Guerrerenses dejan el miedo a un lado y exigen paz en la Caravana

domingo, 11 de septiembre de 2011
ACAPULCO, Gro. (apro).- A pesar del miedo a la violencia del crimen organizado que todos los días genera muertos, secuestrados y desaparecidos en este puerto turístico, este sábado salieron a exigir paz y tranquilidad cerca de 3 mil personas que marcharon vestidas de blanco por la Costera Miguel Alemán, la principal avenida de Acapulco. "Por miedo la gente no sale a denunciar, no hay que dejar que el terror nos domine porque eso sólo genera una sociedad muerta”, dijo el poeta Javier Sicilia en conferencia de prensa al término de la marcha de varios kilómetros en los que los acapulqueños sacaron mantas pidiendo "justicia”, “no más muertos” y “no más cuotas” en referencia a las extorsiones que les están imponiendo bandas de criminales y hasta a los maestros de escuelas públicas. Desde agosto cientos de escuelas de todo el estado, principalmente de Acapulco, han cerrado temporalmente sus puertas por la ola de extorsiones que han recibido del crimen organizado que se ha apoderado de las principales ciudades de Guerrero como Iguala y Chilpancingo. Según varios testimonios a raíz de la muerte de Arturo Beltrán Leyva la bandas se dividieron y comenzaron los enfrentamientos y la violencia, ante la incapacidad de las autoridades por frenar la ola de secuestros, ejecuciones, muertos y extorsiones en casi todos los negocios del estado. Sólo en Acapulco las extorsiones o “derechos de piso” van desde mil pesos a pequeños negocios como puestos de la calle, taxistas y tiendas, a cientos de miles a hoteleros, restauranteros y dueños de centros de diversión. "A nosotros nos cobran cinco mil pesos por taxi y a mis nietas les cobran 10 pesos en las escuelas. Hay hoteles pequeños como Villa Vera y La Palapa que ya cerraron porque la situación es imposible. Ya no sabemos qué hacer”, comentó un taxista. En la marcha que distintas agrupaciones civiles y de derechos humanos organizaron a raíz de la visita de la Caravana de la Paz encabezada por Javier Sicilia, la gente exigió paz y tranquilidad, pues desde hace cinco años se desató una ola de violencia que tiene como registro más de 2 mil 500 muertos y desaparecidos, según datos extraoficiales. Esta violencia ha generado pánico y miedo impactando el turismo en el puerto en el que por las noches se observa poca gente en bares, restaurantes y centros de diversión. “a nadie quiere salir, tampoco hacen fiestas. Ya sabe cómo somos acá. Los fines de semana la gente ponía música y bailaba, hacía fiesta. Ahora no hay nada, mejor nos encerramos en nuestras casas”, dice un acapulqueño que hace años se fue a trabajar a Estados Unidos y ahora piensa salirse del país de nuevo. Sólo el sábado en Acapulco, mientras se realizaba la Marcha por la Paz hubo tres ejecuciones. De ahí que en el curso de toda la caminata por la costera Miguel Alemán, la vigilancia estuvo a cargo de policías embozados y con rifles de asalto que resguardaban la seguridad. En las calles desfilaron familiares de personas asesinadas o desaparecidas víctimas de la guerra, padres de familia, jóvenes excluidos de la educación en huelga de hambre desde hace 34 días, así como de organizaciones de hoteleros que pusieron habitaciones a los miembros de la caravana en agradecimiento por la misión pacífica que están realizando. Al llegar al zócalo del puerto, los casos de muertos y desaparecidos comenzaron a exponerse como el del hijo de Yuridia Betancourt quien fue secuestrado en marzo pasado sin que las autoridades hayan investigado. Y es que varias familias de víctimas que prefirieron el anonimato dijeron que la propia policía, los ministerios públicos, jueces y demás autoridades de gobierno están infiltradas por el crimen organizado. Por ello no tienen confianza. Tampoco en el gobernador Ángel Aguirre Rivero que ha tratado de minimizar el control que tiene el crimen organizado en todo el estado. Uno de los casos emblemáticos que se expusieron fue el de Adriana Morlet la joven estudiante de arquitectura que tiene un año desaparecida. Sus familiares denunciaron que en todos estos meses no han podido tener un dato del paradero de su hija, y exigieron a las autoridades frenar esta guerra que ha dejado 50 mil muertos en todo el país. Así, en su segundo día de camino, la caravana logró reunir a varios miles de guerrerenses que exigieron el restablecimiento de la tranquilidad en el estado, que desde los años setenta, con la aparición de la guerrilla de Lucio Cabañas, no se veía tanta violencia en ciudades, poblados y en las montañas. Horas antes de llegar a Acapulco, por la mañana en Chilpancingo, también se realizó una caminata por la avenida Juárez hacia la explanada del Palacio Municipal. Cerca de mil 500 personas participaron en la marcha pero al llegar al zócalo muchos se retiraron por miedo a ser vistos por los “halcones” que vigilan y reportan a los grupos criminales lo que sucede en la capital del estado. “Yo también tenía miedo de venir a Guerrero, como cualquier ciudadano que llega a un estado donde hay tanta violencia y muerte”, reconoció Sicilia en Acapulco por la tarde. Tanto en Chilpancingo como en el puerto hubo familias de ejecutados y desaparecidos que prefirieron quedarse como público y no subir al templete a denunciar por el miedo. Pero registraron su caso en las mesas que la caravana ha instalado en cada plaza donde se realiza un acto. En el acto realizado en Chilpancingo, Abel Barrera director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan parte de la larga historia de las violaciones a los derechos humanos que han sufrido las y los guerrerenses cuya población indígena (17 por ciento) ha resistido los estragos de la militarización desde la década de los setentas. Mientras que integrantes del Comité de Muertos, Secuestrados y Desaparecidos de Guerrero, informaron que tienen registrados cerca de 3 mil casos de muertos y desaparecidos desde hace cuatro años, pero estimaron que esa cifra podría triplicarse porque hay mucha desconfianza de la gente ante las autoridades que se han corrompido. La violencia y los efectos en la sociedad no se comparan con los tiempos de la guerra sucia. Tita Radilla, al hablar de la desaparición de su padre Rosendo Radilla en Atoyac de Álvarez, dijo que hoy el gobierno de Felipe Calderón quiere detener las balas del crimen organizado con más balas. “Pero esto sólo genera más violencia y muerte”, sentenció. La caravana dejó el puerto al amanecer y se dirige a Huajuapan de León, Oaxaca, donde realizará un evento con las comunidades indígena triquis y mixtecos. Más tarde se dirigirá a la capital oaxaqueña donde percnotará.

Comentarios