Coronavirus

Un aliento de vida para Dora y Gerardo... en 0.5 mililitros

Dora Flores y Gerardo Tapia, de más de 80 años, son dos de los 400 adultos mayores que han sido vacunados contra el covid-19 en su casa por brigadas del gobierno capitalino
jueves, 18 de febrero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dora Flores y Gerardo Tapia, de más de 80 años, tienen algo en común: sus problemas de movilidad y otras enfermedades no les permiten salir a la calle, y por eso esta mañana recibieron en sus domicilios a una brigada de salud del gobierno capitalino para que les aplicaran la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca contra el covid-19.

La pasividad en sus hogares, ubicados en la colonia El Tanque, alcaldía Magdalena Contreras, se vio interrumpida con la llegada de dos médicos, una enfermera y varios policías, quienes les llevaron un aliento de vida en 0.5 mililitros de líquido contenido en una jeringa.

Ambos ya forman parte de los 400 adultos mayores de 60 años de esa alcaldía, así como de Cuajimalpa y Milpa Alta que recibieron la primera de dos dosis en su casa y los 69 en los asilos donde viven. En total, mil 067 personas están postradas en cama, según registros del mismo gobierno capitalino.

De 82 años, Dora Flores sufrió fractura de cadera y ha sido operada dos veces. Además, tiene Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y asma. El centro de vacunación que le correspondería por su dirección está a unos 500 metros de su casa, pero para llegar hay que subir varios metros de escalones “muy empinados”, cuenta su hijo Israel Valdés. Y agrega: “Que vengan a la casa es una ayuda de 100% para la familia”.

Aunque Dora fue inscrita en la plataforma de vacunación del gobierno federal, días antes le llamaron por teléfono de la clínica de la Secretaría de Salud que le corresponde y le preguntaron si quería que le fueran a poner la vacuna a su casa. Sin duda, aceptó.

“No me da nervio. Llevo un año de estar encerrada, no me deja salir mi hijo para nada. Y si esto me va a ayudar a que no me enferme, que me la pongan”, dijo minutos antes de descubrir su brazo y recibir el piquete.

Logística y detalles

Brenda Calderón, licenciada en Enfermería y trabajadora de la Secretaría de Salud (Sedesa) de la Ciudad de México que acude a la brigada para aplicar la inyección, cuenta a Proceso que, a diferencia de los puntos de vacunación en escuelas y clínicas, en la inoculación en casa enfrentan el problema de acoplarse a los espacios que las personas les permiten: sillas, mesas, bancos o cualquier mueble donde puedan colocar la caja refrigerante de la vacuna donde llevan todos los aditamentos para aplicarla.

“Yo atiendo normalmente a las personas en sus casas, son pacientes muy vulnerables, pero todos tienen derecho a la vacuna”, recalca.

Unos 15 minutos después de aplicada la vacuna, Óscar Suárez, uno de los dos médicos que acompaña a la brigada, tomó la temperatura, signos vitales, frecuencia respiratoria y cardiaca y revisó los pulmones a Dora, a quien dijo: “Todo está normal. Posiblemente le duela un poco el brazo o puede que le dé un poco de fiebre, pero es una reacción normal. Si siente algo más grave, nos llama”.

Antes de que la brigada se despidiera, Roberto Valdés, esposo de Dora, preguntó por el comprobante de vacunación de ella, pues a él le dieron el suyo en el centro de vacunación al que acudió días antes.

José Antonio Jiménez, director de la Jurisdicción Sanitaria de La Magdalena Contreras, le explicó que no llevaban ningún documento en ese momento, pero se lo harían llegar a la brevedad.

En entrevista, explica que en la clínica que le corresponde a la señora llevan un “censo nominal” de niños y adultos mayores, que contiene sus datos y la fecha de vacunación, yese registro es suficiente para que no haya confusión para cuando le toque recibir la segunda dosis.

“Sí, soy feliz”

A sus 80 años, Gerardo Tapia apenas puede sostenerse unos segundos de pie, pues sus rodillas ya no le responden, y para moverse de su cama a la sala necesita apoyo de otras personas. Por eso era prácticamente imposible que bajara los escalones de su casa para salir, cruzar la calle y entrar a la escuela que está enfrente y que en días pasados funcionó como punto de vacunación.

Debido a sus problemas de audición, su hija Josefina contestó las tres llamadas que desde finales de enero le hicieron del centro de salud de la Sedesa para preguntarle si su papá quería vacunarse contra el covid-19 y si deseaban que le llevaran la dosis a su casa. “Nosotros dudábamos de que iban a venir. Hasta pensaba pedir ayuda a unos vecinos para cargar a mi papá y llevarlo, porque pensé que ya no alcanzaría”, cuenta.

Asegura que sus padres no creían en la existencia de este nuevo coronavirus, pero ella los convenció de vacunarse al ser enfermera de un hospital privado donde ha visto cientos de casos positivos al virus. Y es que, además de la edad, sus padres son hipertensos, y él, diabético y asmático.

Tras recibir la vacuna y un poco sorprendido por la presencia de doctores y reporteros, don Gerardo responde a las preguntas que su hija le repite cerca del oído:

-Papá, ¿qué cómo te sientes de que te acaban de vacunar?

-Bien. ¡Sí, soy feliz!

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