Recorren migrantes ruta de vejaciones, abusos e impunidad

domingo, 26 de mayo de 2013
COATZACOALCOS, Ver. (proceso.com.mx).- Durante 72 horas una treintena de hondureños esperan ansiosos el paso de La Bestia, el tren de la ruta migratoria que los llevará a su próxima parada en el municipio de Tierra Blanca, Veracruz. Mientras esperan, narran el viacrucis, las múltiples vejaciones y abusos que ellos o sus connacionales sufren en su trayecto hacia Estados Unidos. Hondureños procedentes de Lempira, Colón, Copán, Comayagua o de alguno de los 18 departamentos y 298 municipios de la nación catracha aguardan con impaciencia el arribo del convoy. En tres días no han podido subirse a La Bestia. El jueves el monstruo de acero no pasó, el viernes arribó uno pero cargado de compuestos químicos, lo que los obligó a desistir. Y en esa larga espera hay un temor fundado entre los catrachos: El Pájaro, líder de un grupo criminal de quien todos saben opera con un grupo de gatilleros para asaltar, extorsionar y golpear migrantes a cambio de dinero. Jesús comenta que en Chiapas ya los estafaron, pues una combi que debía llevarlos hasta Palenque les cobró 350 pesos por persona por un trayecto de 300 kilómetros y, tras recorrer sólo 100, los obligó a bajarse con el pretexto de que había una patrulla migratoria. “Tuvimos que caminar todo el día, de 4 de la tarde a 12 de la noche para poder reincorporarnos a la ruta del tren”, explicó Jesús. Su caso no es único, pues otras decenas de hondureños ya fueron víctimas de la delincuencia organizada. Ante la presencia del Grupo Beta del Instituto Nacional de Migración (INM) y de miembros del Movimiento Migrante Mesoamericano, los migrantes bajan la voz y aseguran que ya pagaron un “dinero” para que la mafia los deje de molestar. “Aunque la verdad, padre –jerga centroamericana que significa camarada o amigo–, no todos han pagado, por eso es tanto temor a que al rato nos vaya a caer un grupo armado”, señalan. La Misión de Observación de la Ruta Migratoria se concentró en los bajos del Puente Verde, entre General Anaya y avenida 1 del municipio de Coatzacoalcos, sitio de refugio de los migrantes. Ahí, Rubén Figueroa, integrante del Movimiento Mesoamericano, asegura que Coatzacoalcos es la puerta de entrada a la mafia que somete a vejaciones a los migrantes, con total indiferencia y complicidad de las autoridades estatales y federales. “Coatzacoalcos es la puerta de entrada al crimen autorizado”, indica Figueroa y añade que en muchas ocasiones han denunciado a las autoridades que en ese municipio el líder de la delincuencia organizada es un sujeto apodado El Pájaro. “Lo conocemos, le hemos tomado fotos, tenemos sus tatuajes, a las autoridades les hemos dicho su número de celular; manda mensajes o hace llamadas para extorsionar y nadie lo ha aprehendido”, se queja. Figueroa agrega que esta situación se replica en el resto de los estados del sureste mexicano. Afirma que tan sólo en lo que va del año, el Movimiento Migrante Mesoamericano ha apoyado a unas 30 personas para interponer denuncias penales ante la PGR y la Procuraduría de Justicia local pero hasta hoy ha habido nulos resultados. Es sábado por la tarde. Cerca de 30 hondureños esperan en los bajos del puente. Ahí, familias caritativas, grupos de Boy Scouts y representantes de la Iglesia hacen labor social les ofrecen comida, agua y en ocasiones ropa limpia. El Grupo Beta del INM lleva pastillas para el dolor de cabeza y antibióticos, así como trípticos para que estas personas conozcan sus derechos y sobre todo los riesgos a los que se exponen. La mayoría de los viajeros de Coatzacoalcos tiene como destino Florida, Virginia, Tennessee, ciudades en donde ya radican familiares hondureños, quienes les ofrecen apoyo una vez que logren cruzar la línea fronteriza de México. Pero esta ruta, al menos en los estados de Veracruz, Tabasco, Chiapas y Tamaulipas, encierra múltiples peligros.

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