Ofrece Mancera convertir al DF en el estado 32 y blindar al centro del país

miércoles, 5 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- El nuevo jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, se comprometió a impulsar la reforma política para convertir a la Ciudad de México en el estado número 32 y convocó a crear el programa de seguridad “Escudo Centro” para “blindar” al centro del país. En su primer discurso como gobernante de la ciudad, luego de rendir protesta en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), Mancera propuso un programa de seguridad para blindar el centro del país, en línea con la estrategia de combate y prevención del delito de Enrique Peña Nieto. El nuevo jefe de Gobierno presentó una larga lista de promesas, la mayor parte de ellas orientadas a dar continuidad a los programas emprendidos por su predecesor, Marcelo Ebrard, de quien fue colaborador en los últimos 10 años. Cuarto mandatario electo respaldado por el PRD y las fuerzas de izquierda, Mancera hizo un reconocimiento a sus antecesores y arrancó de la audiencia –conformada por las más variadas expresiones políticas– un prolongado aplauso para Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, primer jefe de Gobierno por elección popular en la Ciudad de México, y fundador del Partido de la Revolución Democrática. Más tarde, Cárdenas Solórzano fue nombrado por Mancera como coordinador de Relaciones Internacionales del Gobierno del Distrito Federal, en un evento político encabezado por el mandatario capitalino en el Auditorio Nacional. En el gobierno anterior, ese puesto era desempeñado por Francesa Ramos Morga, la primera esposa de Marcelo Ebrard, con quien procreó tres hijos, dos mujeres y un varón. Ataviado con un traje gris Oxford, ajustado a su talla, y una corbata en tonos grises, que contrastaba con la amarilla de Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno saliente, y de Manuel Granados, presidente de la Mesa Directiva de la ALDF, Mancera afirmó que impulsará y generará consensos para la reforma política del Distrito Federal, que se quedó como una tarea pendiente en las anteriores gestiones. La reforma, dijo, es necesaria para “alcanzar la plenitud de los derechos de los habitantes, un nuevo equilibrio constitucional entre la federación y la capital”. Con la presencia del secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, en representación del presidente Enrique Peña Nieto, y al menos 12 gobernadores, en funciones y electos, Mancera convocó a crear un programa de seguridad, “Escudo Centro”. Éste tiene como objetivo la homologación legislativa y operativa, según explicó: “Con este programa podremos contar con todos y cada uno de los instrumentos jurídicos y operativos en nuestros respectivos territorios para estar en condiciones de contribuir de manera eficiente a la estrategia de combate y prevención del delito convocada por el gobierno federal”. Entre la lista de compromisos que ofreció Mancera Espinosa destacan la instalación de siete mil cámaras de vigilancia, sobre todo en unidades habitacionales, así como que el material fílmico tenga valor probatorio; la creación de la tarjeta “Ciudad con Ángel”; impulsar el programa Ciudad Digital, a través del cual se extienda el servicio de Internet en los lugares públicos; proveer de computadoras a todos los estudiantes de secundaria en los próximos tres años. También ofreció construir el Centro de Justicia para Mujeres en Azcapotzalco y una segunda clínica de detección y atención de VIH-sida, entre otras promesas de inicio de gobierno. Antes de que Mancera rindiera protesta y ofreciera su primer discurso, legisladores de los distintos partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa, fijaron sus respectivos posicionamientos en ausencia del nuevo jefe de Gobierno. De manera general, los legisladores legitimaron el nuevo gobierno, que triunfó con más de 3 millones de votos en las elecciones del 1 de julio pasado. La voz del diputado priista Tonatiuh González Casé fue la única que medianamente sonó discordante, al reclamar a la  bancada del PRD su doble discurso, toda vez que en la ceremonia de cambio de poder el sábado 1 de diciembre, el senador Miguel Barbosa se inconformó por el formato utilizado por el Congreso de la Unión para la toma de protesta de Enrique Peña Nieto como presidente de la República, y en la Asamblea, los perredistas “emularon” el protocolo, por el que el mandatario estuvo ausente. El reconocimiento a Mancera por parte de los diputados de la Asamblea fue tal, que Federico Döring, del PAN, dio una tregua que alcanzó al jefe de Gobierno saliente, Marcelo Ebrard, cuyo gobierno, dijo no revisaría: “No miraremos por el retrovisor”, apuntó el diputado. En un tono más que conciliador con un gobierno surgido de la izquierda, Döring sugirió a Mancera copiar el Pacto por México de Peña Nieto y crear un Pacto por la Ciudad. El legislador, quien en 2004 mostraría a los medios un video en el que el líder perredista René Bejarano recibía dinero del empresario de origen argentino Carlos Ahumada, recordó a Mancera que puede tomar una determinación similar a la de Peña con el aval de las urnas, pues él obtuvo más de 3 millones de votos como candidato a la jefatura de Gobierno; tuvo un millón 400 más que el PRD en la ciudad y 600 mil votos más que todos los partidos de izquierda. A la tersa ceremonia asistieron los gobernadores del Estado de México, Eruviel Ávila; de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo;  Campeche, Fernando Ortega Barnés; Puebla, Rafael Moreno Valle;  Chihuahua, César Duarte Jáquez ; Durango, Jorge Herrera Calera; Sinaloa, Manuel López Valdez; Morelos, Graco Ramírez; Querétaro, José Calzada Rovirosa; Guerrero, Ángel Aguirre Rivero; Tlaxcala, Mariano González Zarur; Hidalgo, Francisco Olvera Ruiz, así como los gobernadores electos de Tabasco, Chiapas y Jalisco, Arturo Núñez; Manuel Velasco Coello, y Arquímedes Sandoval, respectivamente. También estuvieron los legisladores federales priistas Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón; los perredistas Silvano Auroles y Miguel Barbosa; los panistas Ernesto Cordero y Roberto Gil Zuarth. Entre los dirigentes partidistas destacó la presencia de Gustavo Madero. Al término de la toma de protesta, Mancera acudió al Antiguo Palacio del Ayuntamiento a presentar a los integrantes de su gabinete, conformado después de duras negociaciones con los jefes de corrientes del PRD en la víspera. Mancera conservó a dos secretarios de gabinete del gobierno de Ebrard, el general de Gobierno, Héctor Serrano Cortés, y de Salud, Armando Ahued Ortega. Como representantes de las corrientes más fuertes del PRD, Izquierda Democrática Nacional (IDN) de René Bejarano, y Nueva Izquierda (NI) de Jesús Ortega, el jefe de Gobierno nombró a Hegel Cortés Miranda como secretario de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, del primer grupo, y al exsenador Carlos Navarrete Ruiz, en la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo, del segundo. En la secretaría de Desarrollo Económico nombró a Salomón Chertorivski; en Medio Ambiente, Tanya Müller García; Desarrollo Urbano y Vivienda, Simón Neuman Ladenzon; Obras y Servicios, Luis Alberto Rábago Martínez; Desarrollo Social, Rosa Icela Rodríguez Velázquez; Finanzas, Edgar Amador Zamora. En Transporte y Vialidad, Mancera nombró a Rufino León Tovar; en Turismo a Miguel Torruco Marqués; en Cultura, a Lucía García Noriega; en Protección Civil, a Fausto Lugo García; Educación, Mara Robles Villaseñor; en la Oficialía Mayor, a Edgar Armando González Rojas; en la Contraloría, a Hiram Almeida Estrada, y en Consejería Jurídica, a José Ramón Amieva Gálvez. Anunció que pondrá a consideración de Peña Nieto los nombramientos del secretario de Seguridad Pública y del procurador general de Justicia, a Jesús Rodríguez Almeida y Rodolfo Fernando Ríos Garza. Después de los nombramientos, Mancera se dirigió al Auditorio Nacional, abarrotado de colonos y adultos mayores, y fue en ese escenario donde anunció la integración de Cuauhtémoc Cárdenas a su gabinete, como coordinador de Relaciones Internacionales; y anunció la creación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología, que estará a cargo del investigador de la UNAM, René Drucker Colín. En el Auditorio, Miguel Mancera dio un discurso emotivo y prometió, como lo hizo en campaña, encabezar un gobierno honesto y transparente y que nunca faltaría a sus principios.    

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