La depresión de El Chapo y el trastorno del PAN

jueves, 21 de enero de 2016
MÉXICO, DF (apro).- Las autoridades penitenciarias aseguran que Joaquín Guzmán Loera está deprimido. El comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS), Eduardo Guerrero Durán, se ha encargado de sembrar esa versión, que puede servir para explicar cualquier cosa que sucediera en prisión con el jefe del Cártel de Sinaloa. Vigilado en extremo como está en sus primeros días de regreso al penal de máxima seguridad del Altiplano y con las visitas controladas, El Chapo Guzmán no podría hacerse ningún daño por más depresión que tuviera ante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto decidiera entregarlo a Estados Unidos. Es más que conocido que la familia, y en especial sus dos hijas pequeñas, son su debilidad. Además, de distintas formas ha hecho saber que lo menos que quiere es estar preso en ese país. Lo que le pase o deje de ocurrirle a Guzmán en el penal del Altiplano es responsabilidad única del gobierno de Peña; del revivido político secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong; del comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales, y de Eduardo Guerrero como jefe de las prisiones federales. Podría ser que El Chapo estuviera deprimido también ante la versión de que su compadre y socio, Ismael El Mayo Zambada lo dejó a su suerte porque no se dejó ayudar. Podrían darse otros motivos o explicaciones, pero la idea de la depresión referida por Guerrero Durán remite a las muertes recientes que han ocurrido en el entorno de Guzmán Loera. Poco antes de que finalizara el año, Arturo Díaz Díaz, señalado oficialmente como responsable de parte de la contabilidad del Cártel de Sinaloa, apareció muerto en el penal de mediana seguridad de Miahuatlán, Oaxaca. A sus familiares y abogados les dijeron que se había suicidado. Al igual que El Chapo, estaba detenido con fines de extradición. Compartía con Guzmán haberse escapado por un túnel con características similares por donde ocurrió la evasión de julio del año pasado del Altiplano. Otra muerte en torno a Guzmán fue la de Sigifredo Nájera Talamantes, quien después de la fuga de El Chapo declaró cuanto vio y supo de los tratos de las autoridades hacia Guzmán. En septiembre del año pasado murió por causas no aclaradas. Su familia asegura que fue envenenado. La versión oficial: que fue sobredosis de droga. A muchos funcionarios y exfuncionarios, dirigentes políticos, autoridades civiles y militares de México los persigue la sombra de Guzmán, como a algunos más los persigue la de otros jefes del narcotráfico. Innegable es que Guzmán fue el gran protegido de los gobiernos del PAN. Apenas llegó Vicente Fox a la Presidencia, El Chapo se escapó en enero de 2001 del penal de Puente Grande. Su sucesor, Felipe Calderón, nunca dio con el capo. Por más que dijera que su guerra al narco era pareja, las propias evidencias oficiales demuestran que el Cártel de Sinaloa fue el menos golpeado de su sexenio. La cadena pública estadunidense National Public Radio (NPR) revisó la información oficial para demostrar que de los cárteles de la droga, la organización delictiva de El Chapo tuvo el menor número de detenidos, al menos en los primeros cuatro años de Calderón. Fue también el propio Calderón quien avaló el operativo Rápido y Furioso para que el gobierno de Estados Unidos dejara pasar cerca de dos mil armas para “perseguir” a los narcotraficantes en México. La mayoría de esas armas acabaron en manos del Cártel de Sinaloa. Una de ellas incluso le habría sido asegurada a El Chapo en su detención, el pasado 8 de enero en Los Mochis, Sinaloa. Ahora Calderón le pide a los panistas que investiguen cómo y por qué el PAN avaló la candidatura a la legisladora de Sinaloa, Lucero Guadalupe Sánchez López, cuando hace tiempo que había información sobre la alegada relación de la diputada panista con Guzmán. ¡Al ladrón!, ¡al ladrón!, sólo le falta gritar a los panistas y a no pocos de otros partidos. @jorgecarrascoa

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