Mario Iván y el Diario de un loco

lunes, 17 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cada lunes en el Centro Cultural Helénico, Mario Iván Martínez sortea el reto teatral más importante de su carrera protagonizando a un burócrata de la Rusia zarista con el monólogo Diario de un loco, montaje original de Luly Rede adaptado de un cuento de Nicolai Gógol. Resultó memorable la puesta que dirigió el chileno Alejandro Jodorowsky en los sesentas como tour de force escénico para el destacado actor Carlos Ancira (1929-1987). “Diario de un loco forma parte del quinteto de historias gogolianas que acontecen en San Petersburgo, con la cual quisimos realizar un homenaje al entrañable maestro Ancira, quien la representó entre 1960 y 1985, a un cuarto de siglo de su fallecimiento”, cuenta a Proceso el actor y cantante. Esta novedosa producción de Diario de un loco en el Teatro Helénico corrió a cargo de su madre, la primera actriz Margarita Isabel. El burócrata Axenty Ivanovich Poprishkin vive ahora gracias al equipo de trabajo que convocó Mario Iván Martínez con su prima hermana, la directora Lyly Rede, traductora también del ruso; Edyta Rzewuska en escenografía, Matías Gorlero con la iluminación y música de Omar González. “Como en todas las obras de Gógol, Diario de un loco es de gran contenido ideológico y crítica social, en México tiene vigencia particular porque la corrupción ramplante de la Rusia zarista del siglo XIX no dista mucho de nuestros aparatos gubernamentales actuales. Nos acercamos a la universalidad de los sentimientos que nos apelan a todos en la observación metódica de un hombre que sufre humillaciones y va desencadenando en él tintes de delirio, esquizofrenia y paranoia. “Aquel maltrato e incomprensión a los pacientes afectados mentales se denuncia en Gógol; pero principalmente Diario de un loco exhibe de manera cruenta y descarnada el aparato burocrático corrupto, estratificado, de esa Rusia zarista que detestaba Gógol y padeció hasta el final de sus días convirtiéndolo prácticamente en un insecto.” –¿Vio usted aquella versión con Carlos Ancira? –No, en la época que pude haberlo visto yo estaba estudiando en Inglaterra, y mi prima Luly en Rusia…Sin duda el maestro Ancira instituyó con Diario de un loco la tradición de los monólogos cada lunes en el teatro mexicano. Nadie podrá acusarnos de plagio o que abordamos el trabajo con irresponsabilidad ni arrogancia. “Al regresar de mis estudios por Inglaterra en 1989 hice una de mis primeras obras en el Polyforum Cultural Siqueiros con el monólogo de Susana Wein A la manera de Shakespeare, y ahí vi las placas conmemorativas del maestro, quien acababa de morir. Ancira tuvo el buen acierto de dar a conocer el texto de Gógol bajo la dirección de Jodorowsky, y a partir de entonces se han dado muchos otros montajes incluso por estudiantes. No sé si yo pueda hacerlo veinticinco años; pero será mi caballito de batalla mientras tenga fuerza para en 2013 llevarlo a foros de la República mexicana en giras luego de terminar temporada en el Helénico.”   Camino a la locura   Diario de un loco marca asimismo la vuelta de Mario Iván Martínez al teatro para adultos, tras una década realizando obras infantiles y múltiples espectáculos musicales o grabando audio libros para niños en CD. Refiere que el cómico del exitoso monólogo El cavernícola, César Bono, asegura haber visto dicha puesta de Jodorowsly casi un centenar de veces por ser alumno de Ancira durante dos años, congratulando la de Mario Iván Martínez “al manejar un lenguaje propio, diferente”. Juan Antonio Edwards repuso Diario de un loco hace un año para el Polyforum Siqueiros y, a diferencia de los monólogos en solitario, tanto de Ancira como de Mario Iván Martínez, en esa versión coproducida por Adal Ramones y Gerardo Quiroz actuaban además Alejandra Sandoval, Mariana Fernández, Alexandra Adame y Alonso Salinas. Dice Mario Iván: “Una señora me esperó al terminar la función del lunes pasado y me comentó hallarse desconcertada porque la gente se reía en nuestro montaje, pues ella recordaba que con Ancira no había tanto humor, así que me pidió le explicara si ese humorismo lo habíamos hecho a propósito. Le expuse que nuestro concepto está basado fielmente en los textos de Gógol, quien señala que el humor es parte esencial de su literatura.” Así como Carlos Ancira frecuentó el manicomio de La Castañeda para preparar su personificación del burócrata Axenty, Mario Iván Martínez siguió un sendero similar. “Fue un proceso muy ecuánime de nuestro equipo pues nunca apresuramos nada en un año con la adaptación y el texto traducido, para sumergirme después en el universo de la esquizofrenia, la patología, el conocer en carne y hueso a psicópatas, de la mano del médico especialista Horacio Reza Garduño, quien me dijo: ‘Yo vi el Diario… con Ancira y quise ser actor en un tiempo, leí la obra de Gógol y conozco perfectamente la esquizofrenia del personaje, Axenty Ivanovich es un psicópata paranoide, y tengo uno en mi clínica que quiero conozcas y entrevistes, aunque él piensa que los americanos lo persiguen y tú, con lo güerito que estás, le parecerás muy gringo …’ “Fue un monólogo que sostuvo conmigo aquel paciente, primero de un centenar que me presentó el doctor Reza Garduño para darme cuenta que Gógol había escrutinizado los sentimientos de todos ellos para plasmarlos de manera detalladísma en su historia, cual montaña rusa que nos lleva de la hilaridad a la absoluta sordidez.” De cada uno incorporó aspectos de su patología, ejemplifica: “Conocí a un duque del siglo XIX en México que me decía: ‘Ayúdeme a salir porque el gobierno mexicano no quiere que me vaya a Inglaterra, allá está mi nombramiento que consta por escrito en una carta de la catedral del Palacio de Buckingham, fechada el 11 de septiembre 1857…’ En Diario de un loco participo de aquellos delirios y sus fantasías formaron parte de mi creación. “También conocí a una mujer obsesionada por un abandono amoroso que se aferraba a mis brazos, suplicando con lágrimas en los ojos a gritos: ‘¡Juan, Juan…! ¡Dígale usted a mi Juan que regrese!, ¿por qué no ha regresado Juan?’ Yo llevé un diario de aquellas visitas donde fui dibujando el rictus de sus rostros y las miradas que se me grabaron en mi mente para conocerlos a fondo e integrarlos al personaje de Gógol en el monólogo de la obra. Es una tragicomedia.” De forma parecida y aislado en devaneos fantásticos, el burócrata Axenty describe en su diario conversaciones con la mujer de su ensoñación amorosa imposible, Sophie, a la par de creerse el verdadero rey de España y coronarse a sí mismo en la obra. “No los puedo llamar simplemente locos pese a que muchos de ellos no tienen cura y simplemente pueden atenuar sus sufrimientos con fármacos; porque los esquizofrénicos paranoides que llegan a este nivel de delirio es muy difícil que se curen, una vez dados de alta llegan a su familia donde tornan a exacerbar sus sentimientos y demencia, se vuelven a perder en aquello y regresan al hospital. Si la vida y las circunstancias nos empujan poco más allá del límite, cualquiera de nosotros puede estar ahí no siendo ya yo ese loquito que veo a la distancia, sino la misma psique que puedo desarrollar yo también.”

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