La UNAM diversifica herramientas para el estudio de los sismos

miércoles, 18 de septiembre de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con instrumentos de alta sensibilidad que han permitido a sus científicos profundizar en el estudio de la sismología, la Universidad Nacional Autónoma de México  (UNAM) se coloca a la vanguardia a nivel mundial, aseguró Raúl Valenzuela Wong, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica (IGf) de la institución. El experto detalló que herramientas como sismómetros, sistemas de posicionamiento global (GPS) interferometría por radar, satélites y los avances en computación y telefonía celular hacen posible contar con registros más precisos, así como con una mejor localización del origen de un temblor y la comunicación para tener datos con mayor inmediatez. Con dichas herramientas, agregó, no sólo se estudian temblores convencionales (de magnitudes elevadas y afectación a la población), también sismos lentos y tremores tectónicos, dos tipos de movimientos que en 1985 no se conocían y que son indetectables sin estos instrumentos. Valenzuela Wong precisó que en la actualidad se cuenta con un tipo de sismómetro de banda ancha, más versátil que el utilizado en 1985, el cual permite escuchar las frecuencias que se producen con cada una de las ondas producidas por los sismos y que antes no podían escucharse lo cual permite a los expertos tener un registro más completo. El universitario también celebró los avances en telefonía celular y cómputo que han favorecido al sector, pues “estamos mejor comunicados y es más fácil tener los datos de estaciones remotas prácticamente en tiempo real en el Servicio Sismológico Nacional. Hacemos transmisión a veces por enlaces de radio, por Internet y, sobre todo, vía satélite”. Además, indicó, la tecnología de los sistemas de posicionamiento global (GPS) se usa en los sismómetros para tener la ubicación precisa de la estación, el tiempo correcto, y registrar adecuadamente cuánto tardan las ondas sísmicas en viajar, lo que permite una mejor localización de los eventos y medir el desplazamiento del terreno. “Si tenemos suficientes estaciones de GPS cercanas al punto donde se produce el sismo, podemos hacer mediciones de la elevación o del hundimiento del terreno asociado con la generación de ese evento”, confió. El investigador agregó a la lista de avances la interferometría por radar, que utiliza satélites en órbita que mandan una señal a la superficie de la Tierra, que la refleja y la regresa al satélite, y en caso de sismo, mide el movimiento que se produce de un lado de la falla con respecto al otro. Mientras que en lugares como la Ciudad de México se utiliza también para medir el hundimiento de la tierra como consecuencia de la extracción de agua. Valenzuela Wong subrayó que la alta sensibilidad de los equipos también ha servido para conocer otros fenómenos desconocidos en 1985, como los llamados sismos lentos, de los que la gente nunca va a enterarse, puesto que no van a provocar daños. Sin embargo, permiten a los investigadores tener una idea más clara y completa de cómo funciona la Tierra, y porque producen un deslizamiento con una duración de hasta seis meses. Este, explicó, es el caso de Guerrero, donde los sismos lentos se repiten aproximadamente cada cuatro años; con una liberación gradual de energía, que también origina el movimiento de grandes bloques de roca en los sitios cercanos a donde se producen los sismos convencionales. Asimismo, existen los tremores tectónicos, sismos muy pequeños frecuentemente asociados con los sismos lentos, lo cuales ocurren en un lapso relativamente corto y es difícil separarlos unos de otros. “Una de las cosas que sabemos es que cuando se produce un sismo llega a causar una ‘redistribución de esfuerzos’, que puede llegar a provocar sismos posteriores. A veces la ocurrencia de uno contribuye a desencadenar otro, con frecuencia en un sitio cercano al primero”, manifestó. No son predecibles El investigador del Departamento de Sismología del IGf insistió en que los sismos son fenómenos impredecibles, puesto que estos se producen a 10, 15 o más kilómetros de profundidad debajo de la superficie de la Tierra. “Normalmente lo que medimos es después de que se produjo un sismo, cuando se generan las ondas y se libera la energía”, aseguró. Tan solo en México,  apuntó, el Servicio Sismológico Nacional reporta hasta 60 sismos diariamente, casi todos muy pequeños y repartidos por todo el territorio. Finalmente, el investigador recomendó a la ciudadanía estar atentos a las medidas de prevención y concentrarse en tener edificaciones seguras para minorar el riesgo.

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