ESPECIAL DE INDEPENDENCIA

La tierra de los Sentimientos de la Nación ahora está asolada por el crimen

Homicidios, desplazamientos, esclavismo y la operación de poderes fácticos son la constante en la tierra que hace 200 años inspiró a José María Morelos.
martes, 14 de septiembre de 2021

Apatzingán, Ario de Rosales, Carácuaro, Nocupétaro, Zitácuaro, Morelia, Indaparapeo, Charo y Zamora fueron territorios clave para la Independencia de México, pero su realidad dista ahora de las glorias pasadas porque los homicidios, el narcotráfico, los desplazamientos y la esclavitud son la constante en la tierra que hace 200 años acogió la causa de José María Morelos.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A más de dos siglos de distancia las rutas del movimiento de Independencia en Michoacán se bifurcan con las de la criminalidad y la violencia que azotan la entidad. Los municipios clave en la gesta independentista ahora son asolados por las bandas delincuenciales, la falta de oportunidades y el miedo.

Homicidios, desplazamientos, esclavismo y la operación de poderes fácticos son la constante en la tierra que hace 200 años inspiró a José María Morelos para escribir en sus Sentimientos de la Nación: “La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en el Legislativo, Ejecutivo y Judiciario…”

Así como en 1810 lo mandató el Cabildo de Valladolid –hoy Morelia– para impedir el acceso de las huestes de Miguel Hidalgo a la ciudad, hoy en día son destruidos los accesos a poblados y localidades buscando su resguardo. Aguililla es el ejemplo más reciente.

Las 18 mil 165 defunciones por homicidio en Michoacán, registradas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía desde 2006 –año en que el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa inició la “guerra contra el narcotráfico”– distan de los honores y el reconocimiento que sí tuvieron los caídos en la gesta por la Independencia.

Tras el Grito de Dolores, el movimiento armado encontró respuesta inmediata en Michoacán, con Manuel de la Torre Lloreda y Gertrudis Bocanegra en Pátzcuaro; José María García Obeso en Morelia; Ignacio López Rayón en Tlalpujahua; Antonio Macías en la Piedad; Marcos Castellanos en Sahuayo; Luciano Farías en Cotija; José Sixto Verduzco en Zamora y José María Morelos y Pavón en Carácuaro.

Hoy son otros nombres y otras las razones que mantienen en armas a grandes franjas del territorio estatal. De Tierra Caliente y Apatzingán a Huetamo, del Oriente a Zamora, también en la Cuenca del Lago de Cuitzeo, en Los Reyes y Pátzcuaro, 14 organizaciones delictivas mantienen operaciones, de acuerdo con lo reportado en marzo último por el secretario de Seguridad Pública del Estado, Israel Patrón Reyes.

Apatzingán, Ario de Rosales, Carácuaro, Nocupétaro, Zitácuaro, Morelia, Indaparapeo, Charo y Zamora fueron municipios clave de Michoacán para la Independencia, pero su realidad ahora dista de las glorias pasadas. Entre 2006 y 2020, 71 mil 103 kilos de cocaína, fentanilo, mariguana, metanfetaminas, heroína y goma de opio fueron asegurados en esas localidades por la Procuraduría y la Fiscalía General de la República.

La operación de laboratorios clandestinos para la producción de drogas ha invadido los caminos que antaño sirvieron de refugio para la causa independentista.

Esclavitud

El 19 de octubre de 1810, tras nombrar a José María Anzorena nuevo intendente de Valladolid, Hidalgo le ordena publicar lo que fue el primer bando de abolición de la esclavitud en México. Se mandató poner en libertad a los esclavos existentes y se prohibió su compraventa “por no exigirlo la humanidad ni dictarlo la misericordia”.

Valladolid fue protagonista en el comercio de esclavos en la región, con vínculos en Tlalpujahua, Taretan, Celaya, Indaparapeo, Uruapan, Valle de Santiago, Cocupao, Taximaroa, Zinapécuaro, Colima, Guanajuato, La Piedad, Tuxpan, Pátzcuaro, Tarímbaro y la Ciudad de México.

El historiador Edgar Zuno Rodiles ha documentado cómo los precios variaban según las características del esclavo, como edad y actividad en la que serían empleados. A inicios del siglo XIX su valor rondaba los 130 pesos en reales, para los mayores, y desde 50 pesos de oro por los niños que no pasaban de cinco años.

Dos siglos después Morelia persiste en la ruta de la esclavitud. Los reportes de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Estatal de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes señalan a la capital michoacana, junto con Zamora, Uruapan y Apatzingán como municipios nodales para la trata de personas en el estado.

Con la toma de Valladolid, Hidalgo no sólo mandató la abolición de la esclavitud, sino también la apertura de las cárceles públicas y la liberación de presos. La esclavitud moderna en Michoacán tiene como común denominador la delincuencia.

El reclutamiento forzado por las organizaciones delictivas ha sido práctica creciente desde el nacimiento de los cárteles como La Familia Michoacana. La actividad se consolidó con Los Caballeros Templarios –escisión de los primeros– y ha persistido con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, Los Viagras y Cárteles Unidos, entre otros.

A diferencia del siglo XIX, actualmente no es necesario el pago para la adquisición de esclavos: a las víctimas se les desaparece para obligarlas a trabajar en la producción de enervantes y en el comercio sexual o son reclutados como sicarios, vigilantes y jornaleros en las huertas de aguacate y limón controladas por los cárteles.

“Existen familias enteras que han vivido situaciones de ese tipo”, dice Mercedes Ruiz Calderón, integrante del colectivo Familiares Caminando por la Justicia. Aclara que los testimonios recabados son de víctimas que han logrado escapar, aunque en la mayoría de los casos, agrega, las personas no se fugan porque saben que las represalias incluyen el asesinato de algún familiar.

“En diferentes puntos en los cuales se han detectado fosas clandestinas nos encontramos que operaron campamentos para la producción de droga. Sabemos que el trabajo forzado es motivo de desapariciones”, dice Ruiz, quien desde 2010 busca a su hijo, quien desapareció en Apatzingán.

El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas consigna 5 mil 339 desaparecidos en Michoacán durante este siglo. Sólo en Morelia hay mil 148 casos.

Control total

Poco antes de celebrarse en Apatzingán el Congreso de Anáhuac para la promulgación del decreto de la Primera Constitución para la Libertad Mexicana, en octubre de 1814, José María Morelos hizo escala en el poblado de Acahuato para rendir homenaje a la Virgen del lugar.

La región era bien conocida por él; primero, al pasar 10 años de su juventud –para reunir recursos y poder estudiar– trabajando en Tahuejo, perteneciente al partido de Apatzingán; después, como cura en Churumuco, Carácuaro y Nocupétaro.

De por qué decidió rendir honores en armas a La Virgen de Acahuato, los textos históricos no dan mayor referencia; quizá fue el simple tránsito de la ruta rumbo a Apatzingán, quizá el refresco momentáneo del clima templado y la vegetación del lugar que contrasta con el resto de la Tierra Caliente, donde el calor hace a su gente “de armas tomar”.

Ahora Acahuato es habitado por el jefe de plaza que manda en Apatzingán, refiere Gregorio López Gerónimo, el Padre Goyo, quien desde 2013 –año en el cual participó con los grupos de autodefensas fundados por Hipólito Mora y José Manuel Mireles– ha mantenido su activismo y hoy atiende a los desplazados de la región por la guerra entre cárteles.

Esos caminos que recorrió Morelos previo a su arribo a la cabecera de Apatzingán ahora son lugares de operación delincuencial: “San Juan de los Plátanos, La Presa, San Antonio y Acahuato son los cuatro puntos cardinales cercanos a la ciudad; ahí es donde los grupos delictivos tienen guarida y mantienen su distancia del Ejército”, explica el Padre Goyo.

Las autodefensas que en 2013 tomaron Acahuato no lograron erradicar la presencia de las organizaciones criminales, como tampoco lo hizo el gobernador Silvano Aureoles Conejo, quien en julio de 2017 prometió erradicar la delincuencia.

Añiles, arroz, cueros, frutas, plátano pasado, queso y sal salían de la Costa y Tierra Caliente para comercializarse dentro y fuera del estado en el siglo XIX. En la actualidad, la agricultura sigue como principal actividad económica en la región, pero es el tráfico y la producción de estupefacientes lo más lucrativo; los cárteles imponen criterios comerciales sobre el resto de las actividades.

El Padre Goyo ejemplifica: “Aquí la delincuencia es la que fija los precios de los productos; si hoy el limón se paga a 20 pesos, mañana ordenan que sea a cuatro y te tienes que aguantar. Las tortillas, en vez de 12 valen 25 pesos, y el litro de gasolina está a 25, cuando en Uruapan vale 17. ¿Y la autoridad dónde está?, el gobierno es corrupto y la delincuencia organizada está en el gobierno”.

Agrega que en 10 años el crimen organizado ha causado 40 mil desplazados en Tierra Caliente. “Actualmente son como unos mil 500 de Aguililla y mil de Coalcomán; tenemos mucha gente desplazada de Tepalcatepec, de La Ruana, Pinzándaro, Catalina, Antúnez, Zicuirán, La Huacana y Parácuaro”.

Buscando huir del peligro, cientos de familias permanecen a la deriva esperando mejor suerte en Apatzingán, lugar en el que en 1814 la primera Constitución para la Libertad Mexicana estableció: “La felicidad del pueblo y cada uno de los ciudadanos consiste en el goce de la igualdad, seguridad y libertad. La íntegra conservación de estos derechos es el objeto de la institución de los gobiernos y el único fin de las asociaciones políticas”.

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