Investigadores de la UNAM alertan por efectos de la radiación solar en la salud

jueves, 26 de mayo de 2016 · 19:08
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La exposición excesiva a la radiación solar no sólo es responsable del envejecimiento prematuro de la piel, que se manifiesta con arrugas, flacidez y manchas, sino también del cáncer de piel, enfermedad que se ha convertido en un problema de salud pública en México y en el mundo. Rodrigo Roldán, responsable de la Clínica de Oncodermatología de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, destacó que entre 2008 y 2012 el cáncer de piel fue el tercer motivo más frecuente de primera consulta en el Instituto Nacional de Cancerología. Asimismo, alertó, en el Hospital General de México se ha visto un aumento considerable de la frecuencia de ese padecimiento en población menor de 40 años, por lo que ha dejado de ser una “enfermedad de viejos”. En la Ciudad de México, abundó, “recibimos 35% más radiación que en las costas debido a la altitud; sin embargo, al estar en la playa el daño es mayor porque usamos menos ropa. A eso se suma que en los últimos años lo estéticamente aceptable es estar bronceado o moreno, y por ello la gente pasa más tiempo expuesta a los rayos solares”. No es todo: la radiación cotidiana produce daños en los ojos, pues la luz ultravioleta (UV) del sol puede generar pequeñas tumoraciones conjuntivales benignas de coloración amarillenta, denominadas pingüéculas, detalló Félix Gil Carrasco, integrante del Subcomité Académico de Oftalmología de la División de Estudios de Posgrado de la FM. Incluso, la exposición prolongada puede contribuir al desarrollo de afecciones o enfermedades de la vista asociadas a la edad, como cataratas y degeneración macular, principal causa de ceguera en las personas mayores de 60 años. Gil Carrasco explicó que “la radiación solar puede ser un disparador de tumoraciones malignas como el melanoma coroideo”. En tanto Rodrigo Roldán expuso que la causa más común del cáncer de piel es la radiación UV, el carcinógeno ambiental más frecuente al que se expone cualquier ser humano desde el nacimiento; aunque ya hay evidencias de que también la radiación infrarroja puede tener consecuencias sobre ese órgano. No obstante, también influye la genética. México es un país mestizo y la población tiene genes de origen europeo (españoles, franceses o ingleses, por ejemplo) y eso incrementa la susceptibilidad. Y aunque la piel blanca es más sensible a la radiación y se quema más rápido, el hecho de ser moreno no previene el cáncer de piel, aclaró el investigador. Este carcinoma se divide en dos grandes grupos: no melanoma, que incluye el carcinoma basocelular y carcinoma epidermoide, y el de tipo melanoma, que deriva de las células que producen el pigmento en la piel: los melanocitos. El basocelular es el más frecuente. Una de cada cinco personas a lo largo de su vida lo desarrollará, pero se trata de tumores de crecimiento lento que en 99% de los casos quedan confinados a la piel, aunque son localmente agresivos. Sin embargo el epidermoide, además de un comportamiento agresivo, puede dar lugar a metástasis ganglionares. Mientras que el melanoma es un tumor raro, aunque muy agresivo, acotó Roldán. Su crecimiento se mide en milímetros y tan sólo un milímetro de grosor disminuye el pronóstico de sobrevida a menos de 50% en los siguientes cinco años. Estos casos se han incrementado en el mundo, mucho más que cualquier otra neoplasia, debido a la contaminación, al adelgazamiento de la capa de ozono y a las conductas sociales; de ahí la importancia de determinar la estirpe celular de cada caso. “Al igual que vamos al dentista un par de veces al año, hay que asistir al dermatólogo para evitar cáncer de piel, sobre todo si hay factores de riesgo: antecedentes de quemaduras solares o de cáncer de piel personal o de un familiar en primera línea, e incluso, personas con muchos lunares. Quienes tienen más de 50 están en mayor riesgo”, aclaró el especialista. Los lunares dejan de salir, en promedio, a los 25 ó 30 años, y cualquier lesión o pigmentación después de esa edad no necesariamente es cáncer, pero sí algo que vale la pena vigilar. En cuanto a los daños en ojos, Félix Gil dijo que las poblaciones en mayor riesgo son las de menos recursos, como los niños en situación de calle, los mendigos o personas sin hogar, expuestos a la radiación todo el día, y quienes no reciben atención. En estos casos, puntualizó, hay degeneraciones de tipo histológico, llamadas elastóticas, que pueden producir carnosidades grandes, mismas que podrían modificar la estructura corneal hasta, en ocasiones, obstruir el eje visual. Esto, conocido como pterigión, es efecto de la radiación UV exagerada. Otro tipo de tumores oculares inducidos por la luz solar son las queratosis actínicas, manchas blancas que pueden evolucionar a otro tipo de tumoración; o las neoplasias intraepiteliales de conjuntiva y córnea, remarcó. Además, los carcinomas epidermoides en el epitelio conjuntivo-corneal, queratinizantes (que se ponen duros) o no queratinizantes, que pueden ser causa de la pérdida del ojo y, en ocasiones, inicio de una invasión generalizada de cáncer. Gil añadió que se puede producir melanoma conjuntival, generado por melanosis que en ocasiones se desencadenan por la exposición a la radiación UV y cambios genéticos. Y de manera más frecuente, las fotoqueratitis y las fotoqueratoconjuntivitis, cuando el ojo se pone muy rojo por muerte celular debido a exposición excesiva al calor y a la radiación, “lo que nos hace ver borroso, pero que no causa mayor problema”. Ante ello, la recomendación más importante es evitar quemaduras solares mediante el uso de bloqueadores a partir del año de edad (sin olvidar orejas y labios), con factor de protección solar por arriba de 30, aplicado cada tres horas, así como usar sombrero de ala ancha, ropa de manga larga y pantalones largos, y evitar la exposición de las diez de la mañana a las cinco de la tarde. Con 10 ó 15 minutos de exposición solar diaria en la cara y el dorso de las manos es suficiente para recibir los beneficios solares, como es la síntesis de la vitamina D, aclaró el dermatólogo. Y para proteger los ojos, precisó, se deben utilizar lentes solares que no sólo tengan anti-reflejante, sino un buen filtro para radiación ultravioleta, que deben sustituirse cada cinco años para tener una protección adecuada. En el caso de los deportistas, el universitario recomendó no caer en excesos. Lo ideal es practicar deportes bajo techo. Colocar en los parabrisas de los coches y en las ventanas de los edificios un filtro de protección UV también es aconsejable, así como la revisión cotidiana. “Ante un ojo rojo persistente por más de dos días, hay que acudir al médico”, sugirió. Por último, aconsejó procurar ambientes más húmedos dentro de las oficinas y parpadear con frecuencia cuando el trabajo es ante una computadora, o cerrar los ojos un minuto por cada hora de trabajo, son rutinas recomendables.

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