"Cartas a Rubén", para exigir justicia por su muerte

sábado, 30 de enero de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Con el asesinato de Rubén Espinosa quedaron instalados varios mensajes de terror ejemplificante para el gremio: “No importa qué cubras, ni el medio para el que trabajes, ni si huyes al DF o si denuncias tus amenazas ante la prensa, organizaciones o gobierno, porque nada podrá salvarte”, afirmó la periodista Marcela Turati durante la inauguración de la exposición “Cartas a Rubén”, para exigir justicia. “No mataron a cualquiera, torturaron y asesinaron al más valiente, al de los ideales trabajados, a un poeta de la lente, a un incorruptible, a uno de los mejores”, dijo la colaboradora de Proceso en el auditorio del Instituto Goethe. El viernes 31 de julio, Rubén Espinosa, junto con Nadia Vera, Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz y Mile Virginia Martín, fueron asesinados en el departamento 401 del edificio número 1909 de la calle Luz Saviñón, en la colonia Narvarte, delegación Benito Juárez. Hasta la fecha, el crimen no ha sido resuelto. Por ello, “seguimos pidiendo justicia a través ahora de esta exposición de fotos contra el olvido, de esta denuncia silenciosa a través de imágenes, y con nuestra presencia todos aquí en esta fría noche convocados en su nombre”, sostuvo Turati. “Nos dejó su mirada libre, valiente, nunca domada. Sus fotos, muchas fotos, que nos permiten conocer su mundo y con lo que vibraba. Las que están aquí, en esta exposición organizada por FotoreporterosMx y colegas y amigos, son 29 fotos sobre la situación de muerte en Veracruz y sobre la resistencia, que hablan de su rabia y de lo que le indignaba”. Marcela recordó que cuando Rubén llegó a refugiarse a la Ciudad de México sentía que también lo seguían: “Que no lo dejaban en paz ni aunque había huido lejos de la narcomafia veracruzana. Al menos dos veces había sentido que le pisaban los talones. Entonces dudaba en si debía mantenerse en DF o volver”(…) “Dudaba también si dedicar su exilio a denunciar lo que pasa en Veracruz y el riesgo que corren los que se quedaron”. Y añadió: “Su muerte fue un petardo que nos estalló a todos en la cara, en el cuerpo, en el corazón. Su presencia era tan fuerte que quienes lo conocimos lo seguíamos viendo por las calles, nos imaginábamos que era él, como si nos estuviera diciendo que no lo dejáramos, que siguiéramos investigando su asesinato y el de la entrañable Nadia, a quien conocí después de muerta, y el de Mile, Alejandra y Yesenia, como pidiendo que fuéramos contra las leyes de la probabilidad y contra los mecanismos de la impunidad hasta esclarecer lo que quieren ocultarnos”. Mencionó que por Rubén, un grupo de 600 periodistas, artistas y escritores enviaron al presidente Peña Nieto una carta “y envolvimos con las firmas la portada de un diario nacional exigiendo se investigue el multihomicidio, que se pusiera lupa al móvil veracruzano y se revisaran los mecanismos de (des)protección a periodistas. Más de un millón de personas de todo el mundo firmaron en su memoria, exigiendo justicia”, sin embargo, no se obtuvo respuesta. Al reflexionar sobre su muerte dijo: “No fue en vano. Ha cimbrado a los medios de comunicación y desenmascarado a los cínicos, ha sembrado semillas de resistencia, ha evidenciado que la justicia funciona a capricho de los poderosos, ha prendido la chispa, muchas chispas, para esta lucha por la dignidad que continúa”.

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