"Por electorera", Solalinde descalifica reforma migratoria de EU

martes, 16 de abril de 2013
MEXICALI, B.C. (apro).- El sacerdote Alejandro Solalinde Guerra descalificó el proyecto de reforma migratoria que se trabaja en el Senado de Estados Unidos porque, a su juicio, “su móvil es electorero”. Ante investigadores, universitarios y defensores de los derechos humanos, Solalinde, fundador del refugio para inmigrantes “Hermano en el Camino”, con sede en Ixtepec, Oaxaca, criticó que la reforma migratoria de Estados Unidos “no es fruto de una conciencia, mucho menos de una solidaridad”. Dicha reforma, agregó el sacerdote, “corresponde a una decisión pragmática, ya que su móvil es electorero”. Solalinde participó en una conferencia sobre migración y derechos humanos en esta ciudad fronteriza, donde convocó a una marcha por la defensa de los inmigrantes que saldrá el 30 de abril desde la frontera de Mexicali-Calexico hacia la capital de Estados Unidos. A juicio del sacerdote, el gobierno de Barack Obama y los legisladores estadunidenses no se han dado cuenta de que es más fácil hacer un proyecto de plan de desarrollo integral de Centroamérica, México y Estados Unidos que estar poniendo estos muros que son inservibles. Sin embargo, destacó que hay cambios en la política migratoria de Estados Unidos porque las autoridades de ese país reforzaron la línea de seguridad, mientras que el gobierno de México sigue siendo subordinado del gobierno estadounidense. En el pasado, los presidentes George Bush y Felipe Calderón eran lo mismo pues Dios los hace y ellos se juntan, explico, ahora es igual e inclusive ha aumentado el número de inmigrantes repatriados a nuestro país. Solalinde dijo que el gobierno de Enrique Pena Nieto pretende dar buenos resultados “a su patrón que es Estados Unidos” para aumentar el número de deportados. “Los priistas son gobiernos que más han dificultado el trabajo de las organizaciones de derechos humanos, aunque hay buenos priistas, los gobiernos del PRI son los que más nos han hecho sufrir”, recordó. Solalinde encabezará caravana José Velázquez y Margarita Torres son dos mexicanos que décadas atrás emigraron a Estados Unidos en busca de un mejor futuro, sin embargo, hace uno y dos años, respectivamente, fueron deportados a nuestro país sin asesoría jurídica, dejando tras de sí a sus familias. Pese a ello, ambos se integraron al movimiento Acción Migrante que busca que la reforma migratoria que están impulsando legisladores estadunidenses incorpore como fundamento básico la unión de las familias que están divididas por las deportaciones masivas. Marco Antonio Castillo, presidente de la Asociación Popular de Familiares de Migrantes, encabezó este martes una rueda de prensa en la que sostuvo que las historias de José y Margarita son reflejo de la “tragedia humanitaria” que viven los deportados. “La propuesta de reforma migratoria lo que está poniendo sobre la mesa es la seguridad nacional antes que la seguridad de las familias”, denunció. Castillo es uno de los impulsores del movimiento Acción Migrante que integra a organizaciones sociales, artistas, intelectuales y población binacional que busca incidir en las decisiones políticas de Estados Unidos para regularizar la situación migratoria de millones de personas. La campaña, que inicia este miércoles 17 y culmina el domingo 5 de mayo, tiene entre sus acciones realizar manifestaciones en Estados Unidos y México durante la próxima visita del presidente Barack Obama a nuestro país, prevista para el viernes 3. También se prevé realizar una caravana por 25 ciudades en México y Estados Unidos, la cual estará encabezada por el sacerdote Alejandro Solalinde. Según Castillo, en los últimos 10 años “un millón y medio de personas han sido deportadas a México, sus familias se han visto desarticuladas, en tanto que en estos momentos, de los 31 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, 6.6 millones están a la espera de que su situación migratoria sea regularizada”. El activista aseguró que durante el gobierno de Obama se registró el mayor número de detenciones y deportaciones de migrantes irregulares en México. Además destacó que mientras miles de personas de origen mexicano exigen la regularización, “el gobierno de México se ha mostrado más bien neutral”, pese a que la propuesta de reforma migratoria en Estados Unidos prevé construir más barreras en la frontera con México. “Pedimos al gobierno de México que sea más activo en su cabildeo en Estados Unidos, que comprenda que es necesario que se humanice la reforma migratoria, que está diseñada de acuerdo con intereses de seguridad nacional”, añadió Castillo, quien reconoció que en México a las organizaciones de migrantes se les ha dado cabida con sus propuestas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Castillo señaló que del análisis de la propuesta de reforma se desprende el repudio a los programas de “empleo temporal”, porque se trata de “un modelo laboral sin derechos ni libertades fundamentales, cuya aplicación en Canadá ha sido ampliamente criticada por considerarse un esquema de esclavitud moderna”. Mientras tanto, las deportaciones continúan en el país del norte, “separando a hijos de sus padres”, acusó Castillo, quien insistió en que José y Margarita son ejemplo de esas historias trágicas. José llegó a Estados Unidos invitado por un tío que en Los Ángeles, California, tenía una empresa de demolición. “Trabajé con mi tío y después me fui a San José. Allá conocí a mi esposa, aprendí inglés y tuve un hijo que ahora tiene siete años”. José fue detenido luego de ser multado por carecer de licencia de conducir. “Estuve haciendo un servicio comunitario arreglando un parque  y, un día antes de que terminara, me fueron a ver unos policías para decirme que tenía un problema con migración”. Al igual que Margarita, José dijo que careció de asistencia judicial y que no sabía que al firmar su deportación voluntaria complicaba más su eventual retorno a San José. “Mi esposa es americana, y cuando nos casamos empezamos a tramitar los papeles para regularizarme, pero me dijeron que tenía que regresar a México para que ella me pidiera, aunque tenían que pasar mínimo cinco años, porque no me perdonaban que hubiera entrado ilegal”, contó. Enseguida agregó que “cuando firmé el papel no me dijeron que ahora era más difícil hacer el trámite; con mi hijo sólo tengo llamadas telefónicas que me dice que ya quiere verme, que me regrese, es muy duro”, narró José. Margarita Torres compartió: “Llegué con mi niña de tres años y uno de un año, tuve otros tres hijos allá. Durante 20 años trabajé en la pizca de frutas y verduras en Estados Unidos, a lo mejor algunos de esos alimentos estuvieron en la mesa de quienes nos sacaron del país al que llegamos, porque en México nomás no la hacíamos, éramos muy pobres”. Transcurridos ya dos años de su deportación, Margarita explicó cómo fue que la detuvieron: “Yo vivía en Washington y, después de pizcar manzana, llegaron unos policías a mi casa, decían que buscaban a un criminal y que tenían que entrar y, como decimos en México, ‘el que nada debe, nada teme’, los dejé entrar. “Entonces observé que eran del ICE (Innmigration and Customs Enforcement) y ya ahí me pidieron mis papeles y de toda mi familia”. La mujer permaneció detenida durante cinco semanas al igual que su hijo de 19 años. “Me pidieron que firmara mi deportación voluntaria, yo les pedí que si nos iban a sacar a mí y a mi hijo, nos sacaran juntos, porque él no conocía México, y yo les dije que me lo iban a matar nomás que pisara suelo mexicano; me llevaron a mi hijo y sólo así firme”, contó Margarita. En su casa en Washington quedaron su esposo y cuatro de sus hijos. A los pocos meses de llegar a México, le fue enviada su hija de ocho años, quien aunque tiene la ciudadanía estadunidense “no quería comer ni ir a la escuela cuando a mí me sacaron. Todos estamos muy tristes, mis hijos que están estudiando allá dicen que nomás que terminen la escuela se vienen conmigo, pero yo les digo que a qué se vienen, si aquí no hay trabajo”. (Con información de Gloria Leticia Díaz)

Comentarios