Justicia pendiente en Los Piloncillos, Guerrero

lunes, 29 de julio de 2002
En abril de 1973, los militares ejecutaron extrajudicialmente a seis campesinos Proceso 1248 reportó el caso; los afectados rindieron testimonio a la fiscalía especial Acapulco, Gro (apro)- Después de 28 años de impunidad, habitantes de Los Piloncillos, comunidad serrana de Atoyac, fueron tomados en cuenta luego de abrirse una investigación formal contra miembros del Ejército Mexicano que el 24 de abril de 1973 ejecutaron extrajudicialmente a seis campesinos, señalados como colaboradores de Lucio Cabañas Barrientos Recientemente, la representante de la oficina alterna de la Fiscalía Especial para Movimientos Políticos y Sociales del Pasado, Georgina Landa Bonilla, recabó denuncias de los familiares de los ejecutados, así como de testigos de los hechos, testimonios que fueron ratificados ante el fiscal Ignacio Carrillo Prieto el próximo domingo 28 de julio Cuatro fueron las declaraciones que agentes del Ministerio Público adscritos a la fiscalía especial tomaron en Los Piloncillos, y esperan que durante la inspección de Carrillo Prieto al lugar se presente por lo menos otro tanto, en cumplimiento a los exhortos que las autoridades judiciales enviaron a deudos que tienen su residencia en Chilpancingo y Cuernavaca, así como a otros que radican en la comunidad de El Paraíso, perteneciente también a Atoyac Así, la fiscalía recabó los testimonios de Tranquilina Alvarez Sánchez, María Romero, Herminia Reyes Gutiérrez y Urbano Calderón Santana, deudos y campesinos que estuvieron presentes la mañana en que fueron ejecutados Crescencio Reyes, de 60 años; Toribio Peralta, de 19; Margarito Valdez, de 60; Santos Alvarez; de 20, Eleazar Alvarez, de 16, y Saturnino Sánchez, de 70, acusados sin pruebas de abastecer de alimentos a Lucio Cabañas y a sus milicianos El primero de octubre del 2000, en su número 1248, Proceso relató el fusilamiento de cinco de estas personas y el asesinato de Saturnino Sánchez en su casa, hechos que fueron atribuidos a militares, de acuerdo con los testimonios de Francisca Sánchez Romero, hija de Saturnino, y Cutberto Calderón Santana, quien formó parte de la comisión de habitantes de Los Piloncillos que acudió al gobernador Israel Nogueda Otero y al entonces secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, para exigir justicia Al semanario, los dos testigos aseguraron que el tiempo no ha borrado de su memoria el olor de la sangre y las imágenes dantescas de las detenciones ejecutadas por los militares, que llevaron al paredón, que está en el centro de Los Piloncillos, a cinco de los seis masacrados A estas alturas, don Cutberto, de 63 años, y doña Francisca, de 45, no alcanzan a entender por qué su pequeña comunidad cafetalera de escasas 15 casas, en extrema pobreza desde entonces, fue el objetivo de tal matanza y de escarmiento para el resto de los pueblos de la sierra Lo único que supieron más tarde es que las seis muertes evitaron que todo el pueblo fuera quemado, como eran los planes originales de los militares si a su llegada no encontraban hombres El 24 de abril de 1973, a las ocho y media de la mañana, doña Francisca se percató que un grupo de hombres, vestidos de blanco y con un pañuelo rojo y armados, atravesaron corriendo Los Piloncillos Al mismo tiempo vio cómo al menos 400 soldados con cuatro tanques de guerra rodeaban el pueblo Al instante observó cómo sacaban a hombres, mujeres y niños de sus casas y los llevaban al centro del pueblo A cinco hombres de diferentes edades, Chencho Reyes, Toribio Peralta, Margarito Valdez, Santos Alvarez y Eleazar Alvarez, los soldados los obligaron a colocarse "con el rostro hacia el paredón grande, cubriéndose los ojos, y por detrás les tiraron Nomás les dijeron que dónde estaba el bastimento de Lucio Cabañas" De su padre, ejecutado en su casa, Francisca recuerda que a los militares les mostró documentos que acreditaban que acudía a México para la rehabilitación de su pierna, pero no fue escuchado y, acorralado en su propia casa, trató de esquivar las balas "De mi papá quedaron pedazos de carne pegados en la pared; sus tripas, en el piso A los demás los desbarataron de la cara y el cuerpo Cuando terminó la balacera, las señoras recogieron quijadas, brazos y piernas y los enterraron en petates, sábanas y costal Mi papá sí tenía una gaveta que le mandó hacer una tía antes que esto pasara Cuando los enterraron, pusieron a tres en una tumba, a dos en una y a mi papá aparte", dice Francisca Hasta la fecha, Cutberto Calderón agradece a su costumbre de salir a trabajar al campo antes que el sol salga, el que no haya sido víctima de los excesos militares Fue en un momento de descanso, cuando su mujer le llevó de comer al campo, cuando escuchó las detonaciones en Los Piloncillos Una vez que calcularon que los militares habían despejado el área, regresaron al pueblo para ayudar Lo que más le impacta a Cutberto hasta ahora es la imagen de la desolación, que no ha podido borrar: Me tocó ver cómo unas señoras recogían los cuerpos y otras espantaban a los perros que se acercaban para comerse los restos"

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