Rinden homenaje a víctimas de la masacre de Creel

viernes, 17 de agosto de 2012
CHIHUAHUA, Chih. (apro).- Con el dolor a cuestas, algunos enfermos de cáncer, diabetes y depresión, los deudos de las víctimas de Creel salieron a la calle para recordar a sus muertos a cuatro años de su trágica partida. “Hace cuatro años, a esta misma hora, esto era una tragedia. Los cuerpos estaban tirados por todas partes y cuando terminaron de levantar todos los cuerpos, se vino un aguacero, pero fuerte, parecía que Dios quería limpiar un poco de lo que sucedía. Era un reguero de sangre por todos lados”, recuerda, afligida, la tía de Kristian Loya Ortiz, joven de 22 años que, de existir, en unos días se graduaría de la carrera de arquitectura. Por primera ocasión en los cuatro aniversarios luctuosos, el Ejército Mexicano se unió a la marcha para escoltar a los dolientes, unos 300. Alrededor de la parroquia de Creel, donde se reunieron para iniciar la marcha, pasaban constantemente unidades de la Policía Estatal Única y municipales. “¿Qué hacen aquí ahora? Ahora sí, pasan y pasan, pero hace cuatro años ninguno se apareció, hasta les abrieron el camino para que pasaran. Les dijimos que los culpables estaban en Sisoghichi y no hicieron nada. ¿Para qué vigilan ahora?”, murmuran, indignadas, tres mujeres que perdieron a sus familiares en la masacre de Creel. Los familiares directos, padres y esposas de los hombres masacrados, coinciden en que el dinero que les dieron de indemnización –36 mil pesos por familia--, no es suficiente para pagar una vida. Consuelo Mendoza, madre de Daniel Alejandro Parra Mendoza, quien tenía 20 años de edad cuando fue asesinado, manifestó que el dinero que le dieron no vale una vida, nadie le regresará a su hijo. Connie Encinas, esposa de Édgar Alfredo Loya Ochoa y madre Édgar Arnoldo Loya, de año y medio de edad, rumia su dolor. Dice que es una mentira que la Fiscalía General del Estado los haya indemnizado, Aclara que el dinero que les entregaron las autoridades estatales es por la reparación del daño que le correspondía pagar a Jorge Salvador Villa Cruz, liberado el 2 de marzo pasado, como testigo protegido. “Nos dieron el dinero por dejar en libertad a uno de ellos, por la reparación de daños. Si hubiera sido sólo indemnización no se los aceptamos, no es cierto que fue indemnización. Aceptamos la reparación del daño porque sabemos que si no lo hacemos, se lo queda la fiscalía”, dice. El dinero se los entregó el fiscal de la Zona Occidente, Jesús Chávez Sáenz, en ciudad Cuauhtémoc, ubicada a tres horas de Creel. Para Connie, la única manera de enfrentar tanto dolor fue apoyarse en su familia y la espiritualidad, la fe en Dios. No atina a explicar lo que ha vivido en los últimos cuatro años, ni a entender cómo lo ha enfrentado, sólo sabe que lo que la mueve es la fe. Óscar Loya, papá de Kristian, expresa que el grupo de familiares se ha sostenido, ha sido su gran apoyo para enfrentar el cáncer de garganta. “Creel está muerto desde hace cuatro años, no se ha vuelto a levantar desde la masacre, ni siquiera económicamente”. Loya operaba cuatro agencias americanas de turismo que no han tenido éxito en estos últimos años. El sacerdote Javier Ávila dio a conocer que este año hubo más afluencia de turismo pero sólo nacional, no han podido recuperar al turismo extranjero. Noé Armendáriz, quien perdió a su hijo de 18 años, Daniel Armendáriz Galdeán, aun no logran comprender lo que le sucede, lo que viven. Sus amigos y su familia, han sufrido alteraciones fuertes en su salud, desde insomnio, depresión, hasta cáncer y diabetes. Armendáriz es comerciante, tiene dos hijas más, Mayra y Yuriana, esta última ha liderado el grupo de deudos en diferentes manifestaciones en el país. Como miles de familiares de víctima contra el narcotráfico, se ha convertido en investigadora y defensora, como las familias de los hombres masacrados. La tarde de ayer a las 18:00 horas, todos ellos emprendieron la marcha por cuarto año consecutivo. Esta ocasión no llevaron ataúdes porque los quemaron el año pasado, hartos de pedir justicia sin respuesta; tampoco llevaron las cruces que cargaban otros años, porque las dejaron en la Plaza de la Paz, construida como memorial para recordar aquella tragedia. Sólo colocaron ofrendas florales en los trece pilares del memorial en la plaza. Al concluir la procesión, el padre Ávila celebró una misa en el lugar, en la que llamó a apostarle a la memoria porque es más grande que el olvido, al que le apuestan las autoridades.

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