Show por un milagro...

sábado, 27 de agosto de 2011
Las reliquias del beato Juan Pablo II ya empezaron a recorrer el país: la caravana-show durará casi cuatro meses y pasará por todas las diócesis y arquidiócesis de México para, según sus organizadores, “conseguir la paz y que cese la violencia”. Pero el propósito de pacificar a la nación mediante el acto de idolatrar las pertenencias de un muerto comenzó con una mala señal: mientras el cardenal Norberto Rivera presentaba la primera parada de la gira en la Basílica de Guadalupe, en Monterrey ocurría la matanza del Casino Royale... Felipe Calderón, su esposa y sus tres hijos entraron a la nunciatura apostólica por el blanco portón adornado con el escudo vaticano en bronce, atravesaron los espaciosos jardines interiores y llegaron al salón donde estaban expuestas las reliquias del beato Juan Pablo II. Ahí la familia del presidente se fotografió ante la figura de cera que representa el cuerpo yacente del beato con la cabeza recostada en un cojín, las manos cruzadas al pecho y enfundado en las suntuosas vestimentas que usó en vida. A un lado se exhibía la reliquia principal: una cápsula con sangre del llamado Papa viajero. Con esta publicitada visita a la nunciatura –el domingo 21– Calderón dio el banderazo de salida para que las reliquias recorran durante cuatro meses todo el país. El sacerdote Manuel Corral, coordinador de la peregrinación de las reliquias aclara la intención de la Iglesia: “El único objetivo de la peregrinación es conseguir la paz y que cese la violencia y la inseguridad en el país. Trataremos de unir a los mexicanos, pues todos unidos seremos más fuertes ante al enemigo que nos quiere vencer”. (Extracto del reportaje que aparece esta semana en la edición 1817 de la revista Proceso, ya en circulación)

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