El silencio, el gran ausente en esta marcha

lunes, 25 de abril de 2005
México, D F, 24 de abril (apro)- Los perredistas no daban crédito Las expectativas de “movilizar” a 400 mil simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador en la “marcha del silencio” quedaron rebasadas por mucho Desde que despuntó el alba se pudo observar la interminable peregrinación de los fieles seguidores del desaforado jefe de Gobierno del Distrito Federal Para las 8:00, la Plaza de la Constitución comenzó a ser testigo del arribo de miles y miles de simpatizantes Por la calzada de Tlalpan, una larga hilera de microbuses contratados por perredistas de Xochimilco, Tulyehualco y Tláhuac, daba la impresión de ser un enorme gusano de colores verde, blanco y rojo Al oriente de la capital, cientos de autobuses foráneos de transporte público rodeaban la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixiuhca, en espera de los seguidores de López Obrador que llegaron de Tabasco, Puebla y Tlaxcala Era el preludio de lo que más tarde se convertiría en la movilización más grande en la historia de México En las líneas 1 y 2 del Metro, cientos de personas que portaban los moños tricolores en señal del rechazo al desafuero del tabasqueño, transbordaban ansiosos y alegres hacia el destino marcado por López Obrador: el Museo Nacional de Antropología A las 8:45, en la confluencia de Paseo de la Reforma y avenida Bucareli, ya se observaba a cientos de personas caminar rumbo a Chapultepec En las glorietas de Cuauhtémoc, Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora, la aglomeración era mayor Los microbuses circulaban a vuelta de rueda por una lateral hasta la Torre Mayor Más adelante ya era imposible continuar, la multitud lo impedía Destacaban las mantas y pancartas con leyendas de apoyo al tabasqueño y de repudio al presidente Fox; al PRI y al PAN, mientras los vendedores ambulantes trataban de hacer su “agosto” en marzo: camisetas contra el desafuero, en colores amarillo, verde y beige, a 40 pesos; tazas, 45; sombreros, banderines y llaveros, 10 pesos Poco después de las 9:00, un grupo de “amigos de la tierra”, vestidos de blanco, en cuatro filas, marchaban ya hacia el Zócalo con copas de copal e incienso, encendidas para “purificar” el ambiente y alejar las “malas vibras” Frente a Tláloc, guardián del Museo de Antropología, un grupo de señoras no se cansaba de gritar “Obrador, Obrador”, mientras otro contingente se desgañitaba gritando “López Obrador, presidente” Pocos minutos antes de las diez de la mañana, llegó Cuauhtémoc Cárdenas Saludó a unos cuantos invitados especiales y comenzó la marcha Ni una consigna se escuchaba El silencio se convirtió en risas y murmullos, interrumpidos por los gritos de los ambulantes y el tronar de las hélices de los helicópteros de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y de la AFI, así como de diferentes medios de comunicación Sin embargo, al líder moral del perredismo ya no se le vio arribar a la plancha del Zócalo Las cuatro vías del Paseo de la Reforma lucían pletóricas de gente Señores de la tercera edad desperdigados, tratando de cubrirse de los rayos solares con sombrillas y gorras; el grupo de “bioética”, de Polanco, integrado por “señoras bien”; “clasemedieros” risueños; y acarreados de diferentes estados del país, dieron cuenta del poder de convocatoria de López Obrador Entre la multitud destacaban un “caballo de Troya”, elaborado con huacales de madera; un toro elaborado por habitantes de Tultepec, Estado de México; varias decenas de cajas mortuorias y un convoy con varios personajes de cartón enrejados: Fox, Carlos Salinas, Macedo de la Concha, Diego Fernández de Cevallos, Marta Sahagún, el magistrado Mariano Azuela, entre otros Las calles aledañas al Zócalo: 5 de Mayo, Madero, 16 de Septiembre, Venustiano Carranza, 20 de Noviembre y Pino Suárez estaban repletas La Plaza de la Constitución llena Los edificios que circundan el Zócalo lucían mantas con leyendas de apoyo a López Obrador: “Trabajadores nucleares, presentes”, “Tepito, apoya a AMLO”, “Trabajadores en pequeño: no al desafuero”… Cuando apareció en las pantallas gigantes la imagen de López Obrador del brazo de uno de sus hijos y acompañado sólo por la candidata del PRD al gobierno del Estado de México, Yeidckol Polenvsky, surgió un aplauso espontáneo y miles de globos amarillos (a 10 pesos cada uno) fueron soltados hacia el cielo, en señal de bienvenida al “señor López, ese populista”, como insiste en llamarlo la Presidencia de la República y la PGR El silencio se rompió y se convirtió en una interminable letanía de apoyo a López Obrador Se encendió el ánimo y, cuando Martí Batres, el líder del PRD en la capital del país, anunció a Porfirio Muñoz Ledo como primer orador, tronaron las rechiflas, abucheos y gritos de “¡fuera!, ¡fuera!” Nadie escuchó las palabras del excolaborador del foxismo, exembajador de la Unión Europea y exlíder nacional del perredismo Querían oír a López Obrador y, cuando fue anunciado, se hizo el silencio

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