Damnificados del Edomex, ausentes en informe de Peña Nieto

lunes, 5 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- La estampa de progreso, de modernidad, de obras fastuosas y de compromisos cumplidos se le cayó estrepitosamente al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, en su sexto y último informe de gobierno. Y es que las dramáticas escenas que se han visto en los últimos días, con casas inundadas y cientos de familias con el agua al cuello literalmente le quitaron el cascarón a ese espejismo de entidad creado por el aspirante presidencial. Mientras más de mil 800 familias permanecían atrapadas por aguas negras, lodo, y toneladas de basura luego del desbordamiento del río Cuautiltán, Peña Nieto presumía en Toluca los avances de su gobierno en materia de obras y servicios. De las inundaciones no dijo; guardó silencio, como si no pasara nada. En la fiesta del gobernador saliente esta vez hubo un detalle que llamó la atención a más de uno de los afortunados invitados. No hubo señal de internet ni de celulares durante la hora con diez minutos, justo el tiempo que duró el mensaje de Peña Nieto. Frente a un auditorio heterogéneo, donde priistas –nóveles y de viejo cuño, compartieron espacios con panistas, perredistas, líderes sindicales y religiosos, Peña Nieto presumió que durante su gobierno se realizaron 143 obras en conectores, subcolectores y emisores para evitar inundaciones. Sin embargo, ni una mención tuvo para sus gobernados, los más pobres, los que año con año tienen que sufrir inundaciones por la falta de infraestructura hidráulica. Y es que al menos 300 colonias de Cuautitlán, Ecatepec y Neahualcóyotl se encuentran anegadas por las aguas negras de los ríos Cuautitlán, Hondo y Los Remedios que se desbordaron el pasado fin de semana. Hasta ahora, más de mil 800 familias han resultado afectadas y tres han muerto. Contraria a la actitud zalamera de los invitados que aplaudían por todo, como en los tiempos del priismo hegemónico, el aburrimiento en la familia de Peña Nieto fue evidente: los hijos que procreó con Mónica Pretelini, su difunda esposa, y los de la actriz Angélica Rivera, no pudieron ocultar su fastidio. Las niñas buscaban sacudirse el tedio, tocándose la cara, jalándose el cabello, dándose golpecitos en las piernas, mientras que los niños, de plano, con la mano cubriéndose la boca, bostezaban abiertamente. Sólo La Gaviota, con una actitud de suficiencia, escuchaba atenta el mensaje. La familia regresó de su aletargamiento sólo cuando Peña Nieto se dirigió a ellos y les dio las gracias por su apoyo. Los aplausos los despertaron. A la ceremonia asistió el secretario de Comunicaciones, Dionisio Pérez Jácome, como representante del presidente Felipe Calderón. Desde muy temprano, alrededor de las 8:00 de la mañana, comenzó el arribo de los helicópteros que trasladaban a empresarios, gobernantes y políticos al helipuerto del Palacio de Gobierno de Toluca, invitados a escuchar el llamado de Peña Nieto a “regresar la tranquilidad a los mexicanos a través de un Estado eficaz”. Paralelamente, en San José Puente Grande, en Cuatutilán, la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) y la Dirección de Protección Civil permanecían paralizadas por la magnitud del evento, al grado de que tuvieron que admitir que se les salió de control. Habitantes de los fraccionamientos Los Olivos I, II y III, así como de La Victoria, molestos, exigían la presencia de Peña Nieto. Imposible, porque en esos momentos, el gobernador presumía sus obras para evitar las inundaciones. Después de que el secretario general de Gobierno, Luis Miranda, entregara al Congreso del estado el informe por escrito de Peña Nieto, acudió al teatro Morelos, donde priistas de viejo cuño, como Emilio Chuayffet, Humberto Roque Villanueva, Ramón Aguirre y Heladio Ramírez López, departían felices con nóveles priistas como Ivonne Ortega, la gobernador de Yucatán, y César Duarte, de Chihuahua; o con el neoperredista Angel Herladio Aguirre, gobernador de Guerrero; o con el panista Diego Fernández de Cevallos; o con la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo; o con cualquiera, la “clase política” abarrotó el recinto, como en los buenos tiempos.

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