30 años del EZLN

"¡Viva lo común!", la consigna del Subcomandante Moisés a 30 años del EZLN

En plena transformación de la estructura de gobierno implementada por el EZLN en las comunidades donde tiene presencia, y en un contexto de grave inseguridad en Chiapas, Moisés habló solo, bajo la mirada de los demás comandantes sentados a su lado, incluyendo el Capitán Marcos.
lunes, 1 de enero de 2024 · 17:30

DOLORES HIDALGO, Chis. (apro)- Con un tono grave, las palabras del Subcomandante Insurgente Moisés rebotaron como advertencia en la audiencia, presente en el 30 aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN): 

"No estamos buscando hacer un museo para que nos recuerden", soltó el líder indígena, quien asumió la vocería del movimiento después del entonces Subcomandante Galeano --ahora Capitán Marcos--, y agregó: "no necesitamos que nos vengan a dar explicación o clases de cómo está el sistema; tan sencillo y simple es ver cómo está el sistema capitalista".

Recalcó que "no se necesita mucho estudio, se necesita pensar cómo cambiar esto" y, tras insistir en el concepto de lo "común" y en la importancia de que cada quien se organice "en su geografía", aseveró que "hay que hacerlo en los hechos, no en discursos, no en poemas nada más, no en obras de teatro nada más, no solo en documental o cómo se llame".

En un mensaje que parecía dirigido a los actores que los zapatistas identificaron como amenazas en Chiapas, como los grupos criminales, los paramilitares y las fuerzas de seguridad de los "narcogobiernos", declaró: "Nosotros vamos a seguir este camino y nos vamos a defender. No necesitamos matar a los soldados y a los malos gobiernos, pero si nos atacan nos vamos a defender".

En plena transformación de la estructura de gobierno implementada por el EZLN en las comunidades donde tiene presencia, y en un contexto de grave inseguridad en Chiapas, Moisés habló solo, bajo la mirada de los demás comandantes sentados a su lado, incluyendo el Capitán Marcos. Su discurso no fue de celebración, en el mismo tenor que la convocatoria, que planteaba: "invitación al treinta aniversario del inicio de la guerra contra el olvido".

La audiencia se tardó un tiempo en asimilar las palabras del líder. De hecho, cuando Moisés terminó de hablar, no hubo "¡Vivas!" ni consignas de alegría; tan solo una voz que lanzaba: "¡Viva lo común!". Unos fuegos artificiales iluminaron el cielo, tronaron en el silencio, e hicieron transición con el inicio del baile, que marcó el retorno al ambiente festivo que había imperado a lo largo del día en el poblado chiapaneco de Dolores Hidalgo, ubicado a una hora de la cabecera municipal de Ocosingo y recientemente convertido en el VIII Caracol Zapatista. La fiesta, protagonizada por milicianos y bases de apoyo zapatistas --muy jóvenes todos-- siguió hasta las 3 de la mañana.

Desde el sábado 30 de diciembre, cientos de personas de todo el país llegaron al poblado --algunos después de un viaje en caravana de cerca de 48 horas-- para celebrar, durante los dos días siguientes, las tres décadas del alzamiento en armas del EZLN, el 1 de enero de 1994, que provocó un terremoto político en el México de Carlos Salinas de Gortari.

En la entrada de Dolores Hidalgo una valla de mantas pinturas y consignas anticapitalistas o pacifistas, retrataban los hitos fundacionales del movimiento. "Estamos en contra de las guerras que está aciendo (sic) Putin al pueblo de Ucrania. No es vida", decía una. "Nuestros pobres bisabuelos fueron colgados, ahorcados, atados, torturados y asesinados por defender sus derechos", planteaba una estampa sobre la explotación.

Después de pasar debajo de una última manta --"bienvenidos, bienvenidas, compañeras y compañeros al 30 aniversario en tu caracol preferido", decía--, los visitantes eran recibidos por un grupo de jóvenes milicianos, el rostro cubierto con pasamontaña negro, gorra verde y paliacate rojo hacía guardia, sentados en una escuadra de motos todoterreno.

En la explanada del pueblo, atrapado entre cerros color verde intenso --en algunos de los cuales se vislumbraban las lonas de los campamentos de milicianos--, los organizadores habían acomodado el llano central, domado por el templete, para transformarlo en el escenario principal de la celebración y, en los ratos libres, en un espacio de siesta o en una cancha improvisada donde niños y adultos, "compas" y "visitantes" jugaron retas de futbol.

En la fachada de la estructura de madera del templete, ofrendas de flores flanqueaban fotografías de militantes del EZLN asesinados, como la comandanta Ramona, César Yáñez Muñoz, alias "Hermano Pedro", o Enrique González García, quien "calló (sic) combatiendo el 1 de enero de 1994, fue el primer cavo (sic) de primer pelotón en el ejido Patihuitz; entregó su vida por el pueblo y para el pueblo del mundo", según el obituario. "Su ejemplo hoy lo tenemos vigente", agregaba.

A lo largo de la tarde, protegiéndose de un sol picoso, miles de integrantes de bases de apoyo de comunidades indígenas, mezclados con simpatizantes oriundos de varias ciudades del país y del extranjero --desde Japón hasta Italia, según un cartón colgado por los zapatistas jóvenes que vendían paletas de hielo--, vieron obras de teatro protagonizadas por niños y adultos, que explicaron las nuevas formas de gobierno en los territorios zapatistas y exploraron el concepto de "común", basado en el trabajo colectivo y la "no propiedad" de la tierra, que impulsa el liderazgo zapatista.

Hace unas semanas, el EZLN explicó su idea de lo común: lo resumió como un "acuerdo entre los pobladores de una región", consistente en "no cultivar drogas, no vender la tierra, no permitir la entrada de ninguna empresa o industria", y en el que "el producto del trabajo de esas tierras es de quienes la laboren en el tiempo acordado". "No hay impuestos, ni pago de diezmos. Cada instalación que se construya queda para el siguiente grupo. Se llevan sólo el producto de su trabajo", abundó.

A la par, las obras de teatro que se presentaron en Dolores Hidalgo criticaron el clientelismo partidista, los programas sociales o el Tren Maya y el Tren Transístmico, los megaproyectos estrella del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En noviembre pasado, el EZLN anunció que, después de un "largo análisis crítico y autocrítico" y ante la pésima condición de inseguridad en Chiapas, se decidió la desaparición de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y suspendió sus Juntas de Buen Gobierno, los dos pilares del sistema de toma de decisión zapatista; a la par, informó que sus caracoles permanecerían cerrados para los foráneos.

La organización indicó que, en adelante, sus integrantes se regirían bajo Gobiernos Autónomos Locales (GAL), a su vez sujetos a "agentes autónomos", ya sea "asamblea del pueblo, ranchería, comunidad, paraje, barrio, ejido, colonia, o como se autonombre cada población". Así, el EZLN achicó su estructura, y cambió su lógica para crear pequeñas células zapatistas autónomas en cualquier lugar.

En los alrededores del escenario central, los zapatistas habilitaron toda una logística para el festival, con tiendas --surtidas de refrescos y galletas, pero también de fichas para conectarse a Internet--, cocinas, regaderas, espacios para acampar y una farmacia, así como una red de conectores y extensiones para recargar los aparatos electrónicos.

Frente al templete, cientos de asistentes escuchaban, platicaban, se conocían o se reencontraban. Entre ellos deambulaban simpatizantes destacados del zapatismo, como el escritor Juan Villoro, el periodista Diego Enrique Osorno o los actores Daniel Jiménez Cacho u Ofelia Medina, así como universitarios y militantes de la primera hora, como Sergio Rodríguez Lazcano.

Durante los eventos político-culturales, que se extendieron hasta la noche, zapatistas de todas edades se turnaron en el templete para lanzar consignas del movimiento, así como poemas y corridos con letra modificada para darle un toque revolucionario.

"Alto a la guerra, que muera la muerte. Vivan las niñas y niños de todo el mundo. Viva la paz. Viva la vida", clamaron niñas. "En comunidad somos todo, sin comunidad no somos nada", planteó un coro de jóvenes. "Unidos, nunca vencidos. Unidas, nunca vencidas", lanzó.

Desde una tribuna, María de Jesús Patricio Martínez, mejor conocida por su apodo Marichuy --nombre con el que fue candidata independiente a las elecciones presidenciales de 2018--, ve con esperanza al relevo generacional en las filas del EZLN: "es llenarse uno de energía, pues ellos lo están logrando, vemos tantos jóvenes y niños cada vez que venimos", dice.

En entrevista con Proceso, dice que vino como parte de una delegación de un centenar de integrantes del Congreso Nacional Indígena (CNI) --una organización vinculada al EZLN--, y recuerda que se acercó a los zapatistas en 1995; aprendió con ellos "que muchas veces se nos dice que no pero no es cierto: se pueden ir rompiendo barreras desde lo que somos y dejar de lado a los partidos", y a partir de ese momento caminaron "juntos".

Preguntada sobre la situación que atraviesan los pueblos indígenas en el país, la excandidata presidencial sostiene que el despojo continúa, e incluso se ha "intensificado" en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pues se ha mantenido una lógica de "confrontación" para lanzar los megaproyectos, respaldada por "la Guardia Nacional y los militares", con grupos criminales al acecho.

"Hay comunidades que dicen que antes nosotros vivíamos en lo parejito, nos corrieron a los cerros, y ahora nos quieren quitar nuestros cerros para mandarnos a la ciudad donde seamos unos consumistas y y que nuestras tierras se las dejemos", lamenta.

En el caracol, la asistencia estuvo en sus ocupaciones hasta que, a las 10:30 de la noche, instalaron las sillas de las comandancias en el templete; por delante, colocaron otra fila de sillas blancas, vacías, pintadas en homenaje a "niños asesinados", "desaparecidas" o "presas politicas". Al mismo tiempo, milicianos y milicianas se alinearon en silencio frente a la ofrenda.

Todavía sin ruido, los líderes del EZLN tomaron asiento. Escasos aplausos tronaron unos segundos y se apagaron. Después de un largo rato, una voz pidió a la audiencia que se orrillara. Decenas de milicianas salieron de los lados, y cientos más de por atrás, formados en largas columnas inmobiles.

De pronto, las primeras notas de una cumbis de Los Ángeles Azules rompieron el silencio. Al ritmo de la letra, el primer bloque de milicianas avanzó hacia el centro, con paso marcial. Luego sonaron las notas de acordeón de "Cumbia sobre el Río", de Celso Piña, y el muro de milicianos del fondo caminó en bloque, marcando su marcha con el golpeteo de sus palos, hasta detenerse.

Tras otro momento de silencio solemne, las bocinas escupieron La Carencia, de Panteón Rococó. El bloque de milicianas explotó y sus integrantes empezaron a brincar unas hacia otras, en un slam alegre. Se volvieron a agrupar y, al ritmo de "Cómo te voy a olvidar", de Los Ángeles Azules, el cuadro de milicianas y la ola de milicianos avanzó hacia el templete, palos arriba abajo. 

Los milicianos formaron vallas humanas alrededor de la plaza, en medio de la cual se instalaron los miles de asistentes del evento. Ahí levantaron los ojos, hasta las sillas vacías, lanzando la mirada hasta los líderes zapatistas 

Moisés inició su discurso en tzeltal. Los asistentes que no hablan el idioma maya solo captaron algunas palabras en castellano, como "madres buscadoras y padres buscadores", "asesinadas, asesinados" o "desaparecidas y desaparecidos". Muy en eco con los comunicados recientes del EZLN, los cuales insistían en que, a 30 años de su levantamiento, el zapatismo se encuentra atrapado en medio de la violencia de la "narcopolítica".

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