En Tlayacapan apenas nos recuperábamos del sismo de 2017 y llegó el covid-19

lunes, 11 de mayo de 2020 · 14:33
TLAYACAPAN, Mor. (apro).- Las festivas calles de este pueblo mágico del oriente de Morelos, repletas de coloridas tiendas de artesanías y expendios de fruta, dulces, antojitos y micheladas, dieron paso repentinamente a un silencio espeso, sólo roto por el martilleo y las voces de los trabajadores que rehabilitan el soberbio exconvento colonial que fracturó el sismo de septiembre de 2017. Al bullicio de los fines de semana con miles de turistas atraídos por la algarabía y la fiesta, como la gozosa banda de Tlayacapan y los chinelos en el carnaval, sobrevino la calma inquietante de la epidemia que, como en todo el país y el mundo, forzó a la mayoría de sus casi 20 mil habitantes al confinamiento hogareño. Rodeado de pequeños y grandes municipios donde uno tras otro aparecieron brotes del coronavirus, y empezaron también a contar sus muertos, el pueblo prehispánico de Tlayacapan se mantuvo invicto durante semanas hasta que, pese a la parálisis, se oficializó el primer caso de coronavirus. Fue la tarde del domingo 3 de mayo. La noticia cimbró a las autoridades del municipio. Y luego se notificó el segundo, el miércoles 5, que sembró el desasosiego en el cabildo, cuyos integrantes han donado ya dos quincenas y prevén una tercera para apoyar a la población. “Fue muy duro”, dice la profesora María del Carmen Pochotitla Tlaltzicapa, la primera presidenta en la historia de Tlayacapan, el último de los municipios vecinos del oriente de Morelos que se contaminó de covid-19.
“No vengan”
Dependiente del turismo en un 70%, en este pueblo mágico la autoridad tuvo que recurrir a un paradójico exhorto para evitar más contagios. “Tuvimos que decirles a los visitantes: No vengan.” Antes de este pueblo de origen olmeca, que en náhuatl significa “sobre la punta de la tierra”, apareció el coronavirus en Yautepec (17 casos) --donde se localiza Oaxtepec--, Tepoztlán (seis), Atlatlahucan (cinco), Tlalnepantla (dos) y Totolapan (uno), donde se han recuperado pacientes, pero también ya ha habido fallecimientos. Cuautla, con sus más de 200 mil habitantes, acumula hasta el jueves 8, un total de 80 casos acumulados y 11 muertos. Es el municipio con más casos después de Cuernavaca. “Hemos sido muy responsables desde que el virus entró al país, hicimos todo lo que está a nuestro alcance, pero llegó. Apenas nos estábamos recuperando del temblor”, lamenta la alcaldesa postulada por Morena. En efecto, el terremoto de hace tres años echó abajo viviendas, comercios y dañó severamente a varias de las 20 capillas del pueblo. Peor todavía: El sismo dañó gravemente el exconvento de San Juan Bautista, joya arquitectónica del siglo XVI y Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuyo templo sufrió la fractura de su cúpula y su majestuoso frontispicio. El palacio municipal sufrió igual suerte. Aunque las obras de rehabilitación continúan, el turismo había vuelto a las calles de Tlayacapan y, por la epidemia del coronavirus obligó al cierre, desde el 2 de abril, de hoteles, restaurantes, bares, tiendas de artesanías, iglesias y dos balnearios.
Resistencias
Como en todas partes, hubo quienes se resistieron y se resisten, entre ellos el pastor de la colonia Jericó que, desafiante, se aferraba a congregar a sus fieles y tuvo que clausurarle el templo. “Es sólo un diez por ciento de la población la que se resiste”, dice la alcaldesa Pochotitla, quien ha repartido más de siete mil despensas y unas 9 mil gallinas ponedoras, repartidas en paquetes de cuatro y 20 kilos de alimento para paliar las necesidades de la población que vive del turismo. El miércoles 29 de abril, el reportero recorrió el primer cuadro de Tlayacapan mientras la presidenta municipal entregaba en las colonias y barrios las despensas y las gallinas ponedoras, debido a que el 70% de la población se dedica a actividades relacionadas con el turismo. Ese día no había llegado, oficialmente, el coronavirus, pero era palpable el desasosiego. “No hay ningún caso, qué bueno, pero la cosa está fea”, decía Francisco Javier Zapotitla, dirigente y creador de los 82 mototaxis que dar servicio a la comunidad. “Apenas empezaba a haber turismo y que llega el coronavirus”.
Vecindad peligrosa
Esta calma improductiva se extendía hasta otros municipios de la región oriente de Morelos que tienen intensa actividad económica con la Ciudad de México, en particular con Milpa Alta y Xochimilco, y con el Estado de México, como Ozumba y Tepetlixpa. Ese miércoles 29 de abril, el alcalde de Tlalnepantla, Rigoberto Espíndola González, del partido Nueva Alianza, estaba seguro de encabezar, como Tlayacapan, uno de los municipios libres de covid-19, “pero no podemos bajar la guardia”. Pero ya para entonces este municipio, encaramado en la parte alta de Morelos, tenía su primer caso de covid-19. La razón de este contagio obedece a que es vecino de la alcaldía capitalina de Milpa Alta, que acumula 106 casos y una defunción. Tal vecindad, según el alcalde, obligó a tomar medidas sanitarias que implican, además de la sana distancia y el resguardo en casa, la sanitización del mercado, de las unidades de transporte público y el centro de acopio de nopal, producto del que este municipio es el primero lugar en la entidad. Totolapan, a 15 kilómetros de Tlalnepantla y a semejante distancia de Tlayacapan, fue el primer municipio que registró el primer caso de covid-19 en la región oriente de Morelos, limítrofe con Tepetlixpa, Estado de México, que a su vez acumula diez casos. Como en las otras cabeceras municipales, en Totolapan gobierna la incertidumbre, el miedo y la necesidad: La actividad productiva se ha paralizado, salvo la más elemental, y el alcalde Sergio Omar Livera, del Panal como el de Tlalnepantla, hizo colocar una enorme manta gigante en la presidencia municipal: “Amigo visitante: Te recordamos que al visitar nuestro municipio de Totolapan deberás aplicar las medidas de sanidad y permanecer en casa, ya que no son vacaciones. De lo contrario, se tomarán otras medidas”. Los estudiantes de Totolapan deben permanecer en sus casas y establecer comunicación con sus profesores a través de WhatsApp y, los que tienen, con dispositivos electrónicos.
Parálisis
En Totolapan, en Tlalnepantla y en Tlayacapan toda la actividad administrativa está paralizada, y los registros de nacimientos y defunciones se realizan sólo con cita. La prioridad es evitar contagios y paliar las necesidades de los más pobres con despensas. La población ha improvisado cubrebocas con cualquier tipo de tela ante la exigencia de usarlos en el transporte público y en el ingreso a las tiendas para abastecerse. El consenso es resistir la epidemia, aun con el desplome de los ingresos. “Se nos cayó el 90% el ingreso, está muerto todo”, dice el mototaxista de Totolapan que, de 200 pesos al día, en promedio, ahora apenas obtiene 30 o 40 pesos, “nomás para tortillas, frijol y chile”. En Morelos, y específicamente en los municipios del oriente, proliferan los mototaxis para la población local que se desplaza del centro a sus colonias y que también, como en Tlayacapan, sirve al turismo, del que vive 70% de la población. Hay muy pocos viajes desde que llegó la emergencia. “A todos nos bajó el 90% nuestros ingresos”, dice el mototaxista Javier Zapotitla: “Es muy difícil. Aquí vivimos al día. Si antes ganaba 400 pesos, ahora 80 o 100 es mucho”, precisa, montado en su vehículo. Reconoce que la alcaldesa reparte despensas y gallinas ponedoras, “pero no es suficiente” para enfrentar la emergencia y subraya que, así como se cerraron los tianguis, deben cerrar también Elektra, del magnate Ricardo Salinas Pliego. “¡Si nos van a chingar, que nos chinguen a todos!”, dice con énfasis y sin perder el ánimo, mientras mira hacia la presidencia municipal en ruinas después del sismo del 2017, que lastimó severamente al templo de San Juan Bautista, patrono del pueblo.
Festejo del santo patrono en riesgo
Justo el en dos semanas, el 24 de junio, es la fiesta de San Juan Bautista, que se organiza con la cooperación de los habitantes, que inicia el 22 con jaripeo o baile, el 23 con bandas en el atrio de la iglesia y juegos pirotécnicos, el 24 con mañanitas con bandas de viento, peregrinaciones, misa, bandas al medio día y por la tarde y noche baile en la plaza del pueblo. “Veo muy difícil que se pueda realizar como estábamos acostumbrados. Es mucho gasto y no va a haber cooperaciones”, prevé la alcaldesa de Tlayacapan, quien lamenta que se hayan cancelado las fiestas de Semana Santa, que era otra fuente de ingresos. “A pesar de todo seguimos de pie”, dice la alcaldesa, quien apuesta a que el secretario de Turismo federal, Miguel Torruco, visite Tlayacapan y reintegre los siete millones de pesos que como pueblo mágico dejó de recibir. Entrevistada en La Cerería, un edificio del siglo XVII que fue fábrica de velas que abastecía a quienes iban hacia la Ciudad de México, la alcaldesa de Yautepec, maestra normalista, tiene esperanza de que, la fiesta en honor a Santiago Apóstol, el 25 de julio, ya pueda realizarse con normalidad. En la capilla del barrio de los alfareros, suelen realizarse festejos que incluyen danzas prehispánicas. En el mes siguiente, el 15 de agosto, viene la fiesta en honor a San Agustín, patrono de la Comunidad de San Agustín. A ver si para entonces Tlayacapan puede reconsiderar lo que la epidemia del coronavirus convirtió en un contrasentido y recuperar la normalidad de la fiesta y el disfrute que lo caracteriza.  

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