Liberan a cibernautas acusados de terrorismo y sabotaje

miércoles, 21 de septiembre de 2011
COATEPEC, Ver. (apro).- Luego de 25 días de permanecer presos en el penal regional de Pacho Viejo, María de Jesús Bravo Pagola y Gilberto Martínez Vera, los “tuiteros” acusados de terrorismo y sabojate, salieron en libertad este miércoles, después de que la Procuraduría General de Justicia (PGJ) se desistió de la denuncia penal interpuesta en su contra. “¡Gracias, Dios mío!”, exclamó Bravo Pagola, aún tras las rejillas, luego de que la juez tercero de primera instancia del Distrito Judicial de Xalapa, Beatriz Rivera Hernández, emitió el acuerdo correspondiente y expidió las boletas de libertad para cada uno de los inculpados. Mediante el oficio PGJ/OP/6340/2011, dirigido a la juez Rivera Hernández, se notificó que el procurador de Justicia, Reynaldo Escobar Pérez, solicitó el desistimiento, apenas dos días antes de que se celebrara la audiencia constitucional del juicio de amparo promovido por los “tuiteros”. “Con fundamento en los principios de buena fe, legalidad, honradez, objetividad, imparcialidad, eficiencia, profesionalismo, indivisibilidad, jerarquía y autonomía, vengo a desistirme de la acción penal ejercida en contra de Gilberto Martínez Vera y María de Jesús Bravo Pagola, como probables responsables de los delitos de terrorismo equiparado y sabotaje, cometidos contra la seguridad del Estado”, se consigna en el documento. Asimismo, se explica que tal solicitud tiene como fundamento “la (reciente) entrada en vigor del decreto número 296” relativo al capítulo adicionado al Código Penal que contempla el delito de Perturbación del Orden Público. Al salir del penal, en compañía de los abogados del despacho Ordóñez, Ordóñez y Téllez, Abogados Asociados, los dos cibernautas fueron recibidos con aplausos por amigos y familiares, entre ellos la madre de Gilberto Martínez, Anita Vera, y los hijos de Bravo Pagola. La exfuncionaria del gobierno de Veracruz durante el mandato de Fidel Herrera agradeció el apoyo de los medios de comunicación y de los “tuiteros” que los acompañaron durante estos 25 días de encierro, y subrayó que en este caso “ganó Veracruz, y si ante alguien hay que cuadrarse es ante los derechos individuales, el derecho que tenemos para decir las cosas, pues yo no amo la violencia, quiero la paz para todos”. De acuerdo con Bravo Pagola, en este caso “no gané yo, sino la libertad de expresión, y esto es lo único que en este momento me sale de mi alma, porque yo no gané, ganó la libertad de expresión y eso es algo que tenemos que entender: se puede hablar, siempre y cuando (lo que se diga) esté fundamentado y con respeto”. Pese a la experiencia vivida, la exfuncionaria aseguró que seguirá utilizando las redes sociales, aunque no dijo si actuará en contra de las autoridades estatales por la “injusticia” cometida en su contra. “En su momento lo daré a conocer”, agregó. Tras asegurar que es inocente de los cargos que se le imputan, Bravo Pagola dijo que no sentía ningún rencor contra el gobierno de Javier Duarte. “No tengo la capacidad de sentir rencor, pues creo que ellos hicieron su juego y ahora nosotros tenemos que hacer el nuestro”, subrayó. “Yo no tengo nexos con nadie, soy una persona muy conocida por ustedes. A Gilberto lo acabo de conocer. Yo no corto cabezas, no tengo AK-47, y lo único que quería es (pedir) que quienes las tienen las dejen de usar”, añadió Bravo Pagola. Y remató: “Ojalá que en el tiempo que yo estuve recluida, que no he sabido de redes sociales ni de periódicos, haya cesado la violencia. Ojalá no hayan aparecido muertos en ningún lado de Veracruz”. Pero la tarde de ayer, vecinos y paseantes de Boca del Río fueron testigos de un macabro suceso al descubrir que sobre el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, frente a Plaza Américas de esa ciudad, una de las más concurridas, fueron arrojados 35 cadáveres. La noticia generó revuelo en las redes sociales, donde incluso se difundieron fotografías de los cadáveres amontonados en las bateas de dos camionetas de redilas. De acuerdo con versiones de testigos, los cadáveres estaban amordazados y maniatados, además de que presentaban huellas de tortura.

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