Elecciones 2021

"Campañas sin propuestas" y candidatos "malos", la sensación que permea en la CDMX

Una jornada electoral “tranquila” en la que electores expresan su escepticismo por partidos y candidatos, según constato Proceso durante un recorrido por la zona oriente de la capital.
domingo, 6 de junio de 2021

Ciudad de México (proceso.com.mx).- A lo largo de este día muy soleado, debajo de carpas, en patios de escuelas y de casas particulares, en parques, plazas y vecindades de la Ciudad de México, la gigante máquina electoral para renovar las 16 alcaldías, así como las diputaciones locales y federales, se echó a andar con tranquilidad, a pesar de la desconfianza de los votantes hacia las y los candidatos.

En conversaciones con electores realizadas durante el día en la zona oriente de la capital --bastión histórico de los partidos de izquierda, ayer PRD y ahora Morena--, Proceso constató que la campaña electoral previa a este día generó una profunda inconformidad, pues impera la sensación que no hubo ninguna propuesta --más allá de elegir un grupo de poder entre gobierno y oposición--, que las promesas son falsas y reflejan el oportunismo de quiénes las ofrecen, y reforzaron el entendimiento de que "todos son malos".

"Las campañas fueron un asco, sin ninguna propuesta", sentencia Óscar al pasar la puerta de la reja que rodea la pequeña plaza ubicada en la colonia Jardín Balbuena, en la Alcaldía Venustiano Carranza, que hoy es sede de la casilla 5378. 

Beatriz --su esposa-- y él acudieron a votar "por deber cívico", pero con cierta indignación respecto de las aberraciones del proceso electoral en esta zona, en la que el partido Fuerza por México postuló al luchador "Tinieblas", quién solo lució por su desconocimiento absoluto de temas sociales básicos.

Óscar resalta que la Venustiano Carranza es dominada por un grupo histórico del PRD local, pero que varios de sus integrantes se pasaron a Morena en fechas recientes; de hecho, en las calles aledañas abundan las cartulinas que llaman a votar por Evelyn Parra, la candidata de Morena a la alcaldía.

El hombre, de unos 40 años, estima que "todos los candidatos son malos, pero me imagino que habrá unos menos malos que otros", y retoma el refrán popular, tan arraigado en la política mexicana: "mejor malo conocido que malo por conocer".

"Pásenle a su casilla de confianza", grita, con tono alegre, uno de los funcionarios de la casilla 2415, en la alcaldía Iztapalapa, uno de los bastiones principales de Morena en la capital, donde la experredista Clara Brugada --ahora abanderada por Morena-- busca quedarse en el poder otro mandato.

Por la mañana esta casilla se instaló, como estaba previsto, detrás de unas canchas ubicadas en medio de una unidad habitacional de la colonia El Retoño. A las pocas horas llegaron unos jóvenes a ocupar la cancha para cascarear; algunos empezaron a agredir a los funcionarios de la casilla, quienes prefirieron reubicarla a un centenar de metros, en la banqueta que rodea una pequeña plaza de concreto, al lado del sitio de taxis "Los Alegres del Volante" y en un lugar generalmente ocupado por un puesto de antojitos.

"Fumaban y tomaban y se empezaron a poner amenazantes, tiraron balonazos a las urnas, así que decidimos pasar la casilla acá, por la seguridad de nuestros funcionarios de casilla", dice a Proceso una servidora pública del INE, minutos después de enviar su informe de incidente a sus superiores.

La mujer lamenta que agentes de una patrulla de la policía que llegó al lugar, simplemente observaron la escena y se fueron.

Ya resuelto el "incidente", las actividades retomaron su curso tranquilo en el nuevo sitio de votación, donde, al igual que en las demás casillas, se implementaron medidas de sanitización --distribución de gel, distancia entre votantes, cubrebocas y una aspersión de Lysol de vez en cuando en los cubículos de plástico -- para evitar los contagios de covid-19, en una ciudad que mañana estrenará el Semáforo Verde Epidemiológico por primera vez desde el inicio de la pandemia.

Bien arreglada debajo de su sombrero de tejido azul, Maura Sánchez acude ante el portón verde de la escuela Agustin Yáñez, en la colonia Nueva Rosita de Iztapalapa, donde está instalada la casilla 2399.

Si bien afirma que las campañas han sido "lo mismo de siempre" y que "estamos ahora sí que jodidos", la señora expresa sin dudar su repudio hacia "los de antes"; prefiere otorgar el "beneficio de la duda" al "actual", es decir, a López Obrador. Preguntada sobre su decisión de acudir a la casilla, reviró: "Para que no hagan uso de nuestros votos".

Pegada a su teléfono, entre dos llamadas para inquirir por qué una camioneta con una calcomanía del PVEM está estacionada fuera de la escuela, una funcionaria del INE comenta con ironía a este semanario que el problema más grave del día ha sido "el aburrimiento"… y añade: "Ojalá y así sea todo el día".

Señala que por la mañana funcionarios del INE tuvieron que serenar a los representantes de los partidos políticos, quiénes se lanzaban reclamos mutuos, pero sostiene que dicha situación ya está resuelta.

De hecho, en un recorrido que realizó Proceso por esta zona de la Ciudad de México, en todas las casillas reinaba un ambiente tranquilo y respetuoso, bajo la vigilancia de representantes de los órganos electorales nacional y capitalino, de militantes y con la presencia --distante-- de algunos policías. Los votantes hicieron fila sin molestias aparentes; depositaron rápidamente sus boletas en las urnas, recibieron la tinta indeleble en sus pulgares y continuaron con su domingo.

Al otro lado de la avenida Francisco del Paso y Troncoso, en el Eje 6 y a la altura de la colonia Ampliación El Triunfo, policías capitalinos fuertemente armados pasan el tiempo en sus celulares; en la avenida están estacionadas una patrulla y una camioneta de la Policía de Investigación, con sus luces prendidas.

Los agentes resguardan el local del distrito, dónde en la noche se contarán los votos. Preguntado sobre el operativo, un agente --quien trae dos rifles colgados el pecho-- dice a Proceso que por el momento no hay riesgos, pero que más noche en este lugar "se definirá todo".

Una decena de persona hace fila por el muro azul que protege una casa particular, en la que están instaladas las urnas de la casilla 1797, en la colonia Carlos Zapata Vela, en Iztacalco, cuyo alcalde, Armando Quintero Martínez (Morena), busca la reelección, y mandó tapizar las calles, postes y edificios con mantas que llevan su imagen.

Juan Manuel Olvera sale del portón blanco, con su credencial de elector en la mano. El hombre, en sus cincuentas, tiene la barba envuelta en un cubrebocas de tela negra, y vino a votar para ejercer su derecho, mas no porque algún candidato lo haya convencido.

En su opinión, la campaña se resumió a una gran "peleadera hechiza", pero sin ninguna propuesta concreta ni persona en que se sienta representado; en este contexto, afirma que siente la obligación de "mediar al poder".

En la colonia Ramos Millán, de la misma alcaldía, la casilla 1712 también se ubica en la cochera de una casa gris. En la fila de espera, Eder Llanos, de 20 años, pega su cuerpo al muro para protegerse del sol.

Llanos vota hoy por tercera vez, y si bien considera que los políticos de la alcaldía no han hecho bien su trabajo, se sigue identificando con el proyecto de Morena --"es muy contradictorio", reconoce--, y estima que el clima de violencia extrema que imperó en la campaña se debe a quiénes "se dieron cuenta que perdieron mucho" con el cambio de gobierno.

Detrás de él, los hermanos José y Martín Guerrero esperan para depositar sus boletas en las urnas, y al parecer aquellas no estarán marcadas con las siglas del partido en el poder o de sus aliados, pues expresan mucha decepción respecto del gobierno federal y a la administración local.

José, taxista, fue un ferviente defensor de López Obrador y de su proyecto político: en 2018 formó parte de un grupo de transportistas movilizados por Francisco De la Cruz, un líder local de Morena y aliado cercano a Quintero. Sin embargo, se desilusionó por la corrupción que observó en el gobierno de la alcaldía y rechaza la política aplicada por la administración de López Obrador, pues considera que sus acciones en materia social son "dádivas" y critica con vehemencia el discurso reciente del presidente en el que profesó su cristianismo.

Mientras disfruta el humo de un cigarro, Martín dice que viene a votar "como todo ciudadano", aunque tiene la convicción que las elecciones "no llevan ningún beneficio para la población, sino son para el beneficio propio de los políticos"; de hecho, sostiene que mucha gente ni sabe con precisión a qué se dedican los diputados, los alcaldes y demás personas que ocupan cargos de elección.

"Aquí hay mucha delincuencia y no se hace nada (…) Hay muchas carencias, hay extorsión en negocios, y amenazan con desaparecer a tu familia si no pagas", lamenta. Añade: "No pido que me den dinero, sino que hagan las cosas".

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