"Ya no disparen, los campesinos no traen armas"

miércoles, 20 de junio de 2007
Jalapa, "Ver , 19 de junio (apro)- "Temí por mi vida y la de mis compañeros", revela Javier Islas Cruz, después que fue liberado por quienes lo torturaron, golpearon y amenazaron de muerte, es decir, la policía estatal Para el activista fueron cuatro días de total incertidumbre, lapso en que permaneció en cautiverio en diversas cárceles del norte de la entidad Islas Cruz, integrante de la Red Unidos por los Derechos Humanos, con sede en Poza Rica, participó como observador en el conflicto derivado de la toma de tierras efectuada el 10 de junio por indígenas de Tzocohuite y Lomas del Dorado, municipio de Ixhuatlán de Madero El defensor de derechos humanos, en una carta, expone su testimonio después del violento desalojo perpetrado por la fuerza pública en Lomas del Dorado, en un predio que se adjudica la familia Faisal Domínguez La tarde del jueves 14 de junio "entró la policía" al predio, recuerda el ombudsman civil, justo en el momento que una comisión de los "Dorados de Villa" dialogaba con el enviado del gobierno estatal, Roberto Álvarez Salgado, quien les demandó desocuparan las tierras para poder entablar negociaciones "Cuando el funcionario se retiró del lugar, entró una camioneta blanca polarizada a toda velocidad, dirigiéndose a Gabino Flores y a los compañeros que estuvieron en el dialogo y, detrás de ella, entraron patrullas con policías a bordo disparando contra nosotros", detalló La gente empezó a correr, recuerda, pero por la agresividad con que entró la policía "sabía que no iba a llegar muy lejos; temí que me hirieran, por lo que levanté los brazos y giré de frente hacia ellos cuando me dieron alcance, pero siguieron disparando" Los agentes le ordenaron tirarse al suelo bocabajo y le preguntaron sus datos, "luego me subieron a una patrulla, me quitaron todas mis pertenencias, como cartera, cinturón, zapatos y dinero", para luego llevárselo con rumbo desconocido "Los disparos se escuchaban por todas partes, y yo les decía que ya no lo hicieran, porque ninguno de los campesinos estaba armado", sin embargo, narra, los gendarmes se limitaban a preguntarle quién era, de dónde venía, cuántos campesinos eran y quién era el líder que los encabezaba En el camino, recuerda, encontraron una camioneta gris y su carro "Me volvieron a preguntar que de quiénes eran esos carros, y les dije que el Vocho era mío y, como ya tenían las llaves, lo abrieron; me dijeron que lo pasarían asegurado a sus autoridades" Ahí, detalla, llegó un oficial con insignias en los hombros "Me dijo ?a qué dependencia de derechos humanos pertenecía?, y le contesté que a la Red Unidos por los Derechos Humanos, y que el registro lo habíamos realizado en Papantla", pero eso tampoco me libró de los golpes En el momento del desalojo recuerda haber percibido la presencia de más de cien policías, un sinnúmero de patrullas y un autobús con granaderos, caballos y diez perros, "quienes empezaron a golpear a los campesinos con las fundas de sus machetes, les bajaron los pantalones y los pusieron bocaabajo" Al darse cuenta "que yo estaba observando estas arbitrariedades, me pidieron que me quitara del lugar y luego me indicaron subir a mi carro con tres policías y, junto con las patrullas, nos trasladaron a Benito Juárez y nos metieron a una especie de cuartel de piedra" En ese lugar le quitaron el vehículo y obligaron a los detenidos a ponerse de rodillas alrededor de una cubeta de agua "Éramos once, entre ellos dos menores y cuatro viejitos, el más grande tenía 76 años Nos pidieron que nos laváramos la cara y las manos en la cubeta de agua" Después, los seleccionaron al azar "Se lo llevaron a un cuarto desde donde se escuchaba cómo lo golpeaban y los lamentos de nuestros compañeros, a quienes les hacían las mismas preguntas" Todo este tiempo los mantuvieron con los ojos cerrados y luego, cuando ya había oscurecido, "nos volvieron a subir a las patrullas, por parejas, esposados y algunos sin camisa, para emprender el camino rumbo a Tuxpan; pensaba que nos tirarían por ahí, pero no sucedió así, pues siento que viajamos como seis horas "Cuando nos bajaron en un reclusorio, nos instalaron en un cuarto grande y por donde quiera había policías entrando y saliendo; ahí nos pusieron frente a la pared y nos dijeron que no volteáramos, luego llegó un médico que nos tomó el pulso y preguntó si teníamos alguna molestia" Pese a que el campesino de 70 años se quejaba de dolores en la espalda ?había sido uno de los más golpeados--, "los policías decían que era por la cruda de la borrachera" Después los aislaron y a Javier Islas se lo llevaron a un cuarto, "donde me volvieron a preguntar qué de dónde venía y cuál era mi propósito en ese lugar" El montaje Repitió el nombre de la organización a la que pertenece y explicó que sólo estaba como observador de derechos humanos, "pero me empezaron a golpear en el estómago, exigiéndome dijera la verdad, que si yo era el verdadero líder, etcétera", por lo que el interrogatorio y tortura duraron unos 20 minutos En una mesa, señaló, pusieron los machetes, pilas, cargadores de radio, camisas negras, sombreros, pantalones y uniformes militares, una bandera del EZLN y mantas de ?La otra campaña?, "eso lo vi en la madrugada, pero a la mañana siguiente ya había cuatro armas que, según ellos, nos habían encontrado a nosotros" Dentro de los detenidos, reveló, "nunca vi a Gabino, ni en el traslado ni el reclusorio, pero lo que si noté es que estaba su mochila, la cual traía durante el diálogo con los funcionarios de gobierno, al igual que un radio que portaba para comunicarse con los compas que estaban a las puertas (del rancho)" Durante la mañana del 15 de junio, menciona, "nos mantuvieron hincados todo el tiempo frente a una pared, preguntándonos lo mismo y golpeándonos por la espalda Esto era constante y en los interrogatorios los campesinos decían que ellos habían sido invitados para recuperar unas tierras, y otros que eran originarios de Lomas del Dorado" Por enésima ocasión lo volvieron a interrogar "Me preguntaban si ese era mi verdadero nombre, ya que habían encontrado una credencial de elector en un uniforme militar que habían detectado en mi carro, con el nombre de Humberto, y que ahí estaba mi foto, y que por lo tanto era yo el que los adiestraba Fotos de ?encapuchados? Después le mostraron "una foto de una persona encapuchada y me decían que era yo Le dije que ellos me habían visto tomar fotos y que los representantes del gobierno que estuvieron en el diálogo me vieron y me identificaron "No me creyeron y argumentaron que yo no me llamaba Javier Islas, sino que mi finalidad era adiestrar a los campesinos y darles ropa verde militar "No se hagan pendejos", gritó uno de los policías cuando los campesinos negaron conocer a Javier Islas, "que por mi culpa ellos estaban ahí y que únicamente los estaba engañando", pero los otros detenidos repitieron la misma respuesta, "no lo conocemos" Luego rindió su declaración sin la presencia de un abogado, "sólo había una secretaria que redactaba lo que ellos le decían" Por ejemplo, "declaré que la policía entró disparando a los compañeros, y un policía indicaba a la mecanógrafa escribiera que, ?al momento del desalojo se disparó al aire, y sólo escuchó dos o tres disparos?" El 17 de junio las cosas empezaron a cambiar, pues no sólo los dejaron de golpear, "sino que nos llevaron de comer", les permitieron ir al baño y un médico hasta los revisó tres veces, "pero noté que lo que ellos querían es que los compañeros me acusaron de que yo les había dado uniformes militares y que era el líder de la organización" Por la tarde de ese día, explicó, "llegó un policía y me dijo, ?ya vienen por ti?, y por la noche nos levantaron y llevaron a un reclusorio donde nos empezaron a meter a uno por uno "Ahí estuve como hora y media hasta que sonó el teléfono y alguien gritó que preguntaban por Javier Islas, escuché que alguien le dijo, ?dile que ya está libre desde hace una hora?" Así, una hora después lo sacaron del reclusorio "Pensé que me estaban esperando Juan y Chela, pero no fue así, sino una camioneta negra, me vendaron los ojos, me subieron a la batea y me quitaron la camisa Hacía demasiado frío y pusieron el radio a todo volumen" "Te va a ir peor con los militares" En el trayecto, precisa, "sólo escuche pláticas y risas" Después de una hora "me bajaron y me sentaron en una silla, para empezar otra vez a interrogarme", bajo la amenaza de que lo iban a entregar a los militares, "donde te va a ir peor" No pudo identificar a nadie, pues todo el tiempo estuvo con los ojos vendados, sin camisa y las manos amarradas Nuevamente los subieron a la batea de la patrulla y empezó la marcha por un largo camino de terracería "No dejaron que me parara, ellos me bajaron cargando de la camioneta y, como a 20 metros, me dijeron que no me moviera, pues ya tenían ubicada a mi familia y, si comentaba algo de esto, iban a matar primero a mis hermanos, a mis padres y luego a mí" Pasaron unos quince minutos cuando escuchó que encendían el motor de la camioneta para alejarse haciendo disparos "Me tumbé el suelo, así estuve un tiempo, me quite la venda y ya no había nadie Estaba en el monte, empecé a caminar y caminar, hacía mucho frío, hasta que llegué a una carretera donde vi un letrero que decía Teziutlán", este municipio se encuentra ya en Puebla Entonces Javier Islas pidió ayuda a unos traileros "Les pedí me prestaran una tarjeta o dinero, uno de ellos me dio 50 pesos y una playera; le marqué a mi amigo Juan Carlos y le pedí viniera por mí y hablara a mi familia, que ya estaba libre, y él me dijo que ya me andaban buscando Ahora estoy en un lugar seguro"

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