Arzobispado tapatío arremete contra promotores de bodas gay

jueves, 14 de enero de 2010

GUADALAJARA, Jal., 14 de enero (apro).- El Arzobispado tapatío se sumó a la campaña que busca echar atrás las reformas que avalaron diputados de la Ciudad de México sobre las bodas gay y la posibilidad de que adopten niños, al tachar a sus principales promotores, los legisladores perredistas, de “intolerantes”.
En el editorial de la edición del Semanario Arquidiocesano que empezará a circular este fin de semana, se destaca que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) quiere desviar la atención sobre el asunto de la homosexualidad, “al presentar a la Iglesia como enemiga de quienes sienten este atractivo. Repetimos que merecen respeto, y el conflicto no son, en sustancia, sus gustos, sino la actitud reiteradamente negativa de estos legisladores” y de algunos de sus dirigentes.
Agrega que al no aceptar las discrepancias, los legisladores perredistas reflejan “su incapacidad para tejer propuestas positivas. Cualquier actividad pública de la Iglesia les molesta, como si los que pertenecen a ésta no tuvieran derecho, también, a externar su punto de vista.
“Se quejan de que los católicos quieren imponer sus criterios morales como leyes de vida, y la verdad es que los congresistas del PRD y del PT, sin empacho alguno, sí han elevado sus gustos a rango legal. La responsabilidad con la naturaleza debería ser mayor a cualquier criterio subjetivo”, advierte.
“Parece que las leyes que se han preocupado de aprobar están marcadas con el signo del conflicto, aunque con el membrete falaz de tolerancia y protección a los derechos humanos. Dicen defenderla, pero son los más intolerantes. No conocemos alguna ley que hayan promovido que tienda a favorecer el bien común”, acusa el Semanario.
Más adelante refiere que las propuestas de estas fuerzas políticas carecen de sentido común, son perjudiciales y sin respeto a las instituciones, “despreciando cualquier orden moral”.
El editorial resalta que “no acaban de digerir su fracaso en las elecciones de 2006. Le achacan su derrota a la intervención de la Iglesia y creen que este es un modo de venganza”, cuando ellos mismos labraron su debacle.
En seguida lamenta que no se tenga una verdadera izquierda que ponga en la mesa de la discusión, con argumentos sólidos, con ideología y doctrinas claras que miren al bien de todos como contrapeso, por ejemplo, al capitalismo y al liberalismo deshumanizante, “pero no, se han aliado a propuestas despersonalizadoras” y se regodean en el conflicto y la confrontación.
El arzobispado tapatío asegura que la izquierda mexicana siempre se asume como víctima, “rayando en cierto delirio de persecución. Aducen laicidad del Estado contra la opinión de algún miembro de la Iglesia y sus mejores argumentos son las descalificaciones, no las razones, por lo que acusan por igual a los eclesiásticos de oscurantistas o pedófilos”.

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