Exposición militar, para diluir "temores" de la ciudadanía

miércoles, 11 de mayo de 2011

MONTERREY, N.L., 11 de mayo (apro).- Los visitantes a la exposición La gran fuerza de México, organizada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encuentran que los anfitriones son, en su mayoría, soldados jóvenes, hombres y mujeres que hacen labor de edecanes, dispuestos a responder cualquier pregunta.

La misión expresa de esta exposición que por vez primera sale de la Ciudad de México es acercar a la ciudadanía con las Fuerzas Armadas para que no sientan temor frente a ellas, como dice el capitán Luis Alfredo Sáinz Hernández, uno de los guías.

Y los habitantes de Monterrey han respondido con entusiasmo a la exhibición que se presenta en la Nave Lewis del Parque Fundidora, desde el 5 de mayo y hasta el 5 de julio.

Son decenas de miles de personas las que han acudido a ver en directo, y a través de presentaciones interactivas, prácticamente todos los artefactos que utilizan los soldados en combate.

Bajo el techo del inmueble usado para presentaciones y eventos museográficos hay un impresionante despliegue de armamento, aparatos electrónicos, vehículos, vestuarios e instrumentos usados en el desempeño de la función castrense.

En contraste con el gesto adusto que se les ve en la calle, los soldados aquí sonríen y no pierden la oportunidad de invitar a la concurrencia a tomarse fotografías con ellos. A los niños les colocan sus propias boinas, sus cascos.

Durante los primeros días de la exposición, los asistentes podían empuñar las armas y tomarse fotografías, sin embargo, comenzaron a surgir reclamos de personas inconformes que consideraron que, de esta manera, la Sedena fomentaba la violencia.

Por eso, ahora los asistentes sólo pueden observar fusiles, pistolas, morteros, cañones y hasta misiles usados en combate. Lo que sí les está permitido es subir a los vehículos blindados, asomarse por sus escotillas, ceñirse el casco de combate, el chaleco antibalas y colocarse los anteojos y audífonos radiotransmisores.

La ciudadanía se muestra encantada de estar en contacto directo con los soldados impecablemente vestidos, con los que interactúan y hasta bromean.

Si el interés de la Sedena es despertar simpatía hacia los elementos de la Sedena, parece que la estrategia funciona, pues los asistentes se muestran encantados de aproximarse a los soldados vestidos todos con verde camuflado.

La exposición abre a partir de las ocho de la mañana y cierra a las siete de la noche.

Para ingresar al recinto, los visitantes deben pasar por una revisión a cargo de la Policía Militar, que también resguarda el perímetro.

Luego de pasar por el arco de metales, los visitantes encuentran a varios jóvenes y mujeres impecablemente vestidos que ofrecen, con una gran sonrisa, información sobre la exposición.

El visitante comienza el recorrido de los 16 módulos con una exhibición de imágenes con sonido en una pantalla de plasma que muestra promocionales del Ejército Mexicano.

Después se encuentra el módulo de transmisiones y un centro de comando móvil en una camioneta a la que cualquiera puede acceder para ver, desde adentro, los diferentes equipos de radio que son transportados en camión, principalmente a zonas donde hay desastres naturales.

Un joven ingeniero en comunicaciones explica el funcionamiento de cada uno de los aparatos.

Adelante está la exhibición de los autos blindados, con cristales nivel 5 y coronados con ametralladoras Browning calibre 50, con cintas de cien tiros y alcance de 800 metros.

Ahí se muestra el vehículo anfibio de reconocimiento y transporte de tropas, que puede entrar al agua para desplazarse con una velocidad de cuatro kilómetros por hora.

En el módulo de artillería se muestra la evolución histórica de las pistolas y los fusiles utilizados por las Fuerzas Armadas en México, desde mosquetes hasta el FX-05 de fabricación mexicana, con cargador de 30 balas, que comienza a desplazar al G-3 que todavía es usado en trabajo de infantería.

Ahí, los asistentes pueden colocarse el casco de tres kilogramos, el chaleco antibalas de siete kilos, si trae una placa en el frente, y de 15 si trae otra en la espalda, así como los visores de mica.

También pueden cargar a la espalda en pesado radio Harris para transmisiones a distancia.

Dos jóvenes exhiben una planta potabilizadora que es llevada a lugares de desastres para sanear el agua de cualquier afluente natural.

Un oficial muestra una maqueta a un grupo de personas para explicar el funcionamiento de una unidad militar.

Una mujer, acompañada de sus hijos y esposo, saluda: “De verdad, señor, que les tengo un chorro de admiración a todo lo que hacen”.

El oficial, modesto, agradece y se deja tomar fotografías.

En el módulo de fuerzas especiales un soldado explica a los paseantes los tipos de camuflage y el trabajo especializado de los elementos de elite.

Más adelante, en el laberinto de stands, un muchacho explica cómo funcionan los planteles y el Heroico Colegio Militar, donde uno puede hacer carrera de las armas no solamente combatiendo, sino también en trabajos de intendencia y administración.

Los especialistas de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) enseñan los paracaídas e invitan a los niños y jóvenes a que se coloquen uno a la espalda para que conozcan su peso.

Hay varios tipos de fusil de muestra que son usados para determinados saltos y misiones, según explica el especialista.

Además, se exhiben en ese módulo los cohetes y las metralletas que se ajustan a los aviones de combate y helicópteros.

En un rincón de la nave hay un espacio para las tres exhibiciones de destreza canina, con perros pastor alemán y belga mallinois, que dan ejemplo de obediencia y destreza en el ataque a un soldado cubierto con una botarga especial que lo inmuniza a las mordidas.

En el exterior, a cielo abierto, hay en exhibición dos helicópteros: el Bell 2 y el CH53, a los que los visitantes pueden subir para ver cómo es su interior. También a un lado hay una enorme cocina móvil para abastecer a 7 mil 500 personas al día.

Los paseantes que así lo desean pueden subir a los módulos de entrenamiento donde hay dos torres para trasladarse en tirolesa, a tres metros del suelo, así como para superar pruebas entre alambres y pequeños túneles. Los soldados les pintan de negro la cara a los niños.

El capitán Sáinz Hernández es enfático al señalar que la exhibición de armas no pretende fomentar su uso, sino aproximar a la población al trabajo militar para que lo observen sin temor.

“En este punto en particular, mostrar el armamento no es para fomentar la violencia, es para crear confianza a la ciudadanía. El objetivo es ese, que nos conozcan, que sepan que cuentan con un instituto armado preparado y adiestrado para cualquier eventualidad, y así tenemos un mayor acercamiento con la sociedad”, dice.

En la exhibición hay un módulo de información de los planteles militares que, dice el capitán, ha sido muy recurrido por los jóvenes.

La gran fuerza de México fue presentada por vez primera en el Antiguo Colegio Militar de Popotla, en el Distrito Federal, en marzo pasado.

Inicialmente la exhibición en Monterrey abría de 9:00 a 18:00 horas, pero debido al interés de la ciudadanía, el tiempo de exhibición se amplió para abrir una hora antes y cerrar una hora más tarde.

 

 

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