Del infierno del norte al infierno del sur

sábado, 18 de junio de 2011
Son veracruzanos que se lanzaron a la frontera norte en busca de estabilidad económica. Muchos la consiguieron, pero llegó la violencia del narco y la guerra contra el narco, el nivel de vida descendió vertiginosamente, muchos fueron víctimas de la violencia. Por eso aprovecharon un programa de retorno que les ofreció el gobierno de Fidel Herrera, con facilidades de contratación, vivienda y servicios. Pronto los juarochos –como se conoce a este grupo de desplazados por el conflicto interno– descubrieron que tras este espejismo los esperaba otro infierno: el de la pobreza. XALAPA, VER. (Proceso).- Advierte que no quiere que le saquen fotografías. “A los niños les da pena mostrar dónde vivimos”, explica alzando los hombros Fernando Flores Rocha, exempresario juarocho de 40 años, ahora desempleado y, para más señas, “baja colateral” no sumada en los saldos de la violencia. En 1999 este hombre empacó sus sueños de prosperidad y se mudó con su familia a Ciudad Juárez, entonces considerada una tierra de la fantasía, donde se hizo empresario, se asoció con una compañía estadunidense de recubrimientos de pisos industriales y ahorraba sus ganancias de hasta mil dólares por semana. Como él, entre 300 y 400 mil veracruzanos llegaron a esa frontera maquiladora buscando trabajo. Los juarenses los apodaron los juarochos. Flores llevaba a sus dos hijos a un colegio particular y organizaba carnes asadas con amigos los fines de semana; la empresa les pagaba casa en una buena zona, además de despensas, automóviles y gasolina. Una década después, el 24 de marzo de 2010, los cuatro integrantes de la familia Flores retornaron con otras decenas de juarochos en un avión que salió de la frontera al puerto de Veracruz: en el aeropuerto, como hijos pródigos, fueron recibidos por el gobernador Fidel Herrera, su gabinete y decenas de periodistas. Llevaban nueve maletas llenas de ropa y sólo 200 pesos en la bolsa. Llegaron en calidad de desplazados por la narcoguerra. “Haber caído tanto en tu situación económica no es algo que te dé orgullo mostrar a la sociedad. Era una derrota: de tenerlo todo allá a de pronto no tener ni para comer, ¡fue traumático! Traíamos sólo 200 pesos en la bolsa, dos criaturas y ninguna dirección a dónde llegar”, comenta la esposa de Fernando, la única con empleo y –con su sueldo de mil 400 pesos quincenales– sostén de la familia. Como con la prohibición de las fotos, pide a esta reportera reservar su nombre. Todavía siente tristeza al acordarse cuando los fotógrafos los trataron como a fenómenos de circo. Extracto del reportaje que se publica en la edición 1807 de la revista Proceso, ya en circulación.

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