Muere madre que buscaba a su hijo, un policía federal desaparecido

jueves, 16 de octubre de 2014
MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).- Margarita Santizo falleció esta mañana en el hospital Xoco de la ciudad de México; no sobrevivió al cáncer en el hígado que padecía. Ella es madre del policía federal Esteban Morales Santizo, desaparecido en Michoacán en 2009, y a quien se dedicó a buscar los últimos años de su vida. La mujer era tortillera jubilada y vivía en Chalco. Tuvo que dedicarse a limpiar casas para financiar la búsqueda de su hijo. Antes de morir pasó por varios hospitales por problemas en los cálculos renales hasta que le detectaron cáncer. Su testimonio fue publicado en Proceso en el reportaje “Para los federales, desdén y olvido”, en el que ella (junto con otros familiares de policías desaparecidos durante la llamada “guerra contra el narcotráfico”) narró que desde la desaparición de su hijo se animó a hacer público su caso cuando vio cerca el fin de sexenio. Entonces, por fin pudo decir en voz alta: “Mi hijo Esteban Morales Santizo desapareció cuando tenía 28 años. Fue el 3 de diciembre de 2009 en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Es policía federal; desapareció con dos compañeros”. [gallery type="rectangular" ids="384987,384986"] Al ir a la base de la Policía Federal en Iztapalapa a pedir noticias sobre su hijo encontró a otras madres con su misma angustia y se integró con ellas al Movimiento por la Paz. Hasta ese momento en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), dirigida entonces por Genaro García Luna, la habían asustado para que no denunciara. Ella se opuso a la instrucción que les dieron a todos los familiares desde la dependencia: “A sus familiares declárenlos muertos”. “Si los declaran muertos ya no los van a buscar”. Ese era su temor, dijo llorando en la entrevista que dio en diciembre de 2012. “Yo pido que sigan buscando a mi hijo, si es que un día lo buscaron, y que no lo dejen olvidado, que no digan ‘caso cerrado’… Porque para mí mi hijo no está muerto”. Margarita Santizo, al igual que otros familiares de policías federales desaparecidos, tuvo que caminar por los nebulosos pasillos de la burocracia de la SSP, donde se negaba información a las familias. En todos los casos las familias avisaron de la desaparición a la base policiaca antes de que la policía les avisara a ellas. Recibieron por explicación que los desaparecidos se “evadieron” del servicio y además fueron tratados como traidores. Únicamente ante la insatisfacción por esa respuesta y el reclamo de que buscaran a sus familiares, los mandos policiacos se vieron obligados a presentar las denuncias penales por desaparición. En esta nota recuperaremos la historia que la señora Santizo narró para aquella entrevista: Cuando la señora Santizo acudió con las esposas y madres de los policías Gustavo Sánchez González y Prisciliano Gómez Jacinto –compañeros de sus hijos-- a denunciar a la base de Contel, en Iztapalapa, que sus familiares habían desaparecido en Uruapan, les dijeron: “No cuenten nada a sus vecinos, no vayan a Michoacán a buscarlos, no digan nada, porque pueden meterlos en peligro”. “Siempre nos metieron miedo”, señaló. Llama la atención en el expediente de los cabos Santizo, Sánchez y Gómez que aunque las señoras denunciaron la desaparición el 4 de diciembre de 2009, no fue sino hasta el día 9 cuando el comandante Guillermo Francisco Sánchez Mora puso la denuncia penal en Lázaro Cárdenas. “De la PF nos mandaron llamar para que hiciéramos el trámite de presunción de muerte. Pero no me sirve de nada. Yo lo que quiero es justicia. Con el corazón en la mano suplico que si tienen a mi hijo en un lugar, se apiaden de mí y lo suelten. La vida para mí no es igual. La marca es para siempre. Se van las fuerzas de vivir. Ojalá se les ablande el corazón y lo suelten”, dijo llorando. Aunque recorrió todos los caminos posibles, el último eslabón al que acudió fue a Províctima, la procuraduría creada por Felipe Calderón, donde le indicaron que fuera a Michoacán a conseguir pruebas y que pidiera a la PF el expediente del caso de su hijo que siempre le han negado. En marzo, en el marco del aniversario del Movimiento por la Paz, Margarita Santizo puso la placa de su hijo en el piso de la Estela de Luz con otros miembros del movimiento. Por las hospitalizaciones en Chalco, antes de que le detectaran el cáncer, la familia quedó con una deuda de más de 150 mil pesos. Varios periodistas intervinieron para exigir que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas atrajera su caso y financiara sus gastos médicos. En enero de este año, ella y el padre de Esteban fueron a buscar a su hijo a Michoacán. Los miembros de la PF siguieron en su mutismo. Estuvieron en la procuraduría estatal; nunca les dieron informes sobre las investigaciones. Margarita Santizo murió esperando a que su hijo regresara.

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