Prevén que menos mexicanos emigren a EU en los próximos años

martes, 8 de septiembre de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- México se encuentra en vísperas de una transición migratoria: en los próximos años, el tránsito por el país y la recepción de migrantes –la mayor parte de ellos retornados– incrementará, mientras la migración irregular de mexicanos hacia Estados Unidos disminuirá, anticipó hoy Andrew Selee, vicepresidente del Woodrow Wilson Center. En el marco de la Conferencia Metrópolis 2015, encuentro internacional dedicado a la migración, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Palacio de Minería, Selee aseveró que “México está dejando de ser un país de alta emigración”. Si bien reconoció que el país “está lejos de resolver sus problemas económicos”, explicó que los altos costos cobrados por los traficantes a cambio de cruzar la frontera –alrededor de cinco mil dólares–, junto con el peligro que representan los grupos criminales y la amenaza para los migrantes retornados de ser encarcelados al intentar un nuevo cruce de manera irregular, desincentivan la migración. Además, dijo que la transición demográfica por la que pasa México reduce el número de niños en los hogares lo que, a su vez, disminuye las necesidades de migrar de manera irregular hacia Estados Unidos. Jorge Durand, codirector del Mexican Migration Project, expuso que un estudio que realizó en comunidades de la región de los Altos de Jalisco determinó que los 200 pesos de salario mínimo que reciben los obreros agrícolas inhiben la migración irregular. “Además hay un importante trabajo femenino en la región y con el salario de dos personas la gente ya no se va, cuando antes salía de manera masiva a Estados Unidos”, planteó el académico. Y añadió que “ahora (en la región) son familias de dos o tres hijos, antes superaban a veces los diez”. Aun así, más de 12 millones de mexicanos viven actualmente en Estados Unidos. La mitad de ellos tiene documentos que respaldan su estancia, la otra se encuentra en situación irregular. Retornados y centroamericanos Durand comentó que México debe poner en marcha políticas públicas hacia los retornados, cuyo número se incrementa cada año. Los más jóvenes, explicó, crecieron la mayor parte de su vida en Estados Unidos, hablan español pero no lo escriben. Al llegar a México, muchas veces son redirigidos hacia el pueblo de origen de sus padres –que ellos no conocen–, donde ingresan a escuelas no adaptadas a sus situaciones. “No estamos haciendo nada para reincorporarlos”, lamentó Durand. “Existen muchos acuerdos entre México y Estados Unidos, pero ninguno se concentra sobre el retorno en específico”. Otro reto de la política migratoria mexicana, según Duran Selee, consiste en la protección de los derechos de los migrantes centroamericanos que transitan por México huyendo de la violencia y la pobreza crónicas que afligen sus países de origen. El sacerdote italiano Flor Maria Rigoni, director de la casa del migrante Scalabrini, en Tapachula, planteó que a raíz de las distintas oleadas de migración originaria de Centroamérica –consecuencias de las guerras civiles, desastres naturales y de las pésimas condiciones de vida– aparecieron en México las redes de corrupción y de soborno de migrantes operadas, en un primer tiempo, por policías y agentes de migración. “La migración sigue siendo invisible y hace del migrante una persona ‘inasible’, no hay cómo ayudarlo mientras tiene la condición de migrante irregular”, insistió el italiano. Luego, lamentó que “México no cumple con las medidas de protección a los refugiados”. Giro migratorio Durante un siglo, entre finales del siglo XIX y mitades de los años 80, la concepción del mexicano en Estados Unidos fue la de un “trabajador y no de un migrante”, estimó Durand. Agregó que esta concepción era compartida por autoridades y migrantes. A través del Programa Bracero, por ejemplo, las autoridades estadunidenses limitaban el ingreso a su territorio a puros hombres, de manera temporal y únicamente para labores agrícolas. Sin embargo, dijo que cuando se abandonó el programa, los trabajadores siguieron cruzando la frontera, pero en calidad de indocumentados. Entonces, agregó Rigoni, “los migrantes mexicanos resolvieron sus problemas a pesar, y a veces en contra, del gobierno”. Este mecanismo “circular” de la migración, que consistía en flujos y contraflujos de migración y retorno de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos acabó en 1986, cuando el gobierno estadunidense regularizó la situación de 2.3 millones de mexicanos, aunque empezó a endurecer sus políticas migratorias, aseveró Durand. A partir de esa fecha, explicó, el fenómeno migratorio se volvió “bipolar”: los migrantes regularizados se instalaron de manera duradera en Estados Unidos, mientras la frontera se fue cerrando poco a poco. Entonces, los gobiernos estadunidenses multiplicaron las leyes antiinmigrantes –entre ellas la Ley Patriota, que instaló la política migratoria en el marco de la seguridad nacional–, erigieron los muros fronterizos y militarizaron la línea divisoria entre ambos países. Hoy en día, patrullan 23 mil agentes migratorios armados a lo largo de más de tres mil kilómetros de frontera que comparten México y Estados Unidos.

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