Fidel Herrera ahogó a los Tiburones

miércoles, 18 de mayo de 2011
Expulsado de la fase final del torneo de Clausura 2011, el equipo Tiburones Rojos de Veracruz ya no es negocio. Al menos no para los empresarios que presuntamente lo han comprado, aunque legisladores panistas afirman que sí le dejó millones a ilustres accionistas de apellidos Herrera Beltrán y Herrera Borunda, además del beneficio político de exhibirse en el estadio Pirata Fuente.
XALAPA, VER., 17 de mayo (Proceso).- Como desde hace más de dos décadas, al concluir el sexenio salen a relucir corruptelas en el manejo del equipo de futbol Tiburones Rojos de Veracruz; la nota original es que, en esta ocasión, diputados opositores consideran que el exgobernador Fidel Herrera fue quien terminó de hundirlo. El conjunto, adquirido a finales de los ochenta por el gobierno del estado encabezado por el entonces priista Dante Delgado Rannauro, se ha visto inmerso en escándalos financieros por malos manejos de la administración pública. En su historia, el equipo ha pasado por varias manos: desde compañías cerveceras hasta el promotor taurino Rafael Herrerías (en el sexenio de Miguel Alemán), empresarios que lo han visto como un jugoso negocio pese a sus pocos, sino es que nulos, resultados deportivos: sólo en 2001 subió a la Primera División, pero en 2008 volvió a la liga inferior. Ahora, aunque el equipo terminó la campaña regular con 26 puntos y en el quinto sitio general, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) decidió eliminarlo de la fase final del Torneo de Clausura 2011, como se lo advirtió desde el 20 de abril a la directiva del club, que preside el empresario poblano Mohamed Morales. El 24 de abril, la FMF informó que el club Veracruz, de la liga de ascenso, incumplió el artículo 71 del reglamento de competencia al no pagar deudas por casi 80 millones de pesos y, por consiguiente, quedaba al margen de la fase final del Torneo Clausura 2011. La deuda forma parte “de la cuenta corriente con la federación de clubes contraída durante el régimen de transferencia de diciembre pasado y de las controversias que se han presentado y que ya fueron dictaminadas en contra del equipo Veracruz y no cumplió con el pago”, notificó la FMF. Ante ello, Mohamed Morales –quien  compró la franquicia al gobierno de Fidel Herrera en febrero de 2010 en 30 millones de pesos– anunció su decisión de vender el equipo. El exdiputado local Sergio Vaca Betancourt afirma que el exgobernador Herrera “siempre dispuso del equipo Tiburones Rojos de Veracruz como si fuera suyo” y que incluso lo utilizó para promover las campañas de su partido, el PRI. Como ejemplo, señala que Herrera quería evitar a toda costa que en las elecciones locales de 2007 ganara el candidato panista a la alcaldía de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, por lo que “regaló” un promedio de 10 mil boletos por cada partido del Veracruz, incurriendo en una irregularidad porque “carecía de autorización del Congreso local para hacerlo”. En noviembre de 2007 –continúa Vaca Betancourt–, el entonces gobernador solicitó el visto bueno del Congreso para dar en comodato al Patronato del Sistema de Futbol para Veracruz, A.C., los nombres, marcas comerciales y franquicias de los equipos Tiburones Rojos de Veracruz, de la Primera División; Tiburones Rojos de Coatzacoalcos, de la Primera División A; y Veracruz Sporting, de la Segunda División. En la misma fecha solicitó entregar en comodato a ese organismo, que aún preside Gabriel Romano, los derechos federativos de las cartas de jugadores, los activos del club Veracruz y el derecho de usar gratis el estadio Luis Pirata Fuente. Para eso exhibió un proyecto del contrato ­correspondiente. El exlegislador refiere que, según ese contrato, los bienes otorgados –sin incluir el derecho de usar el estadio por tres años– valían 233 millones 836 mil pesos, y el comodatario quedaba obligado a entregar al Congreso un informe mensual pormenorizado del estado de los bienes, así como de sus ingresos y egresos. A fin de asegurar el adecuado uso de los bienes, dice Vaca Betancourt, entre otras medidas se especificaba que el comodatario “otorgaría garantía al comodante durante la vigencia del contrato” y se obligaba a pagar los impuestos y cualquier otro gasto originado por el uso de los bienes cedidos. Sin embargo, en enero de 2007 los directivos del equipo informaron a la prensa que en el draft de Cancún habían vendido las cartas de los jugadores Franco Patiño, Salustino Cambia y Santiago Raymonda en 6 millones 386 mil dólares, que al tipo de cambio de entonces equivalían aproximadamente a 70 millones de pesos. En junio de 2008, Fidel Herrera compareció ante la legislatura local. Vaca lo cuestionó y recuerda que el gobernador le dijo que “la colocación de jugadores fue espléndida, se ganó dinero y vamos a tener recursos para que el equipo haga un papel muy digno”. Sin embargo, subraya que “fue otra irregularidad vender las cartas de tres jugadores en 70 millones de pesos sin tener permiso previo del Congreso local, violando la Constitución del estado, seguramente (para) quedarse con ese dinero”. El 31 de julio siguiente, la mayoría priista en el Congreso local autorizó al gobernador para vender el certificado de afiliación, el nombre comercial y la marca de los Tiburones Rojos, sin incluir a los jugadores, cuyas cartas seguirían perteneciendo al gobierno del estado. Sin embargo, cuando estaba negociando la venta, el 19 de noviembre de 2008, “sorpresivamente Fidel pidió al Congreso que le permitiera apoyar con 33 millones de pesos al equipo, lo que por supuesto aprobaron los priistas”, dice el exlegislador. El entrevistado encuentra inexplicable que, después de obtener 70 millones de pesos con la venta ilegal de tres jugadores y en pleno proceso de enajenación del certificado, el nombre comercial y la marca de los Tiburones, cinco meses después Herrera le haya regalado 33 millones 750 mil pesos al equipo. Más bien, dice, “yo creo que se los quedó”. Asegura que los integrantes de la anterior legislatura local “nunca supimos nada de las cartas, cuánto costó realmente cada jugador y en cuánto fue vendido”, ya que mientras el contrato de comodato se firmó por 233 millones de pesos “terminaron por subastar (a los Tiburones Rojos) en la décima parte”. A mediados de 2009, en la más completa opacidad, el gobierno de Fidel Herrera vendió el Veracruz al empresario Raúl Quintana y a su socio Marcos Fastlicht, quienes al año siguiente lo vendieron a Mohamed Morales. En febrero de 2010, el vicepresidente del equipo, Javier Aillaud, confirmó la compraventa del equipo, la cual, enfatizó, “no puede generar ninguna sospecha o duda, pues fue una operación entre particulares como cualquier negocio”. Sin embargo, el 27 de ese mes, Mohamed Morales informó que pagó 30 millones de pesos por los Tiburones Rojos luego de reunirse con el gobernador Herrera “para finiquitar la operación”, con el compromiso de trabajar para que ascendiera a la Primera División. En conferencia de prensa efectuada el 4 de abril de 2010, Morales negó ser prestanombres de presuntos accionistas entre los que se encontraría Fidel Herrera Borunda, hijo mayor del entonces mandatario estatal: “Soy el auténtico dueño, ya que me he metido a los foros de la página oficial de los Tiburones Rojos y me han dicho de todo, que soy zeta, narco… me han mentado la madre… que soy prestanombres… me han dicho de todo, y ni modo”. Señaló que, ante los malos resultados en la llamada “liga de ascenso”, el estado dejaría de apoyar al equipo: “Fue una decisión tomada por las dos partes, porque el gobierno ya está hasta la madre de tanto fracaso, pero cuando yo asumí el equipo no sabía en qué condiciones estaba”. En 2011, las finanzas del equipo hicieron crisis y lo sacaron del torneo. Aunque Morales se comprometió a liquidar los adeudos, señaló que todavía se debe dinero por la compra de cuatro jugadores en 2006 y, aunque él adquirió la escuadra en 2010, se le negó una prórroga para saldar ese monto. El empresario asegura que ya tiene cuatro ofertas, ninguna de Veracruz: “No hay nadie que le quiera entrar para que el equipo no salga, para que se quede aquí”. El turno de Javier Duarte   El diputado panista Fernando Yunes Márquez señaló que los sexenios de Miguel Alemán y de Fidel Herrera “fueron las etapas en que más raterías se cometieron contra el club”. Denunció que en el gobierno de Herrera el equipo fue operado por personas que nunca fueron los dueños, “ya que el exgobernador seguía con las manos metidas, y a Mohamed Morales lo engañaron, pues todo mundo sabe que el verdadero operador era el hijo mayor de Fidel Herrera”. Declaró que a Mohamed le prometieron que mediante la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) el gobierno “le iba a dar dinero para financiar el equipo, lo cual resultó falso, ante la quiebra financiera del estado”. “Creo que el señor Morales es el menos culpable del asunto… pues aunque reconoce que él tiene ciertos adeudos, los anteriores no son suyos y ascienden a más de 4 millones de dólares, casi 50 millones de pesos”, acusó Yunes Márquez. “El responsable de la destrucción del equipo es el propio gobierno”, que lo ha utilizado como “bandera” de campañas políticas y para que los funcionarios se “placeen” en el estadio, añadió. Como resultado, ahora es difícil venderlo por esos millonarios pasivos y, sobre todo, “porque no se quiere atacar a los culpables de ese desfalco”. Ojalá, dijo, el gobierno no decida salvar al equipo con recursos  públicos con la finalidad de proteger a los responsables de esta debacle, como ocurrió con Rafael Herrerías, quien fue denunciado por un presunto desvío millonario de recursos del equipo, pero nunca se procedió en su contra. El 27 de abril, Javier Duarte respondió que su gobierno estaba dispuesto a entregar a Yunes Márquez y a su familia a los Tiburones Rojos de Veracruz, “para que lo administren y lo asciendan lo antes posible… ya que son personas de muchos recursos…. Hay la posibilidad de sanear las finanzas del equipo para que ellos lo manejen sin ninguna complicación económica”. Para aceptar esa propuesta “sin gastar dinero de los veracruzanos”, es decir, “sin subsidio del gobierno y sin que me cedan la propiedad”, Yunes Márquez puso la condición de “que Javier Duarte informe cuántos millones de pesos… se destinaron durante los últimos años a la operación de los Tiburones Rojos, ya que él formó parte del patronato cuando fue subsecretario de Finanzas y conoce muy bien las cifras”. También exigió “una auditoría a cargo del despacho de contadores y auditores más acreditado del país, para conocer las cifras reales y el destino final de esos dineros del pueblo de Veracruz, que debían haberse ocupado para fortalecer a nuestro equipo de futbol y en cambio lo llevaron al descenso”. Finalmente, demandó que Duarte se comprometa a que “se proceda contra los culpables, no importa si algunos de ellos se apellidan Herrera Beltrán o Herrera Borunda”. El gobernador ya no le respondió al panista.