Meade deja Hacienda; Peña lo felicita por su "nuevo proyecto"

lunes, 27 de noviembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un episodio más del juego sucesorio, el “tapadismo”, se concretó: José Antonio Meade Kuribreña, dejó la secretaría de Hacienda y Crédito Público, a cinco días de que ocurra el registro formal de los aspirantes presidenciales del PRI. El destino no es explícito y aun queda por resolver quién será postulado a la gubernatura del Banco de México. Pero desde hace días y con intensidad desde ayer, nadie escapa a lo que ahí, en la residencia oficial de Los Pinos, se expresa: “Le deseo el mejor de los éxitos en el proyecto que ha decidido emprender”, dice un mandatario que abandona el podio para dirigirse al interfecto y tenderle un apretón de mano, enlazarlo en un abrazo, palmadas, otro apretón y un breve, casi tímido, intercambio de sonrisas… recatada --el tan priista decir sin decir—la unción. Amplia la retahíla de elogios, breve el gazapo que –con admisión presidencial del equívoco—en la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Enrique Peña Nieto efectuó, en el anuncio, breve pero sustantivo, de los cambios en Hacienda y Pemex. La despedida fue, como pocas veces en los múltiples ajustes al gabinete, plena de elogios: “hombre de bien”, con “profundo amor a México”, que en las tres secretarías que ocupó “acreditó su sólida formación académica y profesional”, el “conocimiento de las necesidades del país” y su “potencial de crecimiento”. Si no fue un “destape”, la alocución presidencial reúne todos los requisitos para que fuera eso: la reedición de un ritual que de manera personalísima –en el pasado reservado el momento a la CTM-- ejecuta el mandatario, que apenas el viernes reclamaba la anticipación, cuando aun pedía esperar los tiempos del PRI –partido con el que ya había dicho, se adivina mutuamente el pensamiento—que por la noche de aquel día, emitió su convocatoria fijando como fecha clave el 3 de diciembre. Una mañana fresca, pero un día hermoso, dijo Peña Nieto antes de anunciar la partida de un José Antonio Meade, que con tímida sonrisa recibe la despedida presidencial: “Quiero expresar mi reconocimiento personal e institucional a la destacada labor que el doctor Meade desarrolló en tres secretarías, siempre al servicio de México”. En la retórica presidencial no hay escatimo como no lo hubo el pasado martes por parte de Luis Videgaray: como canciller, Meade reposicionó a México en el mundo y defendió a los mexicanos en el exterior; contribuyó a reducir la pobreza al crear la política social, como titular de Sedesol; fortaleció las finanzas públicas, consolidó la estabilidad económica e impulsó el crecimiento de México en un entorno internacional complejo. Ya sin el tono solemne, Peña Nieto anunció los relevos: José Antonio González Anaya, que fue director del IMSS al iniciar el sexenio y titular de Pemex después, es ya el nuevo secretario de Hacienda. A la antes paraestatal, como director, entra su hasta hoy administrador, Carlos Alberto Treviño Medina. A los dos, algunas menciones de sus respectivas trayectorias, genéricas, con instrucciones predecibles: mantener estabilidad, consolidar finanzas, ejercer presupuesto con eficiencia y transparencia. Pero ante todo, es el momento del que se va: “A quien deja la cancillería, le deseo…. La secretaría de Hacienda y Crédito Público…. Para la nota, quedará como nota: quien dejó la cancillería, la Sedesol y hoy deja la SHCP, le deseo el mayor de los éxitos” –dijo el mandatario provocando sonrisas por el gazapo y un gesto de mansa simpatía del aludido. “Ha sido un colaborador entregado a las responsabilidades que se la han confiado y como ya lo dije, se ha entregado a estas responsabilidades siempre con una gran vocación de servicio, con un enorme compromiso con México, a partir del amor que guarda por nuestra nación. Muchas felicidades Pepe y el mayor de los éxitos”, continuó Peña Nieto en una segunda despedida, reiterativa de las virtudes que le atribuye a su ahora excolaborador. Abrazos, abrazos y palmadas, con un discreto y prolongado aplauso concluyen el acto de 10 minutos después de una hora de espera conforme a la agenda anunciada. La austeridad no da para más y todos salen. En los altavoces del salón “Adolfo López Mateos”, queda flotando una versión instrumental de “Hey Jude”.

Comentarios