Su visita ayudará a que recuperemos la alegría: Calderón a Benedicto XVI

SILAO, Gto., 26 de marzo (apro).- Al final de su estancia de tres días en México, el papa Benedicto XVI hizo un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y valiente “para no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal”.

En la despedida oficial que encabezó el presidente Felipe Calderón en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato, Benedicto XVI dijo haber sido testigo de muchos gestos de preocupación de la vida del país que siguen causando estragos, así como compartió alegrías y dolor.

“En estas circunstancias aliento ardientemente a los católicos mexicanos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la voluntad utilitarista que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos”, exhortó.

También pidió hacer un esfuerzo social solidario para renovarse y alcanzar justicia y paz para todos. Y en su calidad de jefe de la Iglesia católica, exhortó a todos los fieles “a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad y preocuparse por el bien de los demás”.

En su discurso final, pronunciado cerca de las diez de la mañana, antes de abordar el avión que lo trasladaría a Cuba para continuar su gira por Latinoamérica y el Caribe, el pontífice se dijo “colmado de experiencias inolvidables con tantas atenciones y muestras de afecto recibidas”, mientras un grupo de bandas de viento integradas por niños y jóvenes interpretaba varias canciones mexicanas.

En tanto que en su mensaje, Calderón describió la visita del líder católico como tres días en los cuales “se han encontrado el profundo pensamiento y el afecto de un líder espiritual con la entrega de un pueblo que expresa su fe con absoluta libertad”.

Le pidió llevarse con él las alegrías y muestras de afecto y gratitud, pero también “las lágrimas de las personas quienes usted ha consolado; las preocupaciones cotidianas de quienes padecen marginación o pobreza”.

“Tenga siempre presente a México y abogue por él”, pidió Calderón a Benedicto XVI.

Incluso, el presidente atribuyó a la presencia del Papa este efecto:

“Estoy seguro que su visita hará que el alma de muchos compatriotas pueda superar, como usted lo ha buscado, el cansancio, recuperar la alegría y la felicidad interior… sé que ahora millones de familias en México redoblarán su esfuerzo para vivir de acuerdo a los más altos valores que muchos mexicanos compartimos con usted, para vivir en paz y armonía, ver con confianza el porvenir y con esperanza como usted nos lo ha pedido”.

Dijo coincidir con el pontífice en que, sin el fortalecimiento de los valores de la familia, el respeto a la dignidad de la persona y la justicia, “no es posible el bien común”, además de que dichos valores pueden evitar que los jóvenes caigan “en la ambición del dinero fácil”, a través de los caminos de la violencia o de la delincuencia.

Según Calderón, la visita del jefe del Estado Vaticano le recordó que debe redoblar esfuerzos, “particularmente para cuidar y proteger a nuestros niños y a nuestros jóvenes”.

“Estos encuentros con usted nos han dejado en una mejor actitud para vivir de acuerdo a principios y valores, y en las exigencias de la ley en respeto a los derechos humanos, compartidos por la inmensa mayoría de los mexicanos, compartidos a través de la fe” de la Iglesia católica y otros credos, o de los principios del humanismo.

Finalmente, dijo esperar que Benedicto XVI haya constatado durante su estancia en Guanajuato que “el pueblo mexicano, a pesar de las difíciles circunstancias que ha vivido, no está ni estará desesperanzado… que somos un pueblo fuerte y vigoroso que abre sus puertas con alegría, con mucha alegría, a todo aquel al que llama amigo, en especial al obispo de Roma”.

El marco de este acto protocolario fue un incidente con una multitud que se encontraba en el aeropuerto, tras las vallas colocadas por el Estado Mayor Presidencial (EMP), que finalmente las derribó y corrió hasta estar a unos pocos metros de distancia de donde Benedicto XVI se encontraba con Calderón.

“¡Abran, abran, queremos ver al Papa!”, gritaron, al tiempo que corrieron evitando a unos 300 elementos de la Policía Federal (PF) que también corrieron con el propósito de frenarlos, inicialmente sin éxito hasta que un comandante les pidió mantener el orden por razones de seguridad.

Mientras tanto, al concluir los discursos del pontífice y el presidente, desfilaron para despedirse del jerarca católico algunos cardenales y obispos, así como casi todos los integrantes del gabinete federal, incluyendo al flamante secretario de Educación, José Ángel Córdova Villalobos, y a la vocera Alejandra Sota.

Pero también se aparecieron para dar el adiós a Benedicto XVI los gobernadores del Estado de México, Eruviel Ávila; de Jalisco, Emilio González Márquez, y el anfitrión Juan Manuel Oliva Ramírez, el único que besó el anillo del Papa en cada uno de los actos en que lo acompañó.

También se presentó el presidente de la Cámara de Diputados, el perredista Guadalupe Acosta Naranjo, quien esta vez, a diferencia de la bienvenida del viernes 23, sí estrechó también la mano de Calderón.

Unos instantes previos a que Benedicto XVI abordara el avión, fue Margarita Zavala quien se inclinó a besar su mano.  

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