Sepultan en Guanajuato a 3 integrantes de familia asesinada en Chicago
LA NORIA, Gto., (apro).- Decenas de veladoras a lo largo de la calle principal de esta comunidad de Tarimoro formaron un sendero de luz que, junto con cientos de personas, recibieron esta madrugada los restos de Noé Martínez, un menor del mismo nombre y Rosaura Hernández, tres de los seis integrantes de la familia guanajuatense que fue encontrada asesinada el 4 de febrero pasado en su casa en un barrio de Chicago.
En su honor, el obispo emérito de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Alejo Zavala Castro ofició una misa y llevó el mensaje del cardenal Alberto Suárez Inda: “Esperamos y pedimos a Dios que las autoridades que tienen en sus manos estas situaciones puedan hacer justicia”.
Doce horas transcurrieron entre el momento en que doña Rosa y Violeta, familiares de las víctimas, recibieron los tres cuerpos y el momento en que los sepultaron.
Los restos fueron depositados en dos féretros de color café y uno blanco, que arribaron por tierra desde el Aeropuerto de la Ciudad de México en un vuelo procedente de Chicago, alrededor de las tres y media de la madrugada del lunes.
Unas 800 personas de esta comunidad y de las comunidades vecinas (Buenavista, Cerro Prieto, La Cuadrilla y El Cacalote) acudieron al sepelio para despedir a parte de la familia Martínez Hernández a la que velaron, cantaron, rezaron y finalmente, sepultaron en el panteón de La Noria.
Un amplio salón ubicado detrás del templo de San Isidro Labrador, patrono de la comunidad, sirvió como velatorio. Los tres ataúdes fueron colocados uno al lado del otro, ante un muro en el que se colocaron letreros con los tres nombres: Noé, Rosaura y Noé Jr., y sus fotografías.
Grupos de oración, coros de la iglesia, enviados con coronas de flores y los habitantes de estas comunidades entraron y salieron de manera incesante para acompañar a sus difuntos.
“Imagínese usted lo que es esto. No puedo decir más, disculpe”, alcanzó apenas a susurrar una prima de la familia.
A la una de la tarde, ya lleno el templo, los ataúdes fueron llevados en hombros a la nave central, frente al altar. Detrás de ellos, dos bandas de música de viento se ocuparon de entonar esas canciones que acompañan a los habitantes de estos pueblos para la vida y para la muerte, “Un puño de tierra” y “Mi gusto es”.
En la misa oficiaron el obispo emérito de Chilpancingo-Chilapa Alejo Zavala; el párroco de San Isidro, Andrés Tapia Jiménez, y el sacerdote Francisco Núñez, este último sobrino de Noé y Rosaura y quien se encargó de bendecir ataúdes y gavetas en el panteón local donde quedaron al final los restos de los guanajuatenses que tenían planes de salir de Estados Unidos para regresar a vivir a su tierra.
Familiares y comunidad guanajuatense en Chicago y Dallas, así como pobladores de estas localidades de Tarimoro organizaron colectas adicionales al apoyo otorgado por el gobierno del estado y la administración municipal para cubrir los gastos.
A la misa asistió el alcalde Rafael Ramírez Tirado. El gobernador Miguel Márquez no se presentó, aunque al final llegó al templo un hombre que con apuros buscaba a los deudos de la familia para entregarle dos coronas que les envió.
Al concluir la misa, el cortejo recorrió el tramo entre el templo y el panteón local en silencio, sólo interrumpido por vendedores y cohetones lanzados a la par de los pasos.
“Amigo” fue la última melodía que tocó la banda de viento, antes de que el sacerdote Raúl Núñez diera las gracias a todo el pueblo a nombre de la familia.
Los cuerpos de la otra hija de Noé y Rosaura, Herminia Martínez Hernández, así como sus hijos Alexis y Leonardo no llegaron a La Noria. Fueron llevados a Cuernavaca para ser sepultados allá según los deseos del padre de los menores a pesar de las peticiones de la familia para que fueran sepultados en La Noria.