Naufraga entre opiniones divididas mitin por el auditorio Che Guevara de la UNAM

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con una participación muy por debajo de la esperada por sus convocantes --apenas acudieron cerca de 300 personas de las mil 500 que esperaban--, el mitin por la desocupación del auditorio Justo Sierra, también conocido como Che Guevara, fue cancelado abruptamente por sus organizadores cuando grupos discrepantes demandaron compartir la palabra. Después de que participaran casi diez oradores, cuando se les pidió insistente pero pacíficamente que se escucharan opiniones distintas, Edwin Méndez, integrante del colectivo organizador Orgullo UNAM, quien dirigió el mitin, se negó a abrir el foro al argumentar: “Queremos evitar la confrontación, es un mitin pacífico. No queremos ninguna agresión, generar violencia. Nos han comentado que cómo no le damos la palabra a quienes invitamos. Nosotros en ningún momento enviamos correos o cartas. La convocatoria para la lista de oradores fue a las personas que más participaron en las redes sociales (de Orgullo UNAM)”, justificó el estudiante de derecho, desatando la división de opiniones entre los asistentes. Unos estaban por la desocupación del auditorio, otros en contra, pero aquellos que buscaban el diálogo sobre el fondo y las formas de cada punto de vista consiguieron que se cediera, por un momento, la palabra. “Diálogo, diálogo” y “déjenlo hablar”, se escuchó impetuosamente ante la negativa del orador, quien finalmente otorgó el micrófono a Carlos Cario, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), por un par de minutos. “Nos preocupa que los compañeros se presentan como un espacio plural y democrático y nos están excluyendo a quienes tenemos discrepancias. Eso no es democracia”, inició el joven. Y continuó: “Lo que están haciendo es construir una voz unitaria, reforzada mediáticamente por todos los medios que están articulados con las universidades universitarias para construir una legitimación que permita el uso de la fuerza pública al interior de nuestra universidad. “Necesitamos que el rector se pronuncie enérgicamente y que nos diga cuál es su propuesta de resolución del conflicto. No nos dice cómo avanzar”, exigía cuando lo calló otro grupo de asistentes entre gritos de “¡Fuera!”. El conductor del mitin se hizo de nueva cuenta del micrófono para decir que “el motivo de este mitin fue manifestar solamente la inconformidad. Posteriormente, estamos optando a abrir mesas de diálogo”. Los jóvenes de la Facultad de Derecho no dieron a conocer su pliego petitorio, como estaba previsto, y cortaron el audio. ----- A partir de las once de la mañana se incrementó considerablemente el movimiento a la entrada del auditorio Che Guevara. Los “okupas”, como escriben quienes tienen el control del auditorio, habían convocado a sus simpatizantes, también a través de redes sociales, a que acudieran a “defender” el espacio en disputa. Aparecieron jóvenes y adultos a los que no se ve con frecuencia a la entrada del inmueble. Habían convocado también a una jornada cultural que terminaría con “toquín” de hip hop entre “música, comida e información contra el poder”. A través del sistema de sonido que tienen apuntando hacia el pasillo de entrada a la FFyL se decían tranquilos, confiados en que “fracasaría” el “resurgimiento de la derecha” en la Universidad. Hablan de los organizadores del mitin como “porros de derecho” y de los medios que viven de la injusticia en el país, y colocaron una manta donde aparece el rector Enrique Graue estrechando la mano de Enrique Peña Nieto. Una hora más tarde, en la explanada de la rectoría, aparecieron los primeros cinco integrantes de Orgullo UNAM para encargarse de la logística del mitin. Llevaban cerca de 500 playeras blancas para regalar entre los asistentes y plumones negros para estampar ahí consignas. “Todo lo financiamos nosotros. Se tiene planeado repartirlas entre los asistentes y si gustan cooperar con algo para reintegrar lo que pagamos, bien. Pero la ayuda es voluntaria”, dijo a Apro Manuel Valdés, portavoz del colectivo, cuando se le preguntó si tenían apoyo económico externo. De las autoridades universitarias, dijo a esta agencia, sólo tuvieron el compromiso de un operativo de vigilancia –desplegado discretamente-- y una reunión con la abogada general, Mónica González, a la que propusieron que participara del mitin, lo que no sucedió. Sobre los ocupantes del auditorio, quienes aseguran que su colectivo es una organización porril, Valdés comentó: “Nos señalan como grupo porril. Desconocemos por qué es eso. Dicen que trabajamos a favor del rector, del Estado, de todo aquel contrario a sus intereses. La verdad es que todo eso no es cierto. “También nos han amenazado con venir a madrearnos. Nosotros no nos queremos enfrentar con ellos. No es nuestro fin y eso no es una opción. Al contrario. Queremos saber qué buscan, cuáles son sus fines. No ser excluyentes”, dijo el estudiante. ----- Treinta minutos después de lo pactado por la falta de quórum, con el sol a plomo, inició el mitin con las palabras de Edwin Méndez, elegido por Orgullo UNAM para conducir su rumbo, quien arrancó aclarando que su colectivo no defiende los intereses de partido político alguno. Entonces habló de la necesidad de pasar de una “promesa” de las autoridades universitarias de desalojar el auditorio Justo Sierra a través del diálogo a “hacerlo una realidad”. “Cabe precisar que no vamos a generar confrontaciones ni agresiones. Queremos que se entable el debate, la negociación, y ahí, en mesas, que pueda expresarse la comunidad con datos. Creemos que es indispensable la transparencia y el respeto a todas las ideas. Y ahí construir una vía pacífica para la desocupación del auditorio Justo Sierra”, fueron sus primeras palabras durante el mitin que no terminaría. Entre los oradores, Mónica, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, recordó que los ocupantes del auditorio “se han rehusado a identificarse”, y les lanzó una pregunta: “¿Por qué se rehúsan al diálogo con toda la comunidad universitaria?”. David, del CCH Sur, relató una plática que entabló con los “okupa”. “Argumentaban que la universidad es de los obreros y no de sus hijos burgueses. Me parece clasista, contrario a la multiplicidad de la universidad. La riqueza o la pobreza no definen a las personas, ni la ideología o la posición social deben ser factores de exclusión”. Así fueron pasando también estudiantes de Música, Filosofía y Letras, profesores y trabajadores que lamentaban el despojo a la comunidad universitaria del auditorio de la FFyL durante 16 años y exigían su recuperación. En el transcurso del acto público, la mayoría se inclinó por la celebración de un diálogo plural que diera solución pacífica al conflicto, que incluyera tanto a la comunidad universitaria como a los ocupantes. Estudiantes de Filosofía y Letras externaron múltiples posturas acerca de la problemática. Algunos dijeron no sentirse representados por los militantes de “Okupa Che”, e incluso avalaron el uso de la fuerza pública; otros, se opusieron tajantemente a la entrada de la policía al campus universitario. Una maestra opinaba que era “inadmisible” la ocupación del auditorio porque “tergiversa” el sentido de la autonomía universitaria y pone en peligro a la comunidad por su relación con la “venta de drogas al interno de la institución”, cuando la atención se dirigió al centro de la explanada donde un profesor de la UACM, que aseguraba que los organizadores del mitin eran afines al PRI, fue despojado de un altavoz por dos hombres de entre cuarenta y cincuenta años, que lanzaron opiniones cruzadas: “Los ocupantes del auditorio son unos huevones que venden y consumen drogas, tienen el espacio para hacer negocio con sus puestos ambulantes, fomentan la inseguridad, destruyen el espacio, tienen perros de pelea y ni siquiera son estudiantes”, dijo uno. Y el otro respondió: “Se deberían de ocupar de Peña y los políticos corruptos, de la venta de petróleo, del despojo de tierras de los indígenas, de los miles de estudiantes rechazados. Un espacio de reflexión también educa”. El profesor de la UACM, que se dijo egresado de la UNAM, recobró su altavoz y terminó su exposición en un rincón de la explanada.

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