No eran 'cuestión de percepción' secuestros y asesinatos en el Ajusco; implementan operativo

miércoles, 17 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Tuvieron que registrarse tres hechos de violencia en cadena –el secuestro de ocho ciclistas, el hallazgo del cadáver de una estudiante de la UNAM secuestrada y la ejecución de un abogado exmilitar–, para que los gobiernos federal y local se pusieran de acuerdo y echaran a andar el “Operativo Ajusco”. Aunque la semana pasada el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, adelantó que se reforzaría la vigilancia en esa zona al sur de la Ciudad de México con ayuda de la Policía Federal, fue hasta hoy cuando hizo el anuncio oficial en una fugaz ceremonia. El funcionario llegó en helicóptero hasta el kilómetro 14.5 de la carretera Picacho Ajusco, punto conocido como la “Y”, que divide el camino hacia Chalco y Santo Tomás Ajusco. Sobre un terreno de pastizal, bajó de la aeronave y subió a su camioneta blindada para recorrer algunos metros y llegar hasta el sitio donde ya estaba montado un pequeño templete, mientras policías federales y locales, y militares lo esperaban, armados e inmóviles. El mandatario local abrió plaza arropado por el comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, así como por representantes del gobierno federal: Ejército, Marina, Policía Federal, Procuraduría General de la República, Centro de Investigación en Seguridad Nacional (Cisen), Instituto Nacional de Migración y Secretaría de Gobernación. También estaban representantes de la Procuraduría General de Justicia y de la Secretaría de Seguridad Pública locales. Frente a las cámaras de prensa y televisión, Mancera y sus acompañantes escucharon una breve explicación de las tres bases de operación mixta que funcionarán a partir de este miércoles: La “Y” en el kilómetro 14.5, más adelante en el 30, conocido como “La Cantimplora” y en el 35, ya en los límites con el Estado de México. Luego subieron por escasos minutos a “conocer” el centro de mando instalado en una caja de tráiler con los escudos de las corporaciones participantes. Los anuncios El pasado 30 de octubre ocho ciclistas –entre ellos la triatleta Fabiola Corona y su entrenador Carlos Probert– fueron secuestrados mientras realizaban un entrenamiento en la zona del Ajusco. La madrugada del día siguiente, tras la intervención directa de la Policía Federal y el pago del rescate, los deportistas fueron liberados. El domingo 7 de diciembre, policías de la PGJDF encontraron en la zona boscosa de la localidad el cuerpo de Anayeli Bautista Tecpa, destacada estudiante de la UNAM, que fue secuestrada días antes. Más: el 11 de diciembre fue hallado el cuerpo decapitado y con el brazo izquierdo cercenado de Álvaro Ezequiel Sánchez Miro, abogado exmilitar. El hombre fue ejecutado en su casa, ubicada en el kilómetro 16.7 de la carretera, en el pueblo de Santo Tomás Ajusco, delegación Tlalpan. Reportes periodísticos informaron que el hombre fue víctima de asalto en dos ocasiones y que había denunciado los actos de extorsión, secuestro y robo en la zona. Ante esos hechos, el subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas de la PGJDF, Óscar Montes de Oca, declaró que la inseguridad en la zona era “cuestión de percepción”. Pero esa “percepción” hoy reunió a autoridades nacionales y locales en el Ajusco. El comisionado de Seguridad Nacional, Monte Alejandro Rubido, formalizó la puesta en marcha del operativo conjunto del gobierno federal y del DF “para dotar a la zona de mayores niveles de seguridad”. Tal acción, dijo, sumará las capacidades de las distintas dependencias “respetando a cabalidad los ámbitos de competencia”. Explicó que las fuerzas federales patrullarán en la carretera, los senderos y las brechas en áreas recreativas. Y aclaró que “los elementos federales no realizarán acciones directas con los pobladores”. Miguel Ángel Mancera reconoció que el Operativo Escudo “no estaría completo” sin la ayuda de la Policía Federal y del Ejército. Por eso, anunció la participación de 324 elementos de las distintas corporaciones, 15 camionetas –dos blindadas–, 30 patrullas, dos unidades móviles todo terreno, 12 motos, 12 caballos y dos camionetas van sprinter. “No vamos a permitir que haya ningún espacio de impunidad ni de inseguridad”, dijo y aprovechó para pedir el apoyo federal en la instalación de un cuarto punto de control en el límite de las delegaciones Tláhuac y Xochimilco con el municipio de Chalco, Estado de México. El desfile     Durante su discurso, Miguel Ángel Mancera destacó que la cámara de video del sistema Ciudad Segura instalada en la base de control de la “Y”, grabó el momento en que pasó el grupo de ciclistas secuestrado a finales de octubre. Aseguró que esas imágenes ayudaron a su rescate. En ese anuncio estaba cuando la atención de algunos se desvió por la llegada de 11 policías a caballo que no tenían un espacio fijo designado en todo el montaje del operativo. Rubido y Mancera fueron los únicos oradores. En el acto no hubo vecinos ni comuneros invitados, ningún representante de los habitantes y comerciantes de la zona que también han padecido la delincuencia a través de extorsiones, secuestros, cobros por “derecho de piso” y asaltos. Al terminar los discursos vino el desfile. Con una bandera de cuadros blancos y negros, Mancera posó para la foto y dio salida a patrullas de la Policía Federal y del DF, unidades del Ejército –incluidos soldados con la misma pose que cuando desfilan en el Zócalo el Día de la Independencia—, camionetas despintadas del INM, motocicletas y vehículos “todo terreno” de la SSP-DF que emitían exceso de humo contaminante y vehículos sin logotipos oficiales, pero con vidrios blindados. Las unidades recorrieron unos metros y viraron. Pasaron al menos dos veces frente a las autoridades, como en un carrusel de feria, mientras en el cielo sobrevolaban dos helicópteros “Cóndor” de la policía local y uno más de la federal. Al terminar el desfile, Mancera y Rubido subieron a la camioneta en la que llegó el primero y se fueron escoltados por una motopatrulla y otro vehículo. Ninguno pudo ver la larga fila de automóviles, particulares, de carga y de transporte público que se concentraron por el cierre de la carretera mientras duraba el acto oficial y que pasaron lentamente cuando éste terminó. Tampoco observaron cómo desde el Periférico Sur y sobre toda la carretera Picacho Ajusco, en ambos sentidos, hubo policías de Tránsito que agilizaban la vialidad y sorprendían hasta a los propios taxistas: “¿Y ahora, qué habrá pasado? Aquí nunca hay policías”.

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