PAN, PRI, PRD, la hora de los partidos

viernes, 30 de noviembre de 2001
México, DF - Si de por sí la política sufre un desprestigio ciudadano, en un país que no ha conocido la democracia, los partidos políticos no disfrutan de mejor reputación y ahora, cuando los tres principales inician sus respectivos procesos electivos internos, tienen la responsabilidad de honrarse y honrar a la sociedad Aunque haya quienes consideramos que ya no es posible analizar los fenómenos políticos mediante las categorías del viejo régimen, es todavía frecuente hablar de "destape", "dedazo", "cargada" u otras definiciones que correspondían a las prácticas del PRI, pero que han permeado a todos los partidos Cierto, no podía ser de otra manera al cabo de siete décadas de predominio de un partido sometido al presidente en turno, pero esto ya es inadmisible en las organizaciones políticas ajenas al PRI, que deberían procurar desterrar esos términos que, al usarlos, sólo asumen que tienen parecido al régimen que criticaron En las inminentes contiendas al interior de cada uno de los principales partidos, PAN PRI y PRD, es preciso que se inaugure una nueva etapa que, obviamente, tiene que ir va más allá de los términos, pero que --insisto-- el uso de ellos define su carga democrática El régimen de partidos políticos en México había estado debilitado durante décadas, pese a que a partir de la reforma política de 1977 se le procuró dar un impulso, que, sin embargo, tenía como propósito mantener la hegemonía priista ante un grupo de partidos todavía emergentes, aun el PAN La evolución política del país, que tiene en 1988 su punto de quiebre, ha conducido ni más ni menos que a la alternancia en la Presidencia de la República y, por tanto, al país le urge que el sistema de partidos se robustezca y que se arraigue en ellos la institucionalización interna, de la que han estado desprovistos hasta ahora Que haya partidos fuertes mediante la elección de dirigentes y candidatos con procedimientos democráticos implica que tendrán la fuerza suficiente para procesar acuerdos con sus similares, cuyo propósito no debe ser otro que el mejoramiento social Los tres principales partidos del país ?PRI, PAN y PRD-- están inmersos en un proceso de renovación de sus dirigencias y lo que hagan o dejen de hacer tendrá, sin duda, repercusiones en la vida del país, que tan necesitado está de que esos instrumentos ciudadanos ?son entidades de interés público-- cumplan efectivamente con su responsabilidad El anuncio, ayer, del senador Carlos Medina Plascencia de disputar a Luis Felipe Bravo Mena la presidencia del CEN del PAN marca el inicio de un proceso electivo cuya reflexión será muy rica en términos de resolver uno de los problemas que más preocupan a los panistas, pero también a los ciudadanos Lo peor que le podía haber pasado al PAN era que Bravo Mena se reeligiera en automático, en el Consejo Nacional previsto para marzo Y no porque el presidente de ese partido sea un personaje nefasto, sino porque la competencia implica confrontación de ideas que robustecerán al propio partido En el PRI, igual Si Roberto Madrazo, personaje siniestro, fuera el único que se proyectara para despachar como presidente de ese partido, lo que significaría un anticipo de su lanzamiento a la candidatura presidencial, ningún beneficio traería a los priistas Por eso resulta alentador que la diputada Beatriz Paredes haya decidido participar en la contienda interna, si bien no ha hecho pública su decisión, no su "destape", conste Experimentada, reflexiva, aunque con ribetes autoritarios, la tlaxcalteca significará un valladar para Madrazo, un político que ha seducido a los priistas hambrientos de victorias Más allá de su Asamblea Nacional, cuyo diseño capitalizó Madrazo, la contienda será realmente la prueba para que el PRI acredite si efectivamente está comprometido con la democracia o se trata sólo de la disputa por los recursos que posee y las jugosas prerrogativas que implica el emblema Como el PRI, el PRD se juega también en su proceso interno no sólo su fortalecimiento, sino su propia viabilidad Aunque ganó el gobierno de Michoacán y el 2 de julio del 2000 el del Distrito Federal, lo cual conjuró en esos momentos su desmembramiento, el reto fundamental es concluir, cohesionado, su proceso interno Nadie, ni los propios ciudadanos, querrían que se repitiera el espectáculo de marzo de 1999, cuando se anularon las elecciones debido a prácticas fraudulentas y que, en un segundo proceso, ganó Amalia García, cuyo desempeño fue más bien pobre Lo deseable sería que los tres principales partidos de México concluyeran fortalecidos sus respectivos procesos internos Eso sería lo conveniente para los militantes, pero también para el país 29/11/01

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