Hoy, codo a codo con AMLO en Yucatán, los expanistas que con ahínco combatieron al tabasqueño

viernes, 4 de mayo de 2018
PROGRESO /VALLADOLID, YUC. (apro).- La concentración es junto al malecón y, desde el templete, se divisa el mar. Lado a lado, Manuel Espino y Germán Martínez Cázares, expresidentes del PAN, hoy reivindicarán al yucateco Carlos Castillo Pereza, en este, su estado natal. Muy lejos, casi 12 años atrás, quedaron los reclamos de fraude electoral a la dirigencia de Espino, entonces panista, y a Martínez, el estratega judicial de entonces en el PAN, responsables en parte de llevar a Felipe Calderón a la Presidencia que, entonces como hoy, Andrés Manuel López Obrador considera —lo dijo este viernes, en otro episodio del diferendo con la cúpula empresarial— fue el origen de la crisis y la violencia. Hoy, en su tercer intento por conseguir la Presidencia, Andrés Manuel se planta entre ellos y aplaude a quien lo precedió en el uso de la palabra, Joaquín Díaz Mena, “Huacho”, quien renunció al PAN en marzo pasado y ahora es candidato a gobernador de la coalición Juntos Haremos Historia. El candidato los presenta y de Germán, dice, es el mejor discípulo de un hombre brillante, atributo que concede al extinto yucateco Carlos Castillo Pereza. Recordará: que se salió del PAN. Ya en su turno, Germán Martínez se montará al pleito de estos días: “Los de enfrente quieren un gerente, nosotros queremos un presidente (…) Yo no quiero para mis hijos un gerente que administre los privilegios desde el poder. Yo quiero para mis hijos —y tengo cuatro — un presidente que gobierne para todos sin distingo”, clama Germán Martínez Cázares, la voz desgarrada a puros gritos. Yucatán es el único estado de la República donde el PRI tiene cierta ventaja. Entidad desencantada de la alternancia, tuvo en el panista Patricio Patrón Laviada su decepción y volvió al viejo conocido, el PRI. Aun así, un panismo activo subsiste, invocando el recuerdo del extinto Castillo Pereza, que hoy vuelve una y otra vez en los discursos de los exdirigentes panistas y el fundador de Morena, candidato presidencial. “Vengo a decirles, igual que Manuel, a los panistas, que se siente a todo dar vivir en libertad y que voten libremente y abracen una causa de transformación verdadera”, se desgañita Germán, fracturada la voz, como fuera de práctica. Después de López Obrador, y antes de Martínez Cázares, habla Manuel Espino, el conservador dirigente del PAN de 2006 convertido ahora en activista de aquel al que con ahínco combatió. “También les pido a los panistas de Yucatán, y a los de toda la República Mexicana, que ya no le piensen. Este es el lugar que la historia nos reclama para heredarle a nuestros hijos una mejor República, una República encabezada por un hombre honesto, trabajador, comprometido con las causas de los ciudadanos. Un hombre que no nos va a fallar como nos han fallado otros, un hombre del temple moral y de la estatura política de Andrés Manuel López Obrador”. Entonces promete: “En todo el país estaremos promoviendo la adhesión de líderes sociales de organizaciones comunitarias, dedicadas a todas las tareas sociales de México para asegurarnos de sepultar con votos la corrupción”. *** Es mediodía y un sol de 34 grados se impone. Pero el calor aquí se relaciona más con el diferendo que López Obrador sostiene con la cúpula de magnates del Consejo Mexicano de Negocios (CMN). En concreto, el tabasqueño ofrece diálogo. “Siempre y cuando se respete el estado de derecho y se haga el compromiso de que ya no van a seguir medrando al amparo del poder público y que van a hacer negocios legales, que no van a utilizar el tráfico de influencia como lo han hecho”: El tema da para más en la entrevista, atropellada, que el candidato presidencial concede en Progreso. Quiere dar un mensaje: “Quiero aclarar que yo no tengo ninguna diferencia, ningún pleito con los empresarios de México (…) Nosotros respetamos a los empresarios de México”, pero atenúa que con aquellos que generan empleos sin traficar influencias y de manera honesta. Hoy, López Obrador ha cambiado un poco su lenguaje, y prefiere hablar “de un grupo de empresarios que no quieren el cambio” porque del poder se han beneficiado. “Están muy nerviosos, desesperados, porque la gente quiere un cambio verdadero, pero lo único que puedo decir es que soy respetuoso de los empresarios. No tengo pleito con los empresarios que son verdaderamente empresarios que no trafican con el poder”. Y agrega: “Ahora, de manera mañosa, deshonesta están queriendo decir que estamos nosotros en contra de los empresarios. No es cierto. Estamos en contra de la mafia del poder... de la riqueza mal habida, de la corrupción, no en contra de los empresarios”. *** Un comediante anima el evento de Progreso; otro en Valladolid. Nadie repara en su incorrección política, es decir, la forma en que ridiculizan a minorías vulnerables antes de dar paso a las personalidades del día. El acto transcurre conforme a los cánones del proselitismo electoral, con participación de los candidatos a todos los cargos locales y federales en disputa. Andrés Manuel bromea, diciendo que el “Huacho”, expanista reciente, es prácticamente presidencial. López Obrador quiere hablar de las encuestas, un tema recurrente y que quizás hoy forma parte de su entusiasmo tras la exposición nocturna en Televisa a la que vuelve con frecuencia: “Como dije ayer”, “como comenté ayer”... El tumulto apretuja entre reporteros y simpatizantes que quieren abordarlo. Espino baja de un salto el templete para evitar la multitud y poder salir por un lado. Para él, López Obrador no es un peligro para México, esa es una frase de Calderón, pero “luego vimos quién fue el verdadero peligro”. —¿Cambió Andrés Manuel o cambió Espino? —Cambiamos todos —concede. Con el mar de fondo, la misión de Espino es como la que expresara Germán: “Desde esta orilla del país me da mucho gusto hacerlo en la tierra de mi maestro, Carlos Castillo Peraza, vengo a declarar que Andrés Manuel López Obrador será presidente de todos”.