi. En 1996 se aprobó la ley 109/96 que permite que se entreguen esos bienes a organismos con vocación social. “Es así como van naciendo cada vez más cooperativas agrícolas en haciendas que pertenecían al crimen organizado del sur de Italia. Estas iniciativas son importantes a distintos niveles. Son pruebas concretas de que algo se puede hacer. Dan trabajo a la gente y sobre todo reintroducen legalidad en zonas donde prevalecían impunidad e ilegalidad”, comenta Maria Chiara Prodi con cierto orgullo. Libera creó una red europea de lucha de la sociedad civil contra las mafias que se llama Flare: Fight, Learn, Act, Report (Combatir, Aprender, Actuar, Informar), y ya estrechó lazos con asociaciones de lucha contra el narcotrafico en el Cono Sur. “Coordinarnos con las organizaciones de la sociedad civil mexicana es ahora una meta capital para nosotros –asegura Maria Chiara–. Tonio Dell’Olio, responsable del sector internacional de Libera, acaba de regresar de una estadía de un mes en México. Estuvo en el norte del país, en particular en Ciudad Juárez. Todos en Libera estamos pendientes de su informe de misión para coordinar planes de acción con México.” Por lo pronto entrega a la corresponsal la carta dirigida a los mexicanos que Dell’Olio publicó en el sitio web de Libera. Así empieza: “Ustedes tienen una tarea difícil y sin embargo fundamental: unir lo que los narcos dividen; ustedes deben dar esperanza y memoria a sus derechos.” Y así acaba: “NO a la violencia es un mensaje muy claro porque nos comprometemos a borrar de nuestro diccionario la palabra ‘renuncia’. No renunciemos a ser ciudadanos.”