"Triste San Valentín": promesas rotas

viernes, 29 de abril de 2011

MÉXICO, D.F., 27 de abril (apro).- ¿A dónde van esas promesas amorosas que hacen las parejas cuando se casan? ¿A dónde van los “te amaré por siempre” o esos “te amaré en las buenas y en las malas”? ¿En qué momento esas promesas se vuelven una misión imposible de cumplir?

Esas y otras preguntas arroja la cinta Triste San Valentín (Blue Valantine, EU-2010), dirigida por Derek Cianfrance, una cinta que narra el resquebrajamiento de una relación, en un principio apasionada; una relación que, como todas, debería haber sido para siempre.

Así pues, todo comienza con un vistazo a la vida de Cindy (Michelle Williams), una enfermera atormentada; de Dean (Ryan Goslin), un muchacho con habilidad para hacer muchas cosas, pero sin ganas de hacer algo, y de su hija Frankie (Faith Wladyka).

El amor de los padres hacia Frankie es palpable, pero entre la pareja se respira una extraña tensión, la cual va acompañada de música melancólica y de una estética depresiva en la cual el sol parece no querer brillar. 

Mientras presenciamos la caída de esta pareja en conflicto y sus intentos  por componer las cosas, vamos conociendo la historia de su amor: dos almas que se encuentran en un amor meteórico, mágico y al parecer imperecedero. 

No hay muchos giros en la trama, no hay casi sorpresas puesto que el título lo dice todo, tan sólo percibir las particularidades en las cuales se desarrolla la historia. El resto radica en dejarse llevar.

Tampoco veremos que exista el intento por explicar las circunstancias que los llevaron a estar en donde están, aunque podemos vislumbrar parte del asunto gracias a la historia familiar de Cindy. Sin embargo, a esas alturas, los porqués poco importan, tampoco importan las promesas. Sólo sabemos que existe un dolor insoportable.

Triste San Valentín no ofrecerá muchas respuestas, pero su conclusión es contundente y será capaz de generar catarsis a muchas almas atormentadas.

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