Pobreza y corrupción, motores de la violencia en México: Iglesia

jueves, 5 de abril de 2012
MÉXICO, D.F., (apro).-  El cardenal Norberto Rivera Carrera aseguró hoy que la violencia en México tiene su origen en la injusticia social que ha predominado durante años y a la corrupción que impera en distintas esferas del gobierno. En la misa Crismal que rememora la instauración del sacerdocio por Jesucristo en la Última Cena, el prelado  agregó desde el púlpito de la Catedral Metropolitana: “Esta violencia que padece nuestra patria no ha surgido de la nada; hunde su raíz en el pecado de la injusticia social que mantiene en la pobreza a la mitad del país, en la corrupción de las autoridades inmorales que fueron y siguen siendo cómplices de crimen que debieron combatir. “(El crimen) tiene su causa en el desmoronamiento de los valores cristianos y morales, en el socavamiento de toda ética en aras de una perniciosa libertad y el relativismo que no es más que libertinaje y egoísmo”. Ante obispos, canónigos de los cabildos de Metropolitano y de Guadalupe, sacerdotes de la Arquidiócesis de México y una feligresía católica que llenó el histórico recinto, Rivera Carrera señaló que los grupos delincuenciales se han convertido en verdaderos “anticristos”. Abundó: “Y si para conseguir estos falsos paraísos es preciso matar, corromper y pervertir (el criminal) lo hace sin verdadero escrúpulo, sin respetar las leyes humanas, tan minadas por la impunidad y la corrupción; ni a la ley divina, de la cual, sobra decir, no escaparán. “Aún cuando los criminales piensen, en su mente pervertida, que es posible conciliar la fe con su actividad monstruosamente inmoral y antievangélica, pues actúan como verdaderos anticristos, que se oponen a Cristo y a su Evangelio, matando, secuestrando, extorsionando, robando y destruyendo la salud de millones de jóvenes”. Por tal motivo, Rivera Carrera hizo un llamado a la grey católica a iniciar una “cruzada” de reconversión dirigida a pecadores y criminales, con el objeto de que regresen al camino del Evangelio y los preceptos cristianos de paz y concordia.

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