Desmienten amenazas contra la Caravana por la Paz

miércoles, 15 de agosto de 2012
Sr. Director: Queremos comentar una de las notas publicada en su medio sobre la Caravana por la Paz en Estados Unidos, en la que estamos viajando. Leemos en su sitio el siguiente encabezado “Hombre armado busca intimidar a integrantes de la Caravana de la Paz”. Creemos que la nota no corresponde a lo ocurrido en el barrio de Lakevew Terrace, mientras salíamos de la iglesia Lucy Roman, a donde nos invitó la comunidad zacatecana del lugar. La nota dice que el hombre en cuestión mostró el arma al fotógrafo de Proceso, “retándolo” a que le tomara la imagen publicada. En efecto, el hombre mostró su arma al fotógrafo y a varias personas más, antes de que se acercara al grupo a acompañar de forma respetuosa una ceremonia en que el movimiento plantó unas semillas de jamaica afuera de la iglesia, como lo hacía don Trino de la comunidad de Ostula minutos antes de haber sido asesinado, así como un ojo de dios con listones, a la usanza de los huicholes de Wirikuta. La nota reporta que mientras los padres de un niño decidieron llamar a una patrulla que nos acompañaba, hubo sobrevuelos de un helicóptero de la policía, sugiriendo que estaban relacionados con el hombre armado. Eso no es preciso, los sobrevuelos ocurrieron antes de que se reportara el hecho y no estuvieron conectados. Pero lo que nos preocupa más no es lo que dice la nota, sino lo que no dice. Los reporteros sabían (uno de nosotros estaba a su lado cuando se comentó) y decidieron no reportar que el hombre estaba alcoholizado y que varios de los locales lo reconocieron como un vagabundo asentado en la localidad, el “teporochito del pueblo”. Vieron que no se integró a la caravana como para esconderse tras deshacerse del arma, sino que siempre estuvo ahí. No se reportó que había cuando menos tres personas que consideraban (no sabemos si correcta o incorrectamente) que el arma era de juguete o que “estaba rota”. Que también varias personas vieron el arma, antes de quienes lo reportaron, y que no consideraron necesario reportarlo porque el vagabundo no los intimidó. Otra señora de la caravana –incluso- contó que el vagabundo le mostró un billete de dos dólares, orgulloso de su rareza. El reportero que viaja con nosotros nos dice que fue “una simple consignación de hechos”. Pero nosotros creemos que fue una consignación de sólo “algunos hechos” que –voluntaria o involuntariamente– contribuyen a crear una percepción de que la caravana ha estado amenazada, y que criminaliza al vagabundo al presentarlo como una amenaza que no fue, y al no mencionar las atenuantes del caso. El propio fotógrafo que capturó la imagen nos dijo que le pidió al vagabundo que le enseñara su arma y el vagabundo se la enseñó. En el caso de que el arma no fuera de juguete, en el caso de que el arma no estuviera rota y fuera funcional, seguramente el fotógrafo no se sintió muy intimidado cuando tenía el arma en la mano; mucho menos cuando se la devolvió. ¿Entonces por qué presentar la nota así? Nuestra respuesta es porque el bullying no sólo existe en la escuela, también ocurre en la prensa. Cuando le preguntamos al reportero sobre la presunción de inocencia, su respuesta fue “pues si no soy el Ministerio Público”. Por más escandalosa que nos parezca esta respuesta, entendemos que la prensa no necesariamente tiene el deber de “presumir inocencia”. Fox News no lo hace y no comete falta. Sin embargo, creemos que una revista como Proceso debe hacerlo en casos como éstos; y no por las mismas razones por las que lo hace el MP, sino por su propia tradición de no ignorar las relaciones de poder en la sociedad. De estar consciente del diferencial de poder entre el débil y el poderoso, y por eso darle el beneficio de la duda al débil cuando sea necesario. De no ignorar sus atenuantes sociales y de comportamiento, de dejarlo hablar, de asegurarse que se cubrieron todos los posibles testigos que permitan contextualizar el hecho e informar de forma más completa. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad está a favor de mayores controles a las armas de fuego en las sociedades, pero también estamos por que no se criminalice a las personas, que se presuma inocencia. Lo mismo se intentó pidiendo al gobierno que no asumiera que todos los cuerpos de personas no identificadas (o los desaparecidos) pertenecían al crimen organizado. Que no es correcto decir a la ligera “seguro andaban en malos pasos”. No queremos más presuntos culpables, queremos más presuntos inocentes. Sabemos que la prensa no es juzgado, ni ministerio público. Pero, en este caso, ignorar hechos atenuantes, es caer en un periodismo de tipo bully, que no atiende diferenciales de poder. Eso déjenlo para otros medios, que ya hay muchos. Ahora nos dirigimos a Arizona, donde las armas son todavía más accesibles y su portación aún más común. El solo hecho de que cientos de personas porten y manipulen sus armas en público podría considerarse una amenaza para la caravana, y de alguna forma lo es, pero esperamos que Proceso no lo reporte así. Por el bien del periodismo socialmente responsable. Agradeceremos a la redacción que reporte nuestras preocupaciones con el fin de contextualizar la nota y evitar mayores preocupaciones sobre nuestra seguridad entre algunos familiares de los caravaneros que viajan entre nosotros, y que leyeron la nota en su portal. Gracias, Eugenia Ogarrio y Mario Arriagada Respuesta del reportero y fotógrafo Respecto a la carta enviada por Eugenia Ogarrio y Mario Arraigada cabe señalar lo siguiente: 1.- En la nota enviada sobre el hombre armado nunca se dice que amenazó o intimidó a la Caravana por la Paz. Si el titular de la nota así lo consigna, no es responsabilidad del reportero sino del editor. 2.- La señora Ogarrio y el señor Arraigada dicen que la información vertida no coincide con lo ocurrido. Ante esta afirmación, quien esto escribe y el fotógrafo ratificamos que fuimos testigos de todo lo ocurrido en las afueras de la iglesia Lucy Roman del barrio de Lakeview. 3.- En la nota nunca se dice que mientras ocurrió el incidente sobrevoló el helicóptero del Sheriff. Lo que se señala es que sí hubo sobrevuelos de la aeronave mientras estaban realizando la ceremonia religiosa. Incluso el señor Arraigada dijo al reportero que “se sentía como en Chiapas” cuando se percató de la aeronave sobrevolando encima de la iglesia. 4.- No consignamos si el hombre armado estaba alcoholizado porque no nos constaba este estado. Mucho menos que era “el teporochito del pueblo” como los firmantes lo señalan, porque no lo conocemos. En todo caso si estaba alcoholizado o no, no es lo importante, sino que estaba armado, que estaba merodeando el acto de la Caravana por la Paz, y que muchos de los asistentes sintieron temor ante la presencia de este hombre. 5.- No es verdad que el fotógrafo Germán Canseco haya dicho que fue él quien le pidió al hombre que le enseñara el arma que portaba detrás de la chamarra. Mienten los que suscriben la carta. Fue el hombre quien lo retó a que le tomara las fotos con el arma fajada en un pantalón corto y como testigo de este hecho está otro caravanero, Fernando Díaz, que estaba presente en el momento en que ocurrieron los hechos. 6.- Los comentarios de que era un arma de juguete fueron de una señora de la caravana, no de los oficiales que lo detuvieron y recogieron la pistola tipo escuadra que se muestra con claridad en las fotos que acompañan el texto. 7.- En ningún párrafo de la nota se indica que los padres del menor de edad que vio al hombre armado fueron los que reportaron a las autoridades. 8.- Tampoco en ninguna parte del texto se criminaliza al hombre armado ni se le culpabiliza. Esas son funciones de la autoridad correspondiente y no de los reporteros. Fue en ese sentido que se les comentó a los dos caravaneros que “no somos ministerio público”. 9.- En ningún momento ha habido por parte del reportero y del fotógrafo la intención de criminalizar al hombre que mostró el arma. Por eso se nos hizo fundamental mostrar la foto para que el público observara directamente al personaje, para evitar calificativos o adjetivos. 10.- Para finalizar, reiteramos que cada uno de los elementos de la información contenidos en la nota fueron constatados presencialmente y que ninguno de ellos fue tergiversado o magnificado para “crear la percepción de que la caravana ha estado amenazada”, como dicen los dos firmantes de la carta. Sólo se hizo lo que todo reportero hace: reportar hechos sin calificar y mucho menos criminalizar a las personas. Firman: José Gil Olmos, reportero Germán Canseco, fotógrafo

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