Pide Javier Sicilia en Iguala hacer a un lado el miedo

viernes, 9 de septiembre de 2011
IGUALA, Gro. (apro).- En Cuernavaca, Morelos, Javier Sicilia arrancó formalmente la Caravana del Sur, sin embargo, lo hizo en medio de poca gente reunida en la Plaza de Armas, donde aún persiste el altar con los nombres de algunos muertos en la guerra contra el narcotráfico. “No somos un movimiento de masas, sino moral, esa es nuestra fuerza”, explicó el poeta más tarde en Iguala, cuando fue cuestionado sobre el escaso interés que mostraron los morelenses a la llegada de la caravana. El escritor recordó que el inicio de la marcha que efectuó en mayo y que partió, precisamente, de Cuernavaca a la Ciudad de México arrancó con poca participación y al final cerró con la concurrencia de miles de personas en la Plaza de la Constitución. “Recuerdo que en una entrevista Carmen Aristegui me dijo: ¿qué vas a hacer si no va nadie? Y le dije que aunque fuéramos cinco llegaríamos al Zócalo porque se trata de un movimiento de verdad, moral, no de masas”, indicó Sicilia en una conferencia de prensa realizada en Iguala en una discoteca cuyos dueños fueron secuestrados y liberados hace una década. Sicilia argumentó que el movimiento no tiene recursos para comprar espacios en los medios y dijo que la ausencia de gente es porque quieren respuestas inmediatas a la demanda de paz. “Pero hay que tener paciencia, es un proceso largo”, explicó. El poeta pidió a la gente unirse a los esfuerzos por detener la guerra contra el narcotráfico; y mantener la esperanza de paz. “Somos un movimiento moral, no de masas, eso es lo importante”, reiteró. Asimismo, dijo que si las victimas se quedan solas, el movimiento seguirá luchando para que Calderón detenga la guerra declarada al narcotráfico y “no haya uno solo muerto y desaparecido más en el país”. Sobre el mismo punto Olga Reyes, oriunda de Chihuahua, donde le han asesinado a seis de sus familiares, manifestó que en todas las plazas donde ha estado ha pedido a la gente que venza el miedo y salga a denunciar lo que les está ocurriendo. “Pero no sé lo que les pasa, a la mejor piensan que no les va a pasar nada y por eso no se mueven. A la mejor están esperando a que les hagan algo a sus familiares para salir a las calles a protestar. No creo que deban de esperar hasta ese momento”, exclamó entre sollozos. El arranque de la caravana, en el Zócalo de la ciudad de México y en su primera parada, en Cuernavaca, fue frío, con poca gente, a pesar de que los autobuses se llenaron con más de 600 participantes y observadores de Estados Unidos, Ecuador, Colombia y Guatemala. De hecho, en Cuernavaca los integrantes del movimiento ocuparon un templete donde estaba un grupo de teatro de la UNAM que les cedió el espacio por media hora. Desde ahí, Sicilia dio inicio formal a la Caravana por la Paz hacia el sur del país, que recorrerá más de tres mil kilómetros. Dijo que hay buena voluntad del presidente para enfrentar al crimen organizado; pero consideró que no basta eso, sino que debe haber buenos resultados. “Hemos vuelto a caminar, a lo largo de estos meses no ha cesado la marcha y nos hemos sentado con los poderes para hacerles mirar sus yerros y exigirles que cambien su estrategia”, dijo el poeta criticando la ceguera de las autoridades. “Marchamos al sur del país; vamos a recoger los dolores de esta parte de la nación que son semejantes a los del centro y sur, pero aunados al olvido, persecución de indígenas, el desprecio para los migantes por los criminales y autoridades que los tratan como basura”, dijo luego de recordar que la caravana llegará hasta Guatemala. Sicilia hizo un nuevo llamado al presidente de la Republica, Felipe Calderón; al Congreso, a presidentes municipales, a los partidos y a los sindicatos; jerarcas de las iglesias y a los capos y delincuentes, que escuchen la marcha por la paz. Este es el grito de la nación entera; si nos mantenemos juntos seremos más fuertes que cualquier violencia. Que ya no haya un hijo, un padre, una madre, un abuelo muerto, por esta imbecilidad que es la guerra. Aquí está la reserva moral”, exclamó Sicilia. Más tarde, en Iguala, Guerrero, la participación ciudadana aumentó y cerca de mil 500 personas realizaron una marcha por el centro de la ciudad. Frente al Palacio Municipal se dieron a conocer nuevos casos de muertos y desaparecidos en la entidad. Organizaciones ciudadanas locales informaron que en los últimos cinco años ha habido mil 659 homicidios de ciudadanos comunes víctimas de la guerra contra el narcotráfico. Una mujer al frente del Comité de Desaparecidos, Secuestrados y Asesinados de Guerrero habló en nombre de familiares que se excusaron de hablar en público por miedo. Indicó que desde hace cuatro años se vienen registrando los efectos de la violencia generada por el crimen organizado en Guerrero y pidió a la población romper el silencio para denunciar sus casos y exponer su verdad. En la caravana participan víctimas de 22 estados, algunos de ellos han participado en el movimiento desde sus inicios, como Olga Reyes, de Chihuahua; María Herrera, madre de cuatro desparecidos originarios de Michoacán, entre otras. Recomendaciones en caso de ataque a la Caravana A diferencia de la primera caravana, en esta ocasión los organizadores integraron un manual de seguridad que leyeron a los viajantes para casos de ataque de grupos armados. Recomiendan que si la agresión es en un lugar abierto tirarse al suelo, buscar refugio en una pared o vehículo y colocarse de forma horizontal. Si es en una baqueta, la misma posición con los brazos cubriendo la cabeza. Si está con niños, protegerlos primero, tirarlos al suelo, y de ser posible, protegerlos con el cuerpo mientras busca un lugar seguro, arrastrándose o caminando en cuclillas, ya que las balas, por lo general, aciertan en un cuerpo de la cintura para arriba. Mientras que en un lugar cerrado hay que tirarse al suelo y, a rastras, buscar un lugar seguro. Permanecer lejos de las ventanas que dan a las calles. Resguardarse en un closet amplio, el baño o cualquier habitación con ventanas o ventanas chicas. Estas recomendaciones fueron leídas en los 14 autobuses donde viajan los observadores, ciudadanos, reporteros y familiares de víctimas.