Calderón da raspón a banqueros que idolatran a Lula

martes, 21 de junio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Tanto lo quieren los banqueros, que lo invitan con frecuencia a México, tanto le aplauden, lo admiran y lo ponen de ejemplo para México y el mundo que –aún así--, el exmandatario brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, no dejó de sorprenderse cuando el presidente Felipe Calderón, apenas después de calificarlo como “uno de los grandes líderes mundiales de nuestro tiempo”, soltó: “Y, además, a juzgar por el enorme cariño que le tiene a México, ya le tenemos lista la nacionalidad mexicana, en el momento que se le ofrezca”. Pero iba con jiribilla el inesperado ofrecimiento, pues Lula ha venido tantas veces a México –más de seis durante su gestión presidencial, de 2003 a 2010; dos veces tan sólo este año, como exmandatario--, que Calderón Hinojosa quiso ser irónico. Pero aun así, los comensales –todos los consejeros regionales de BBVA en el país y los principales funcionarios del grupo financiero, lo mismo de México que de España, incluido Francisco González, presidente del conglomerado internacional-- aplaudieron el gesto a Calderón. Lo cierto es que, entre broma y veras, en los discursos volvió a apreciarse la animadversión de los funcionarios gubernamentales mexicanos sobre el brasileño, al que los banqueros han adoptado y al que le rinden, de pie, sonoros y prolongados aplausos. En abril pasado, la Asociación de Bancos de México (ABM) lo tuvo como invitado de honor en su convención bancaria anual en Acapulco, Guerrero. Los banqueros quedaron extasiados con su discurso entusiasta, de éxito, de alta autoestima; con las explicaciones que dio de cómo hizo de Brasil una potencia mundial. También, de cómo rompió con tabúes económicos –sí se puede crecer y distribuir riqueza al mismo tiempo; sí se pueden aumentar los salarios sin que se dispare la inflación; sí se puede ser un gran exportador y, al mismo tiempo, fortalecer el mercado interno, entre otros-- a los que México y muchos países siguen religiosamente. Esta vez no fue distinto. Igual se le rindieron los banqueros; de pie le aplaudieron efusivamente. La novedad fue la propia presencia de Lula, otra vez como invitado de honor, cuando en las anteriores reuniones de los consejeros de BBVA no se invitaba a nadie relevante, nacional o extranjero, salvo la presencia siempre del presidente de la República, el secretario de Hacienda y el gobernador del Banco de México (Banxico). Obviamente, Agustín Carstens debió cancelar, pues debía comparecer, como lo hizo, en la Junta de Gobierno del Fondo Monetario Internacional (FMI), en Washington. Pero Lula repitió prácticamente lo que dijo en Acapulco. Hasta las mismas anécdotas, como esa de que cuando Brasil le quería pagar completa su deuda al FMI, el principal del organismo le dijo: “No, compañero Lula, nosotros en el FMI no necesitamos plata, puedes quedarte con ella. ‘Pero yo le dije: No, yo quiero quedarme libre de tu dinero, agarra tu dinero’”. Y lo mismo que dijo en Acapulco: “Bueno, la cuestión en concreto es que yo estuve 30 años de mi vida manifestándome, protestando: ‘¡Fuera el FMI!’. Y fue durante mi gobierno que nosotros logramos pagar lo que debíamos al FMI y hoy el FMI nos debe a nosotros, a Brasil, 14 mil millones de dólares”. Y repitió los datos del “milagro brasileño”: --En sólo seis años la balanza comercial saltó de 60 mil millones de dólares a 200 mil millones: la diversificación de la economía brasileña fue uno de los factores de nuestro éxito. --Tuvimos el coraje, al principio del gobierno, en 2003, de hacer un severo ajuste fiscal, con un recorte al presupuesto de 14 mil millones de reales, y aumentamos el superávit primario a 4.25% del PIB. --Cuando llegué a la presidencia no teníamos capital ni para financiar a la industria ni para otorgar créditos. Había crédito en el país por unos 70 mil millones de dólares; hoy hay más de 120 mil millones. --Durante mi mandato aumentamos los salarios en 62%, muy por arriba de la inflación, y ésta no se disparó. --En 2005, cuando visité China y veía que ellos tenían reservas internacionales por más de 100 mil millones de dólares, me puse a pensar: “Caramba, el día que Brasil llegue a ese número, será lo máximo. Pues bien, hoy tenemos 360 mil millones de dólares en reservas internacionales, no le debemos nada a nadie y somos acreedores internacionales”. --En mi gobierno (de ocho años) creamos 15 millones de empleos formales, hicimos 14 universidades federales nuevas y 126 extensiones universitarias; hicimos 214 escuelas técnicas en Brasil, cuando en un siglo se construyeron 140. --Hicimos que 36 millones de personas subieran a la clase media y que 28 millones salieran de la pobreza. Y también, como en Acapulco, elogió el éxito de Petrobras, la petrolera estatal del Brasil, que cotiza en Bolsa y es una de las empresas petroleras del mundo, con tecnología de punta. Y, para no variar, la crítica al manejo de Petróleos Mexicanos (Pemex), que no la dejan crecer, que no le permiten asociarse con privados y que “la tratan como si fuera una vaca sagrada”. Obviamente, banqueros e invitados festejaron y rieron con la ocurrencia, que no es nueva. Hace dos años dijo: “Pemex es como la Virgen de Guadalupe: no se puede tocar”. Era cuando insistía –como lo hizo en abril y hoy-- en que ambas petroleras podrían asociarse y crear nuevas empresas mixtas para competir mejor en el mundo. Todo le festejaron al brasileño, que siempre muestra grandes tablas con el micrófono y en los estrados. Pero llegó el turno de los mexicanos y todo se convirtió en competencia, para ver qué país está mejor o quién ha hecho mejor las cosas. No podía faltar el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, y su afán por el triunfalismo. Faltan cosas por hacer, dijo –como siempre--, pero con lo que hemos logrado no podíamos estar mejor, al menos en comparación con otros países emergentes. No faltó la retahíla de siempre: México es una de las economías emergentes más importantes del mundo: el año pasado crecimos 5.5% y actualmente los pronósticos están entre 4 y 5% para este año. Pero el dato revelador, con destinatario, fue el de que “el PIB per cápita, ajustado por el poder de compra, en este momento en México es de 15 mil dólares por persona anuales… que es un PIB per cápita parecido a lo que tienen en la Federación Rusa, superior al que tienen Brasil, China y la India”, casualmente son los países del llamado ‘BRIC’, al que México no puede pertenecer porque su tasa de crecimiento ha sido mucho menor a la de esas naciones. Y Calderón debía rematar el panegírico de Cordero. La estabilidad económica de los últimos diez años (de gobiernos del PAN, pues), presumió, ha hecho posible un notorio crecimiento en el bienestar de la población. Citó de memoria: “¿Qué es lo que ha hecho, por ejemplo, que en una década las familias hayan podido adquirir no sólo los servicios básicos, 98% de electricidad, más de 90% de agua potable y alcantarillado, más de 80%, casi 90%, de refrigerador; más de la mitad de las familias, un automóvil, y que se hayan construido una de cada cuatro casas en la historia del país en esta década?” Y, sin quererlo, hizo recordar el “catarrito” de Carstens. Dijo Calderón que si se presentara un caso extremo, de otra crisis económica internacional, “de una quiebra o una corrida en alguno de los países europeos, o si volviera a caer dramáticamente la economía americana”, México saldría prácticamente indemne. Sostuvo que México contaría con los recursos suficientes para que el sistema financiero pueda “mantener su operación y un nivel de solvencia adecuado”. Se refería a los casi 130 mil millones de dólares en reservas internacionales y a la línea de crédito flexible otorgada por el FMI, que harían cerca de 200 mil millones de dólares para soportar cualquier embate del exterior. Al final, Calderón elogió a los banqueros mexicanos; que ahí la llevan, que tienen una banca sólida, que cada vez participa más en el impulso a la economía, pero… todavía es poco lo que hacen. Y fue cuando Calderón se animó a darles sus raspones a los banqueros, que tanto idolatran a Lula da Silva: Dijo el Presidente: “Hoy México requiere una mayor participación de las instituciones bancarias para promover un mayor acceso al crédito; por ejemplo, el financiamiento al sector privado sí ha crecido… pero todavía es de 26% del PIB”. Y sobre la herida: “Veamos lo que ha hecho Lula, por ejemplo, y lo que muchos países han logrado. En Brasil, por ejemplo, es de casi 45% del PIB el acceso al financiamiento al sector privado; el monto del financiamiento al sector privado, que es casi el doble de lo que tenemos (en México) ahora; ya no digamos Chile, por ejemplo, que es casi el triple, de 73%”. Y remató Calderón: “Así que si queremos crecer con mayor dinamismo y queremos generar empleos, es apremiante fortalecer la disponibilidad de recursos para el sector productivo. México necesita el compromiso de sus bancos para crecer rápidamente y, créanme, estamos en el mejor momento para hacerlo.” Para que no anden invitando tanto a Lula.

Comentarios