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Oficina de la UNESCO en México respalda retorno a clases presenciales

La UNESCO recomendó “diseñar, construir y rehabilitar los planteles escolares para contar con un hábitat educativo que promueva la educación y el aprendizaje del siglo XXI, que sean inclusivos, seguros y resilientes”.
miércoles, 25 de agosto de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura  (UNESCO) en México respaldó el retorno a clases presenciales y recomendó “afianzar un sistema permanente de protección escolar ante la pandemia por covid-19 y otros desafíos futuros”. 

El organismo de la ONU fijó un posicionamiento en el que reflexiona sobre los efectos de la pandemia en menores de edad registrados en el mundo, las razones para el regreso a las escuelas y las experiencias internacionales al respecto. 
    
“Se prevé que las situaciones de riesgo para las poblaciones se incrementarán en el futuro, a causa del cambio climático, el aumento de la pobreza y los conflictos políticos que puedan suscitarse en la región, y que esto afectará la vida escolar de millones de personas, sobre todo en los contextos con mayores desigualdades económicas y sociales”, alertó la UNESCO.
    
Ante panoramas tan complejos, consideró importante “integrar la Educación en Situaciones de Emergencia al funcionamiento regular del sistema educativo mexicano en todos sus componentes: currículo, materiales, gestión escolar, formación de docentes, políticas, educativa, sistema de información, entre otros”.

Para la oficina de la UNESCO, “México tiene la oportunidad de pasar de la emergencia por covid-19 a una educación más inclusiva, sostenible, regenerativa y transformativa”, por lo que emitió 15 recomendaciones para el regreso a clases, considerando que la contingencia por el covid-19 es sólo una de las probables emergencias que el país podría transitar.

Entre las recomendaciones del organismo destaca el incremento del financiamiento gubernamental a la educación, “y asegurar que se amplíen los recursos actuales en el contexto de los impactos económicos del covid-19”. 

En ese sentido, llamó a considerar como ejemplos internacionales del 4% al 6% del PIB o del 15% al 20% del gasto público, y “tendrían que asignarse al sector de la educación para que puedan atenderse las necesidades de construcción y rehabilitación de infraestructura física y tecnológica, la formación docente, la igualdad de género y la atención a los grupos más vulnerables”.

Asimismo, “fortalecer el enfoque de derechos humanos y privilegiar el derecho a la educación como un derecho socia fundamental y una fuerza habilitante para lograr los demás derechos”, lo que tendría que considerarse en todos los componentes del sistema educativo, incluyendo los contenidos curriculares, los materiales educativos y formas de evaluación existentes”.
    
También sugirió “promover la participación real de niñas, niños adolescentes y jóvenes en las decisiones que en las emergencias los afectan, dentro y fuera de la escuela, tanto en su contexto local como global, en el presente y en el futuro de su vida”, lo que implica empodera a la juventud “de forma reflexiva, fomentar el activismo estudiantil para el cambio social y emplazar acciones de transformación responsable con el entorno, a fin de disminuir las posibilidades de nuevas catástrofes”.
    
La UNESCO alentó a “asegurar la igualdad de género en el sistema educativo”; la inclusión plena de todas las personas, poniendo énfasis en atender a los más vulnerables; contemplar contenidos y enfoques de la educación para el desarrollo sustentable, así como en cultura de paz y ciudadanía global; educar en las capacidades del uso de tecnologías en la información, comunicación, conocimiento y aprendizaje digitales y la construcción de sistemas educativos híbridos.

De igual manera, apuntó que para enfrentar los nuevos retos sería conveniente “diversificar las formas de evaluación y acreditación para que existan múltiples oportunidades de aprendizaje”; monitorear “las afectaciones a la población estudiantil y las dimensiones del sistema educativo que hayan tenido un mayor impacto durante la emergencia y aquellas que puedan ser valiosas en los próximos años”; reconocer el liderazgo de los docentes y “su autonomía profesional para pasar de la crisis a la transformación educativa”. 
    
Ante la emergencia, la UNESCO recomendó “diseñar, construir y rehabilitar los planteles escolares para contar con un hábitat educativo que promueva la educación y el aprendizaje del siglo XXI, que sean inclusivos, seguros y resilientes”; aprovechar “el potencial de las familias, las comunidades y las ciudades en favor de la educación”; vincular la educación con empleo digno para la educación, “de modo que se incentive la economía del país mediante el fortalecimiento de la educación y  la formación técnica y profesional”, y hacer alianzas “entre el sector público, privado y la sociedad civil con el propósito de contribuir a las metas educativas y al desarrollo sostenible”.

 

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