La maraña en el arte contemporáneo

miércoles, 20 de abril de 2011

MÉXICO, DF., 20 de abril (Proceso).- Relevante por las expansiones tridimensionales que genera a partir de las técnicas tradicionales del estampado, la estadunidense Nicola López se presenta con una exposición titulada Marañas en la Galería Arróniz de la Ciudad de México. Organizada en el marco de los eventos paralelos de la feria de arte contemporáneo Zona Maco (Proceso, 1797), su muestra se inserta en los territorios escultóricos contemporáneos que han encontrado, en el “enredo”, un referente conceptual, estético, reflexivo y crítico.

Concebida a partir de la interrelación entre el paisaje urbano, el postconstructivismo y la teoría de la emergencia, la obra de la artista nacida en Nuevo México en 1976 interpreta, con base en una poética que sobresale por su movimiento y belleza neorromántica, la tensión que existe entre el orden y el desorden visual de sistemas urbanos relacionados con la arquitectura, la construcción, la comunicación vial y la topografía.

Realizada con base en trazos y cromatismos que remiten a mallas de metal, vallas de plástico y símbolos identificados como carreteras y cruces de caminos, la propuesta de Nicola López se configura a partir de impresiones –litografía, xilografía, serigrafía y algunas técnicas del grabado en metal– sobre micas de diferentes grosores, transparencias y opacidades que, al tener como soporte un material translúcido, generan el protagonismo contundente de la imagen.

Trabajadas principalmente con vocabularios que inciden en el color y la abstracción geométrica, las formas se expanden y transfiguran en relieves de distintos planos, esculturas a piso, instalaciones colgantes y ambientaciones que se enredan entre los espacios y acotamientos arquitectónicos. Percibidas como entes orgánicos que invaden el espacio tridimensional de manera autónoma, las imágenes se convierten en fascinantes sistemas caóticos que, como plantea la teoría de la emergencia, se auto-organizan rebasando la individualidad de sus elementos.

Integrada por atractivos ensamblados bidimensionales que permiten que las imágenes o formas se desborden fuera del marco; una pésima  instalación a muro que simplemente acumula grabados recortados, materiales y objetos; una sobria ambientación lumínica con una instalación colgante que se expande entre el techo, las paredes y el piso; y varias divertidas esculturas que no ocultan su carácter de “cosa enmarañada”, la exposición sobresale tanto por la propuesta personal de la artista, como por la presentación del nuevo paradigma escultórico que ha transfigurado el objeto en “cosa”. Integradas como un enredo entre grabados recortados que se perciben como entes cromáticos y diferentes residuos de construcción, las marañas sintetizan la autonomía, complejidad y dualidad de la visualidad urbana.

Trabajada en la escena internacional por artistas como Fré Ilgen, Justin Beal, Liz Larner y Peter Buggenhout, la cosa enmarañada y la maraña se han convertido en una metáfora que oscila entre la espiritualidad, la ciencia y la reclasificación de todo sentido. 

 

 

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