Sicilia se descarta como candidato ciudadano

jueves, 28 de julio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- El poeta Javier Sicilia se descartó como candidato ciudadano, en caso de concretarse la reforma política que incluiría esa figura. En una conferencia de prensa ofrecida en el Castillo de Chapultepec, al término del diálogo entre representantes del Poder Legislativo y miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Sicilia respondió así cuando le preguntaron sobre esa posibilidad: “No nos deseen tanto mal. Lo que necesitamos es una candidatura nacional para que atienda desde el gobierno la emergencia nacional que vive el país”. Por su parte, el expresidente de la Comisión de Derechos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, quien también negó estar en busca de una candidatura ciudadana, sostuvo que el objetivo de la reforma política “es romper el monopolio de los partidos políticos para acceder al poder y que haya una democracia participativa”. Antes, durante el diálogo con la Comisión Permanente en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, el poeta Javier Sicilia –cuyo hijo fue ejecutado el 28 de marzo en Temixco, Morelos, junto con seis personas más– pidió a los legisladores hacer un esfuerzo extraordinario y humilde para evitar que la nación se precipite a un irremediable caos social. El también colaborador de la revista Proceso señaló que el Poder Legislativo es corresponsable de la situación de emergencia nacional, porque no detuvo a Felipe Calderón cuando declaró la guerra al narcotráfico y aprobó un presupuesto a las Fuerzas Armadas para llevar a cabo esta guerra. “En nombre de una idea equivocada del gobierno, se han alejado de nosotros: no escuchan los ritmos del corazón de la patria y pretenden, junto con los criminales y los poderes fácticos, secuestrar las aspiraciones democráticas y la esperanza de bienestar de la nación. Ustedes lo hacen por omisión, ignorancia o complicidad; ellos, porque ustedes no se lo han impedido”, puntualizó. Ante representantes del PRI, PAN, PRD, Convergencia, PT y PVEM, Sicilia pidió a los legisladores que reconozcan su deuda como representantes del pueblo “y pidan perdón a las víctimas y a toda la nación que no han defendido ni representado con dignidad”. Además, demandó la creación de una Comisión de la Verdad y una ley de seguridad nacional con perfil social y de derechos humanos, así como impulsar la ley de víctimas y aprobar la reforma política. Acompañado de 30 miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, además de 20 víctimas, de las cuales seis presentaron sus testimonios, Sicilia inició su discurso con unos versos de María Rivera: “Allá vienen los descabezados, los mancos, los descuartizados, a los que les partieron el coxis, a los que les aplastaron la cabeza, los pequeñitos llorando […] Allá vienen los que duermen en edificios de tumbas clandestinas: vienen con los ojos vendados, atadas las manos, baleados entre las sienes/ […] Allí vienen los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros, engarzados bajo el cielo del Anáhuac, [a reclamarnos]”. Y en nombre de ellos, “de nuestros muertos, de nuestros dolores y de la noche por la que atraviesa México”, pidió a todos los presentes un minuto de silencio. Enseguida, un extracto del discurso leído por el poeta: “Henos de nuevo aquí, en el Castillo de Chapultepec, después de caminar miles de kilómetros y abrazarnos, para romper la soledad y el dolor que los criminales y un Estado omiso, cooptado y corrupto nos han impuesto contra la verdad de nuestros corazones que es la paz y la amistad. Hemos llegado de nuevo aquí, dejando familias, trabajos, y llevando cargas más pesadas de las que podemos llevar, para, al igual que lo hemos hecho con el Poder Ejecutivo, dialogar y recordarles lo que a pesar de los inmensos salarios que cobran y que son fruto del trabajo de los hombres y mujeres de bien de esta nación, es su deber. “No nos gusta que sea así, pero desde hace mucho, los Congresos de esta nación, en nombre de sus intereses partidocráticos y mezquinos, en nombre de sus privilegios y de sus negocios (…), en síntesis, en nombre de una equivocada idea del gobierno, se han alejado de nosotros: no escuchan los ritmos y latidos del corazón de la patria y pretenden junto con los criminales y los otros poderes fácticos, secuestrar las aspiraciones democráticas y la esperanza de bienestar de la Nación. Ustedes lo hacen por omisión, ignorancia o complicidad; ellos, porque ustedes no se lo han impedido. “Sus recintos, el recién inaugurado del Senado y la Cámara de Diputados, son la expresión arquitectónica de su aislamiento, búnker de un poder que prefiere darle la espalda a los ciudadanos y contemplarse en el espejo de sus ambiciones traducidas en parálisis legislativa y en manipulación política que convierte los procesos electorales en un gran negocio para unos cuantos y en juego cruel de ilusiones para los ciudadanos (…) “Sin embargo, como decimos, venimos con buena voluntad. Estamos convencidos de que más allá de los personajes, intereses y partidos que representan, más allá de los justos reproches que les hacemos y de las fundadas dudas de que quienes nos dicen que estos diálogos no servirán de nada, estamos convencidos de que ustedes, al igual que se lo dijimos al presidente de la República, pueden oír –en este ejercicio plenamente democrático– el latido humano de su corazón. “Por eso repetimos delante de ustedes, lo que no hemos dejado de repetir desde que nos pusimos a caminar: que el país, nuestro México, vive una emergencia nacional. Lo que exige de ustedes no sólo un cambio de actitud, acorde con lo que la democracia –el poder del pueblo, es decir, de los ciudadanos– significa, sino un esfuerzo extraordinario y humilde para evitar que la nación se precipite a un irremediable caos social. “En la violencia que vive el país y la violencia que golpea a millones de familias existe una corresponsabilidad de los tres poderes. Ustedes saben que la guerra emprendida por el presidente Calderón, que nos ha costado hasta ahora –así dicen las cifras– 50 mil muertos, más de 10 mil desaparecidos, más de 120 mil desplazados, y la inseguridad y el miedo de millones de mexicanos, es ilegal. El llamado a la intervención de las fuerzas armadas en asuntos de seguridad pública obligaba al presidente a pedir la autorización de ese acto soberano. No lo hizo y con ello violó la Constitución. Pero ustedes, señores y señoras legisladoras, que tenían el poder para impedirlo, también la violentaron no sólo con la omisión a ejercer sus facultades y obligaciones, sino al asignarle a las Fuerzas Armadas el presupuesto para llevar a cabo esta guerra. “Ustedes son también corresponsables de nuestros muertos y de nuestro dolor. No sólo por lo dicho, sino por muchas otras cosas más. O ¿cuánto tiempo se han tomado para dar respuesta a lo que desde hace años se sabe del secuestro, tortura, crímenes y desapariciones de nuestros hermanos centroamericanos? “(…) ¿Por qué –de cara a nuestros niños y jóvenes, a quienes sus políticas les han destruido el presente y les niegan el porvenir– no han aumentado el dinero destinado a la educación para abrir más matrículas y acortar las largas filas de miles de estudiantes que no alcanzan lugares en las escuelas y universidades? ¿Por qué, frente a la emergencia nacional que vive el país, no han construido una agenda nacional que se ponga al servicio de México y evite que las próximas elecciones sean, lo que ya se anuncian ser, las de la ignominia? Ustedes, hasta ahora, sólo han sido operadores políticos de los intereses partidocráticos, y no lo que deberían ser desde el momento en que asumieron sus cargos de legisladores: servidores de los ciudadanos. (…) “De cara a esta realidad, pero también sabedores de que ustedes tienen una gran responsabilidad que desde su humanidad y su condición de legisladores deben asumir, venimos hasta aquí no para que nos digan que ustedes no son responsables, que la culpa la tienen las bancadas de los otros partidos o el Ejecutivo o el Judicial. No venimos tampoco a escuchar posicionamientos de partido, sino a que por primera vez rindan cuentas ante la nación y la historia, y nos digan, de una vez por todas, si van a optar por la paz o por la guerra. “Aquí, en este recinto, habemos 20 víctimas y 30 miembros del Movimiento de la Paz con Justicia y Dignidad, de diferentes organizaciones civiles, académicos, intelectuales, periodistas y a artistas que asesoran al Movimiento. Todos representamos no sólo a los asesinados y asesinadas, desaparecidos y desaparecidas, violados y violadas, torturados y torturadas de este país –víctimas reales con nombres, apellidos y rostros–, sino también y como una metáfora de México a otras millones de víctimas (…) En nombre de ellos y de la justicia que reclamamos, en nombre también de esta corresponsabilidad que tienen en esta guerra y en este dolor, venimos, en primer lugar, a que reconozcan ustedes también su deuda como representantes del pueblo y pidan perdón a las víctimas y a toda la nación que no han defendido ni representado con dignidad. “En segundo lugar, a que detengan la Ley de Seguridad Nacional que pretenden aprobar y la sustituyan por otra, trabajada junto con los ciudadanos. La ley que pretenden aprobar vulnera las libertades y los derechos civiles descritos en la Constitución y confirma el oprobio de controlar la corrupción y la ineficiencia de las instituciones con la imposición de un Estado militar y policiaco. No podemos permitir que la democracia claudique frente al autoritarismo ni frente al caos y, en consecuencia, tampoco podemos permitir que la paz se rinda ante la guerra para conservar la partidocracia y las prevendas que traicionan a la patria. (…) “Se equivocan los que piensan que la guerra de hoy nos conducirá a la tranquilidad de mañana; los que creen que esta guerra, que se ha llevado a miles de nuestros hijos, debe durar más años. Ninguna guerra en función de abstracciones puede compensar la muerte de ninguno de nuestros hijos. Como decía Gandhi: “No hay camino para la paz; la paz es el camino”, y por ello reclamamos una Ley de Seguridad que establezca las condiciones para ella. “Una ley, como decimos, para la paz con justicia y dignidad, y no la que se ha impulsado desde el Ejecutivo, que pretende institucionalizar la guerra, que multiplicará las víctimas y el sufrimiento, y que de ser aprobada por ustedes será un franco retroceso en el ejercicio de las libertades y de los derechos humanos en nuestro país. Una Ley de Seguridad que contemple además el diseño de estrategias alternativas y ciudadanas que, con el apoyo del Estado y en acuerdo con las necesidades de cada lugar, apunten a la reconstrucción del tejido social y conduzcan al retiro paulatino del ejército de las calles (…) “La prueba más clara de la necesidad de esta ley son las recientes declaraciones del secretario de Marina que acusa, poniéndolos en mayor peligro, a los defensores de los derechos humanos de atentar contra la imagen de esta institución y de estar al servicio de la delincuencia. La discusión de esa ley debe realizarse en paralelo al urgente diseño e instrumentación por parte del Legislativo de mecanismos eficaces y eficientes en la protección de defensores de derechos humanos y periodistas que en nuestro país sufren graves ataques o viven bajo serias amenazas, llegando incluso a ser motivo de preocupación internacional. (…) “Adicionalmente, señores y señoras legisladoras, déjennos insistir en que las vejaciones que viven miles de centroamericanos en nuestro país son absolutamente vergonzosas, al grado de que ante los ojos de la comunidad internacional, lo que sucede con ellos es una tragedia que junto a lo que vivimos los mexicanos parece tomar las dimensiones de un Holocausto. “En tercer lugar, porque la paz implica también justicia y verdad, una tarea impostergable que debemos realizar juntos es la redacción de una Ley de Víctimas que contemple el acceso a la justicia, a la reparación del daño y a la atención integral, mediante un programa nacional de atención a la víctimas que, además de incluir a los distintos niveles de gobierno, incluya también un fondo público para este propósito y de acuerdo con los estándares internacionales y jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “(…) Es una obligación de ustedes crear esta Comisión de la Verdad y Reconciliación como la establecida en Colombia que registre los 50 mil homicidios acaecidos en nuestro país durante la actual administración, haga valedero el derecho a la verdad, que nos diga el nombre y la historia de quienes han perdido la vida, de quienes están desaparecidos o de quienes están siendo amenazados y tienen que desplazarse de sus comunidades de origen. Que establezca además, con claridad, cuáles de las víctimas cayeron en la guerra intestina del crimen organizado, quiénes fueron víctimas inocentes de la criminalidad y quiénes perdieron la vida a manos de las fuerzas de seguridad y en qué condiciones, trátese de delincuentes o de ciudadanos inocentes. (…) “En cuarto lugar, porque a nuestros niños y a nuestros jóvenes les hemos –con esta guerra y las equivocadas políticas económicas y sociales– destruido el suelo y arrebatado la paz, les exigimos no sólo limitar a esa máquina de fabricar votos y complicidades llamada el SNTE, sino también la protección para el desarrollo autónomo y las relaciones de soporte mutuo de las localidades, pueblos y barrios. (…) “En quinto lugar, porque la paz y la democracia no pueden vivir sin una profunda participación ciudadana en los quehaceres del gobierno, les exigimos una profunda e inmediata reforma política que repercuta en los procesos electorales en puerta. Hasta ahora, ustedes señores y señoras legisladoras, encerrados como operadores de partidos en sus bunkers y no como representantes ciudadanos, se han negado a aprobar una ley que apenas, con las candidaturas ciudadanas y las iniciativas ciudadanas, da un mínimo indispensable a esa participación. “El país, además de eso, necesita, para salvar el profundo desgaste de legitimidad que guardan nuestras instituciones y que abona en favor de esta guerra atroz que nos tiene hasta la madre, necesita revocación de mandato, plebiscito, voto blanco, referéndum, límite de fueros, reducción del dinero destinado a los partidos y a las campañas electorales, y las acciones colectivas amplias e incluyentes. “Estos instrumentos que ustedes nos niegan y tienen secuestrado al país son, en las circunstancias actuales, vías fundamentales e idóneas para rehacer la vitalidad perdida de nuestras instituciones. Son las mejores armas –no hechas de pistolas, metralletas y balas, sino de votos y de sentido común– que podríamos tener como país para vencer la violencia, la inseguridad y la corrupción que habita en nuestras instituciones. (…) “En sexto lugar, porque la paz no puede crearse al precio de una competencia desleal y corrupta a la que nos tienen acostumbrados y ya que no quieren responsabilizarse de tener, en las condiciones de emergencia nacional que vivimos, un candidato civil y una agenda de unidad nacional, exigimos un sistema de transparencia de rendición de cuentas de las posiciones que a lo largo del proceso electoral tomen como legisladores. (…) “Si no se habilitan estos espacios tendremos en nuestras próximas elecciones un gobierno ignominioso que volverá a administrar el desafío del crimen organizado y repartirá el territorio del país entre poderes fácticos, empleados políticos, cárteles y la fuerza militar. En medio quedaremos los ciudadanos expuestos a su violencia cuando el pacto se rompa o requiera reacomodos. “Su responsabilidad es inmensa. Si la desprecian o no están a la altura o permiten que intereses particulares estén por encima de los de la República, habrán pasado a la historia con el rostro del envilecimiento. (…) “Su compromiso, señores y señoras legisladoras, es con los seres humanos de este país, no con procedimientos ni con intereses ni con alegatos ideológicos y partidistas. Hay que escoger entre la condenación y la conversión”.

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