El narcotráfico, una "lápida sobre nuestros hombros": Poniatowska

viernes, 25 de abril de 2014
MÉXICO, D.F., (apro).- En un desayuno con políticos, empresarios y periodistas efectuado en el Casino de Madrid, España, Elena Poniatowska, la cuarta mujer en obtener el Premio Cervantes, habló de todo un poco, del narcotráfico y de la despenalización del aborto en México, de Cuba y Venezuela, del lenguaje, del papel de la mujer hoy en día y de su legado. Sin las ataduras que marca el protocolo, la escritora mexicana lamentó la orgía de sangre y muerte en México provocada por la guerra contra el narcotráfico. “Es una lacra que no hemos podido superar, el narcotráfico es una lápida sobre nuestros hombros”, confesó. Flanqueada por el director de la Real Academia de la Lengua, José Manuel Blecua, la novelista mexicana defendió también el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, en respuesta a una pregunta que le hizo uno de sus anfitriones sobre el controvertido tema del aborto. “La única que debe decidir sobre su cuerpo es la mujer”, subrayó. En medio del bombardeo de preguntas, hubo una a la que le dedicó más tiempo, la lengua castellana. “Todo lo que enriquezca a la lengua no hay que rechazarlo, pero yo sí me alegro de algunas palabras que van a morir. Me refiero a las denigran y son despectivas con la gente, como las palabras naco y naquiza, que, afortunadamente, en México están desapareciendo”. Y de paso defendió el buen uso del lenguaje al afirmar que la ortografía es pieza fundamental para ello, contrario a lo que opinaba el recientemente fallecido escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien en un coloquio celebrado en México propuso desaparecer la gramática. En la tertulia, Poniatowska habló también de Cuba y de Venezuela. Del primero recordó el momento que vivió con la entrada de los guajiros a La Habana tras el triunfo de la Revolución y del segundo dijo que el presidente fallecido Hugo Chávez fue un personaje “único en la historia”, que supo hacer el bien a los “más pobres de Venezuela” pero que también creó a su alrededor un sistema que “me asusta”. Acerca de su legado, reiteró que se quedará en México pese a las ofertas que ha recibido de prestigiosas universidades como Princeton para llevarse su archivo, su biblioteca y sus cartas. “Así se fue el tesoro de Paz y de Fuentes, pero el mío no”, advirtió. Poniatowska participó luego en un encuentro organizado por Nueva Economía Fórum con motivo del Premio Cervantes de Literatura 2013. Ahí, la novelista presumió a México como “el gran país de América Latina”, sin embargo, reconoció “falta todavía” para que las mujeres, principalmente las niñas, tengan las mismas prioridades que los hombres. La autora de Tinísima y La piel del cielo, entre otras obras, confió en que el país resolverá muchos de los problemas que lo aquejan, como la desigualdad y la inequidad de género. Ante representantes de los gobiernos de México y España, Poniatowska explicó que las cosas han cambiado en los últimos años en México, pues ahora muchas mujeres, dijo, "han podido acceder a la educación, las mujeres indígenas de Chiapas ya deciden a qué hombres quieren amar”. Antes, añadió, a esas mujeres se les cambiaba por un garrafón de alcohol, pero en el siglo XXI eso “es una infamia". La escritora destacó el papel de las consortes de los presidentes, y lamentó que en muchos casos, como Michelle Obama, por ejemplo, "no puedan salir del florero” para crecer, “y eso es algo en lo que no colaboran los hombres y su papel está determinado desde que llegan al poder". Eso, dijo, contrasta con el caso de la canciller alemana Angela Merkel. Esa mujer “es un ejemplo porque pensamos en ella como hacedora, no como florero, y las mujeres tienen que salir de ese florero". Añadió: "Hay muchas mujeres ya en la política, y cuesta romper prejuicios en sociedades, como en las latinoamericanas. Se salen del florero y en algunos momentos se les ha considerado como locas. Ha sido muy arduo para las mujeres". Sobre la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, manifestó que a ella "la quiere su pueblo y por eso fue reelegida, porque cumplió como debía de haber cumplido". El pasado miércoles 23, cuando recibió el Premio Cervantes, Elena Poniatowska se definió como “una Sancho Panza femenina”, y aunque “no puedo hablar de molinos”, dijo, camina “al lado de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bola del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena aventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan”. En el acto solemne encabezado por los reyes Juan Carlos I y Sofía, celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, la escritora mexicana pronunció un emotivo discurso donde resaltó el papel de los mexicanos de a pie. Tuvo palabras para Rosario Ibarra de Piedra y su lucha en contra de una nueva forma de tortura, como la desaparición de personas, y también se refirió a las mujeres de Chiapas. “Antes humilladas y furtivas, declararon en 1994 que querían escoger ellas a su hombre, mirarlo a los ojos, tener los hijos que deseaban y no ser cambiadas por una garrafa de alcohol”.