España: Rebelión en "La Milla de Oro"

viernes, 15 de mayo de 2020 · 18:37
MADRID (apro).- De las muchas imágenes de la España en tiempos de pandemia, hay dos que tienen visos de retratar esta época: una son las largas filas de personas sin alternativa económica esperando –con cubreboca y guardando la distancia-- su turno en los bancos de alimentos en barrios o iglesias, para recibir una bolsa de comida gratis. La otra será la manifestación de los vecinos del madrileño barrio de Salamanca, conocida como La Milla de Oro, donde se encuentran las tiendas más exclusivas y las franquicias de moda de alta costura, uno de los barrios más caros donde habita el 1% de los más ricos y que es habitual votante de partidos conservadores de derecha como el Partido Popular (PP) y, en las últimas elecciones, también de Vox, el partido de la extrema derecha. Desde hace días un centenar de vecinos de esta acomodada zona realizan a diario una cacerolada contra el confinamiento impuesto por el estado de alarma, como medida de distanciamiento social para mitigar el contagio del covid-19, y piden la dimisión del gobierno de Pedro Sánchez. El epicentro ha sido la calle Núñez de Balboa, donde el grito más escuchado es el de “¡Libertad!” y “¡España libre!”. Cada tarde, mujeres y hombres con sus banderas españolas a la espalda aporrean sus cacerolas. Uno de esos días destacó un hombre acompasando los golpes al mismo ritmo con su palo de golf, contra una señal de tráfico. Gritos en contra de la “dictadura” de Pedro Sánchez, y en alguno de los videos que circuló en redes también se oían gritos de “queremos ir a misa”. Las protestas contra el “gobierno comunista”, exigiendo una “España libre”, pueden ser válidas, pero rompen con las medidas propuestas por los especialistas para evitar el contagio del coronavirus. Una mujer entrevistada en un video señala: “Considero que es el momento que España cree un movimiento ciudadano para ‘resetear’ el sistema y para que no se conculquen ninguno de los derechos fundamentales constitucionales. Y (contra) ese estado de alarma que está metiendo a los ciudadanos en un confinamiento para quitarles sus libertades y llevar al país a la pobreza, a un país comunista”. Ambas estampas –captadas por fotógrafos y camarógrafos españoles-- logran documentar el contraste que, en sí mismo, es una definición de la realidad española. Son las dos caras de la desigualdad que desde hace años documentan organizaciones como Oxfam Intermón: los ricos más ricos gracias a los privilegios de las ayudas gubernamentales que otorgó el anterior gobierno de Mariano Rajoy, y una clase trabajadora más empobrecida. Otra forma, pues, de “distanciamiento social” que se fue profundizando desde la crisis de 2008. En especial, la imagen de los que menos tienen, buscando una bolsa de comida, es el sector que está fuera de los discursos políticos y las cifras oficiales que argumentan una recuperación. Es la muestra de las costuras que en este país quedaron después de dicha crisis económica. Un caso emblemático es el del madrileño barrio de Aluche, donde los propios vecinos se organizaron con el fin de recabar alimentos para ayudar a otros vecinos que no tienen para comprar una despensa mínima. Estas son las imágenes en las que las políticas editoriales de las principales televisoras –públicas y privadas-- y otros medios destacan como gestos de la “solidaridad” de los vecinos, pero se pasa de puntitas sobre la otra parte, la carencia, el hambre que deja como daño colateral la pandemia. Son los mismos medios que se mostraron indignados cuando The New York Times –en septiembre de 2012-- publicó en portada una fotografía de España donde un hombre hurga comida en un contenedor de basura, y el reportaje con el titular: “España retrocede como sus contenedores de basura para una próxima comida”. Esta portada salió luego de que el rey Juan Carlos I –aún al frente de la jefatura del Estado-- se reunió con la plana mayor del diario neoyorkino, incluido su presidente Arthur Sulzberger, y la directora Jill Abramson, a quienes expuso la situación de la economía y trasladaba un mensaje de confianza de que España saldrá de la crisis, tal como lo difundió la agencia EFE. Era parte de la campaña que hacía el monarca para promover lo que aquí llaman la “Marca España”. Los efectos Es sabido que España es uno de los países que ha sufrido de manera más dura el impacto de la pandemia de coronavirus, con más de 230 mil contagios y más de 27 mil fallecidos desde que se empezó a llevar un registro, a mediados de marzo. Los enfermos recuperados rozan los 145 mil, la única noticia alentadora en medio del drama. La crisis sanitaria obligó al gobierno de Pedro Sánchez a tomar medidas de aislamiento social, con base en las recomendaciones de los especialistas. Es cierto que las acciones tardaron en ponerse en marcha, y eso, con el paso de los días, se vio reflejado en el crecimiento de la estadística de las víctimas del virus. También se tuvo que poner en coma inducido el aparato productivo, “hibernación económica” le llamaron, porque como en muchos países era la única forma que tenían los gobiernos de prevenir que el contagio creciera y que paralizara el ya de por sí castigado sistema nacional de salud. El pasado 2 de abril se informó que la crisis del coronavirus había provocado la destrucción de un millón de puestos de trabajo en apenas dos semanas, tras el establecimiento del estado de alarma, como lo recogió el diario digital El Confidencial. El número de afiliados a la Seguridad Social se redujo en casi 834 mil personas en marzo, el peor dato de la serie histórica desde 1985. La cifras de personas en paro laboral que se registró en las oficinas de empleo aumentó en marzo en casi 354 mil respecto de febrero, que son unos 100 mil nuevos parados más que en los peores momentos de la crisis financiera de 2008. Como en todos los países, en España también existe un debate y mucha presión para que se reanuden las actividades productivas, y el gobierno ha iniciado una “desescalada” de las medidas de restricción de forma asimétrica en las distintas regiones, con base en los criterios sanitarios. El gobierno de Pedro Sánchez anunció un fondo de 200 mil millones de euros para hacer frente a los efectos de la pandemia y ha ido anunciado una serie de medidas, como ayudas a la clase trabajadora más expuesta en esta situación atípica, al empleo y a la empresa, entre otras para reactivar la economía. Se propuso también una serie de pactos políticos para poder salir de este hoyo económico, pero existen resistencias y ataques de la oposición y de algunas fuerzas antes aliadas por la centralización de las decisiones. En este marco es que se ha dado la llamada “rebelión del barrio de Salamanca”, que se extiende a otras zonas pudientes, como Aravaca, Pinar de Chamartín y Argüelles. En el Barrio de Salamanca, por ejemplo, el PP obtuvo en las elecciones de 2019 porcentajes de votos superiores al 60% y la segunda fuerza era Vox por encima del 20%, recordaba Eldiario.es. En esta zona la izquierda no llegaba al 10%. Y la renta media llega en varios puntos a los 89 mil euros, lo que sitúa a sus habitantes en el 1% más rico del país. El delegado de gobierno, José Manuel Franco, escribió un tuit donde aclaraba que la presencia de la policía en esas protestas no es para reprimir, sino para velar por el cumplimiento de la ley. “Una cosa es la protesta legítima y otra el incumplimiento de las normas en pleno estado de alarma”, señaló. Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos, el partido de izquierda y socio de coalición en el gobierno de Pedro Sánchez, publicó un tuit en el que señala que “por muy ridículas que sean las “manifestaciones” de la clase alta, golpeando señales de tráfico con palos de golf y cucharas de plata, la cosa es seria. Una minoría privilegiada no puede saltarse las normas y ponernos en peligro a todos. Las autoridades deben actuar”. En respuesta, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, salió a reivindicar esas protestas, no obstante que crucen la línea de respetar las medidas de contención a la pandemia. La política conservadora del PP, que busca subirse al timón de esta manifestación, ha sido muy criticada por la gestión de la crisis sanitaria en Madrid –la zona más golpeada por el covid-19 en el país-- y por un opaco acuerdo al que llegó con un hotelero para habitar y despachar desde uno de sus lujosos establecimientos, y que no ha sido capaz de clarificar. “Están aprovechando la mayor crisis que ha vivido la historia reciente de España para imponer un mando único dictatorial, y esperen a que la gente salga a la calle, porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”, advirtió. Pero quien hizo un acucioso análisis de lo que ocurre en este pequeño epicentro fue el juez Joaquim Bosch, un acucioso analista de la realidad, en una colaboración en Eldiario.es, titulada “La rebelión de los pijos” (así llamados a lo que en México se conoce como ‘fresas’). “No puede sorprender que gran parte de la sociedad haya percibido algo más que una mera revuelta callejera. No puede sorprender que haya percibido insolidaridad, clasismo, prepotencia, frivolidad irresponsable, carencia de valores comunitarios, soberbia de casta intocable o desprecio por las normas sanitarias”, escribía. Resaltaba que mientras existe este “sentimiento arrogante de quienes se creen por encima de las leyes y del sentido común”, está el “valeroso esfuerzo” del personal sanitario salvando vidas. Aunque esas “algaradas presentan aspectos absurdos, ridículos o surrealistas”, señala, pero advierte que sería una equivocación “si no captamos su profundo significado simbólico: la calle Núñez de Balboa es sólo la avanzadilla y pronto presenciaremos un despliegue infinitamente superior. Está en juego si nuestras élites económicas amarran o no sus privilegios. El conflicto puede ser intenso, porque la experiencia les ha enseñado que la mejor defensa es un buen ataque. Y el áspero debate colectivo que se avecina no será ninguna diversión”.