El 'caballo apocalíptico” de la violencia, producto de la corrupción desmedida: Norberto Rivera

jueves, 13 de abril de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).— El “caballo apocalíptico” de la violencia, al igual que la pobreza, tienen su origen en el pecado de la corrupción “insoportable y desmedida” que se vive en México, afirmó hoy el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México. Durante la misa Crismal que ofició hoy con motivo del Jueves Santo, en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, el cardenal describió así los “espantosos” estragos de este “caballo apocalíptico” que corre desbocado por el país: “Muertes atroces que ya vemos como cotidianas y no nos conmueven, personas descuartizadas, fosas clandestinas, desaparecidos, secuestros, feminicidios, tantos periodistas asesinados cobardemente, crímenes arteros cometidos incluso contra nuestros hermanos sacerdotes, muchos de ellos ultimados por ser fieles a su ministerio, otros secuestrados y extorsionados”. Acompañado por Franco Coppola, nuncio apostólico en México, el cardenal Rivera indicó: “Sabemos que muchos de estos males tienen su origen en el pecado de la corrupción, esa avaricia que en México es insoportable y desmedida”. Aseguró también que la corrupción es un “pecado grave” porque el dinero robado no es del gobierno, sino del pueblo pobre que sufre un “despojo mortal”. También señaló que el aborto es la “más cruel de las violencias” porque es el “asesinato de miles de niños en el seno de sus madres, el drama de estos inocentes que son desechados como una amenaza y cuya aniquilación ahora es vista no como el delito que es, sino como un derecho”. Por ello, indicó que es deber de la Iglesia brindar el “bálsamo de la misericordia” a las mujeres que han tomado conciencia de la gravedad de este delito. Después, como ya es costumbre en la misa Crismal del Jueves Santo, el cardenal bendijo el Santo Crisma –óleo perfumado que representa al Espíritu Santo--, así como los óleos para la unción de los enfermos y los óleos para quienes se van a bautizar, conocidos como catecúmenos.

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