Exige Caravana en Washington que EU deje de respaldar guerra antinarco

lunes, 10 de septiembre de 2012
WASHINGTON, D.C. (apro).- El poeta Javier Sicilia y la Caravana por la Paz se pararon frente a la Casa Blanca para exigir al gobierno de Barack Obama poner fin a la guerra contra las drogas y la venta indiscriminada de armas. “Obama escucha, estamos en la lucha”, “Fin a la guerra contra las drogas, ni una muerte mas”, fueron algunas de las consignas del centenar de personas que junto a Sicilia hicieron un recorrido frente a la Casa Blanca. “Venimos a pedir al gobierno de este país que asuma con mayor responsabilidad y conciencia su papel en el combate al consumo de drogas y al tráfico y venta de armas”, dijo Sicilia. La Caravana por la Paz, que inició su recorrido por 25 ciudades de Estados Unidos el pasado 12 de agosto y que concluirá este miércoles, expuso en la capital estadunidense el dolor de los familiares de los más de 60 mil muertos que ha dejado, en lo que va del sexenio de Felipe Calderón, la lucha militarizada contra el narcotráfico y el crimen organizado. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, gritó frente a la Casa Blanca el casi centenar de afectados por la guerra contra las drogas, que junto con Sicilia llegaron a Washington, D.C. Antes de desfilar frente a la residencia del presidente de Estados Unidos, Sicilia y los integrantes de la Caravana se reunieron con líderes sindicalistas de la agrupación AFLCIO. En el edificio del gremio sindical, ubicado a unos 100 metros de la Casa Blanca, Sicilia dijo que su movimiento de crear conciencia  entre la sociedad estadunidense no es para atacar los derechos de aquéllos, como el de adquirir y portar armas de fuego, estipulado en la Segunda Enmienda. Aclaró que su petición y la de las miles de víctimas de la lucha contra las drogas, es simplemente modificar sus legislaciones para controlar la venta indiscriminada de todo tipo de armas y, sobre todo, que la Casa Blanca deje de respaldar una lucha militarizada contra el trasiego de drogas, cuyas consecuencias fatales las ha pagado el pueblo mexicano. En la sede del AFLCIO, Cathy Feingold, la directora del Departamento Internacional del gremio sindical, dio la bienvenida a los integrantes de la Caravana por la Paz; pero en su discurso para recibir a Sicilia destacó como un ejemplo de lucha de los mexicanos a Napoleón Gómez Urrutia, el líder del sindicato de mineros mexicanos, provocando con ello la ira de muchos de los que acompañan al poeta por su recorrido por Estados Unidos. “Son chingaderas que en un acto como éste nos hable de un corrupto, no se vale”, dijo una señora que muy enojada se salió del salón donde Feingold recibió a Sicilia. Después del recibimiento conflictivo en el AFLCIO, la Caravana por la Paz, con Sicilia al frente, inició su recorrido frente a la Casa Blanca. Las pancartas en inglés de “no more war on drugs” (no más guerra contra las drogas), eran la bandera de los marchistas, quienes, además, traían fotografías de sus familiares desaparecidos o asesinados por la guerra militarizada de Calderón y respaldada por la Casa Blanca y el Congreso federal estadunidense. Los habitantes de la capital de Estados Unidos vieron pasar a la Caravana por la Paz como otro acto más de manifestantes –nacionales e internacionales— que en esta ciudad son cosa de todos los días. La de Sicilia no llamó mucho la atención por su escasa participación. El recorrido de unos 600 metros, desde donde arrancó, hasta la Plaza de la Libertad, donde terminó, fue muy rápido: apenas 17 minutos. En la Plaza de la Libertad, ubicada entre la calle 16 y la 17, a un lado del viejo edificio de la alcaldía de la capital estadunidense, Sicilia y los integrantes de la Caravana fueron recibidos por grupos religiosos defensores de los derechos humanos de los centroamericanos, y uno que otro de los mexicanos. “Les trajimos pupuzas (una especie de sope, que es uno de los bocadillos tradicionales de El Salvador), agua, arroz y chiles. Bienvenidos hermanos”, les dijo una pastora luterana. Con el domo del Capitolio al fondo, Sicilia y sus seguidores repitieron las demandas que ya habían hecho frente a la Casa Blanca. Sicilia y la Caravana por la Paz permanecerán tres días en Washington para terminar este miércoles su recorrido por Estados Unidos. Antes de su llegada al edificio del AFLCIO, Sicilia se reunió en privado con Emilio Álvarez Icaza, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). Este martes, durante su segundo día en Washington, Sicilia participará en un evento para hablar del problema del narcotráfico, organizado por el Centro Woodrow Wilson; por la tarde, en otro, ahora auspiciado por la Oficina para América Latina (WOLA), dedicada a la defensa de los derechos humanos. Antes del segundo foro, Sicilia se reunirá con Arturo Sarukhán, el embajador de México ante el gobierno de Estados Unidos, y mientras habla con el diplomático, los de la Caravana entregarán un pedazo de un arma que está incrustado en un bloque de cemento. Sicilia indico que aquí en Washington dejarán cinco bloques de cemento similares al que dejaron en la embajada de México, uno de los cuales, por medio de WOLA, se enviará a la Casa Blanca. El poeta mexicano dijo que desconoce si durante su estancia en Washington será recibido por legisladores federales estadunidenses, o por algún funcionario de la Casa Blanca. Se había adelantado que a Sicilia lo recibiría una funcionaria de la Oficina de Asuntos Hispanos de la Casa Blanca, pero no dentro de la mansión presidencial, y ni siquiera por su titular, Cecilia Muñoz. “Todavía no sabemos con quién nos vamos a reunir y si nos vamos a reunir con congresistas o gente de la Casa Blanca, eso lo está coordinando la gente de WOLA”, declaró Sicilia.

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