Mujeres requieren más empleo y mejor sueldo: ONU

lunes, 27 de abril de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- En México, el trabajo doméstico y la atención a niños y ancianos, ambos no remunerados y generalmente realizados por mujeres, alcanza un valor económico de 21% del Producto Interno Bruto (PIB), reveló un amplio informe que publicó hoy la Oficina para las Mujeres de la Organización de las Naciones Unidas (ONUM). Si recibieran un sueldo por el trabajo doméstico y la atención a sus familiares, las mujeres generarían más valor que la industria manufacturera, así como otros sectores productivos mexicanos como el comercio, el mercado inmobiliario, la minería o la construcción, entre otros. “Las opciones de empleo de una mujer están ampliamente limitadas por expectativas sociales que la amarran a la responsabilidad de realizar trabajo doméstico y de cuidar a sus cercanos sin recibir un sueldo”, estimó la ONU Mujer al subrayar que pese al creciente acceso de ellas a la educación en el mundo, los estereotipos de género siguen afectando a sus condiciones laborales. Así, según el informe, 15% de las mujeres quienes tienen una ocupación remunerada en América Latina y el Caribe realizan trabajos domésticos. Esfuerzos insuficientes En 2014, observa el informe, las constituciones de 143 países garantizan la igualdad entre mujeres y hombres; 132 países establecieron a 18 años la edad mínima para casarse; 119 cuentan con una legislación que penaliza la violencia doméstica, y 125 adoptaron textos para reducir el acoso sexual. Asimismo, 59 países avalaron leyes sobre igualdad de salarios a trabajo equivalente; 125 penalizan el acoso sexual en el trabajo; 128 garantizan la igualdad de derechos en términos de propiedad, y 112 aseguran la igualdad entre hijo e hija en el momento de heredar. Sin embargo, la ONUM señaló que a todos los países del mundo todavía les hace falta brincar de la “igualdad formal” –que queda plasmada en leyes y políticas– a la “igualdad sustantiva”, la cual supera los estereotipos, las estigmas o las prácticas y normas sociales amarradas a las estructuras patriarcales de las sociedades y particularmente en los países regidos con reglas religiosas. De hecho, la ONUM planteó que “la igualdad ante la ley no basta para asegurar que las mujeres gocen de sus derechos: desigualdades de poder, obstáculos estructurales, así como prácticas y normas sociales discriminatorias, deben ser removidos”. En consecuencia, por el mismo puesto de trabajo una mujer recibe un ingreso 24% inferior al que percibe un hombre en promedio a nivel mundial, mientras que 75% de las mujeres en los países más pobres labora en un entorno informal. En México, que se encuentra en el promedio mundial, se redujo la brecha debido al aumento de los ingresos de las mujeres, por una parte, pero también por la estancamiento del salario promedio de los hombres. La ONUM destacó que el programa de redistribución Próspera es eficiente para reducir las brechas de género –tanto a nivel de empoderamiento económico como social y político--, pero observó que genera “el resentimiento y la falta de entendimiento de los no beneficiados ante el proceso de selección y su exclusión del programa, lo cual desemboca en tensiones sociales y divisiones entre las comunidades”. Las leyes tampoco acabaron con la violencia: según el reporte, una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia sexual en su vida, generalmente perpetrada por su pareja. Según el informe, sólo 22% de los cargos políticos en los países del mundo en promedio están ocupados por una mujer. “El poder de las normas sociales es tan fuerte que a veces las mujeres no reclaman sus derechos legales ante la presión que ejercen las expectativas sociales sobre ellas”, se alarmó el organismo internacional. Además, las mujeres y las niñas siempre se encuentran en primera línea de las tragedias, como los conflictos militares o las guerras civiles, las crisis económicas y las medidas de austeridad, la volatilidad de los precios y de la energía o los efectos del cambio climático, entre muchos. En América Latina, las mujeres indígenas tienen dos veces más probabilidades de no saber leer ni escribir que las no indígenas. En el mundo, 83% de los 53 millones de trabajadores domésticos estimados son mujeres; la mitad de ellas no percibe el salario mínimo y una tercera parte de ellas no goza de ningún derecho laboral. En cambio, en Estados Unidos sólo 36% de los cirujanos son mujeres. En contraste, 90 de las enfermeras son mujeres. A escala mundial, sólo una tercera parte de los directivos de empresas son mujeres.  

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