Sean Penn 'legitimó” a El Chapo como figura política: "El Tiempo" de Colombia

jueves, 14 de enero de 2016 · 11:23
BOGOTÁ (apro).- En la entrevista con Joaquín El Chapo Guzmán publicada en la revista Rolling Stone el actor estadunidense Sean Penn llegó al punto de “legitimar” al jefe del Cártel de Sinaloa “como un hombre de negocios y una figura política venida de las inequidades sociales”, aseguró este jueves el editorial del diario colombiano El Tiempo. De acuerdo con el periódico, Penn trató a El Chapo como “un idealista revolucionario en la tradición de Robin Hood” y su polémico texto “ha recordado lo borrosas que son algunas líneas éticas cuando no es suficientemente claro que nada justifica la violencia”. La entrevista que hizo el actor a Guzmán en octubre pasado, cuando este era el narcotraficante más buscado del mundo, “deja en evidencia que pasamos por una crisis en la credibilidad de las autoridades democráticas (‘México tiene hoy dos presidentes’, se atreve a decir Penn) y demuestra que ciertos progresistas estadunidenses no alcanzan a ver desde tan lejos los gestos dictatoriales de algunos rebeldes latinoamericanos”. Progresistas como Penn llegan “hasta el punto de entender, y de paso legitimar, al criminal más buscado del mundo como un hombre de negocios y una figura política venida de las inequidades sociales, como un héroe celebrado por corridos marginales y comunidades desamparadas”. La entrevista con El Chapo, agregó el editorial, “no carece de interés, pues se trata del recorrido de un hombre (Penn) que en los últimos treinta años ha participado como actor o director en algunas de las películas estadunidenses más exigentes”. Sin embargo, esa entrevista publicada en el más reciente número de Rolling Stone, “pronto empieza a crear la incómoda sensación, en el lector, de que el cronista ha caído en la trampa en la que caen ciertas celebridades cuando tienen acceso a una figura controvertida del panorama latinoamericano: se ha acercado al capo, que ha admitido más de 2,000 asesinatos, como si este fuera un idealista revolucionario”. Penn, señaló El Tiempo, “no es un hombre sin criterio. Se niega a reducir a su retratado a simple villano. Asegura de modo contundente que la ‘guerra contra las drogas’ es una guerra fallida. Reconoce la complicidad de los consumidores, muchos de ellos ciudadanos de su país, sin titubeos. Declara que el narcotráfico ha conseguido montar Estados entre los Estados y afirma que los grandes capos han terminado convirtiéndose en jefes de gobierno. “Deja también en claro que los líderes políticos durante años no encontraron el tiempo para ocuparse de la miseria de la sierra de Sinaloa, y que muchas personas sitiadas por la pobreza han encontrado en el tráfico de drogas una reivindicación social”, sostuvo el editorial del diario colombiano. Al referirse al debate que ha suscitado el texto del actor estadunidense, el rotativo sostuvo que la ciudadanía se pregunta “cómo un artista serio y reconocido como Penn se lanzó a contactar a un capo tan peligroso para retratarlo, en vez de alertar a las autoridades”. Además, “se afirma desde los medios de comunicación que nada tiene de periodística una entrevista editada por el entrevistado”, pero leer el texto “no es tiempo perdido”. La entrevista de Penn con El Chapo, quien fue recapturado el pasado miércoles en Los Mochis tras fugarse de prisión en julio anterior, ha merecido amplios espacios en la radio, la televisión, portales de internet y la prensa escrita de Colombia. Este jueves, en las mismas páginas editoriales de El tiempo, el politólogo y experto en crimen organizado Gustavo Duncan consideró que cuando una celebridad admira a un rebelde y lo hace público, lanza dos mensajes: que los motivos de occidente para proscribirlo responden al interés de los poderosos y ricos de siempre y que este rebelde no es un criminal, “sino un luchador que reivindica a los oprimidos y, en ese sentido, su causa tiene validez política”. Pero “reunirse con criminales es otra cosa”, señaló el académico colombiano. Esto, porque representan “la pura codicia y el sufrimiento de la sociedad y no hay causa política posible”. De acuerdo con Duncan, a pesar de ese hecho, lo novedoso del texto de Penn es que le hace ver al mundo que la dicotomía entre rebeldes-buenos y criminales-malos no es tan simple. “El encuentro con El Chapo deja lecciones sencillas y contundentes. Básicamente, que el Estado nunca le prestó atención a la miseria de los campesinos de la sierra de Sinaloa, que allí la siembra de narcóticos no es vista como un delito sino como la base legítima de su economía y que el narcotráfico ha sido una oportunidad para que ellos, por primera vez, pudieran reclamar una posición de poder y riqueza”, agregó el académico. Precisó que, “dicho de otro modo, el narcotráfico puede ser una forma reivindicativa de oprimidos y marginados, y los carteles, al tiempo que gobiernan por la fuerza una parte de la sociedad, satisfacen muchas demandas sociales que de otro modo no serían provistas. Es una forma de hacer política en la periferia sin necesidad de rebelarse contra el Estado”. Tampoco, indicó, “se trata de caer en la ingenuidad de idealizar a los carteles, como lo hacen algunas celebridades con rebeldes tan despóticos como Castro o tan corruptos como los chavistas. De lo que se trata es de comprender que la guerra contra las drogas contiene unos elementos políticos muy profundos para sectores oprimidos y marginados, así muchos capos suelan ser tan brutales y codiciosos como los peores tiranos de la historia”.

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